Joven, en crisis y en paro: Consejos para “ayudarse a sí mismo” desde Turín

Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2009
Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2009

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

En época de crisis, los jóvenes, aquellos que esperaban un futuro dorado, encuentran más y más dificultades frente a un panorama laboral que decepciona. Tras meses en paro, de prácticas en prácticas o de beca en beca, algunos deciden cambiar de ‘precariedad’ para convertirse en empresarios. La industriosa ciudad de Turín nos da algunos ejemplos

Empecemos con un ejemplo: joven, estudios superiores, con idiomas y varios años de experiencia laboral en el currículum… En principio, ha hecho todo lo que se le pedía para tener un ‘buen trabajo’. Y sin embargo, no. En la Unión Europea, hay 5 millones de jóvenes en paro, o lo que es lo mismo, más del 18% de la población menor de 25 años. Pero las penas, con trabajo, no son siempre menos. La precariedad afecta especialmente a esta franja de edad. Con este panorama, es fácil caer en el pesimismo, echarle la culpa a la crisis, al mercado de valores… Pero, ¿alguien ha pensado qué se puede hacer para remediarlo?

Muchos han decidido lanzarse en el mundo de la empresa, crear el trabajo que esperaban desde hace tiempo, lo que no siempre es una aventura en solitario. Marco Manero dirige una organización dependiente de la provincia de Turín, la región del Piamonte, la UE y el ministerio italiano de Trabajo, que acompaña los primeros pasos de los futuros empresarios: el MIP (siglas de Mettersi In Proprio, que significa 'crear su propio empleo'). Lo novedoso de este programa es la mezcla del consejo profesional con el seguimiento de empresarios ya establecidos, que ‘apadrinan’ a los recién llegados. La crisis ha afectado a su actividad: en el último año, el número de desempleados que han acudido a sus oficinas ha doblado. También el número de jóvenes se ha multiplicado por dos. “La edad media ha bajado. Muchos jóvenes tienen trabajos temporales, que son los primeros que han desaparecido”, dice.

Solo un 10% de las ideas se convierten en empresas

Flickr / YManero baja los humos a todos aquellos que quieran convertirse en empresarios de la noche a la mañana: “Solo el 10% de las ideas que nos presentan han acabado convirtiéndose en empresas. Crear algo solo porque se ha perdido el trabajo no es siempre un buen sistema, aunque a veces funciona. También hay mucha gente que tiene una idea de negocio pero que no se había lanzado porque no tenía el coraje de dejar su trabajo”.

Para aquellos que estén pensando crear una empresa sin arriesgar nada, a base de ayudas públicas, MIP no les será de gran ayuda. “Insistimos en que se necesita un capital personal y no solo contar con el apoyo del banco. Mucha gente dice: ‘tú eres una autoridad pública, tienes que ayudarme’. Esto no es correcto”. Su pensamiento se basa en cierta lógica de mercado: “Si una empresa recibe mucha ayuda al principio es más fácil que no sobreviva. El riesgo es importante y te lleva a invertir tu propio trabajo y tus recursos económicos. ¿Por qué debería un banco o un inversor poner su dinero en tu proyecto si tú no lo has hecho?”

De todas formas, advierte que la vida del empresario puede ser complicada: “El sistema del Estado social se ha pensado para los trabajadores fijos o temporales, pero no para los empresarios”. No es fácil, pero los jóvenes tienen además algunas dificultades suplementarias, como hacerse con la confianza de los inversores y bancos. En su favor, Manero destaca la creatividad de las nuevas generaciones y la capacidad de “mezclar mundos distintos”.

Nuevas ideas de Turín a Lima

Un joven estadounidense de 20 años recorre su país para denunciar su situación laboral / Steve RhodesPara conocer un ejemplo concreto de las empresas que han pasado por MIP hablamos con Marzio Allocco que, junto con su socio, Luis Guillén Calizaya, decidió crear en 2006 la empresa de diseño gráfico Involucra, a la edad de 26 y 29 años. La empresa nació con vocación internacional, con sede en Turín y Lima, a las que se han sumado Nueva York y Londres. Su ‘secreto’ es aplicar la deslocalización de la producción al diseño gráfico, un buen ejemplo de la “mezcla de mundos” de la que hablaba Manero. “En Turín nos encargamos de la venta y la programación. La producción se hace desde Lima, donde se puede tener buena calidad y precios muy competitivos”, nos cuenta Marzio en un español bastante correcto.

Cuando le pregunto por lo que le gusta de ser empresario, la sonrisa que lleva desde que me recibió se intensifica. “Trabajar para uno mismo es satisfactorio, te cambia la vida en positivo”. ¿Algún consejo para los futuros emprendedores? “No solo se trata de la calidad de la idea, sino también de cuánto estás dispuesto a trabajar, de si estás dispuesto a renunciar a muchas cosas de tu vida y poner toda tu energía en la compañía, al menos durante dos años”.

La rana que da consejos

Pero, ¿los jóvenes de hoy en día están dispuestos a esto? ¿En qué se diferencian de los que fueron jóvenes hace tiempo? “La nueva generación está viviendo una situación nueva en la Historia. Nuestros padres y abuelo estaban acostumbrados a mejorar su vida. Los jóvenes de ahora viven un periodo de pasividad y no están acostumbrados a hacer sacrificios”. El que habla es Cristiano Ghibaudo, licenciado en ciencias de la Educación y especializado en la formación para jóvenes.

http://www.ilmetodolara.com/No tiene mucho tiempo y su agenda está llena. La causa de esta frenética actividad es un libro que escribió hace un par de años, pero que se ha puesto de actualidad gracias a la crisis y que saldrá publicado en español en la primavera de 2010. En Le rane che si credevano pesci (‘Las ranas que se creían peces’, Sperling & Kupfer, 2008), Ghibaudo explica su método de Lara la Rana, que pretende ayudar a los jóvenes a que mejoren su vida laboral. “El principal problema de los jóvenes es un problema de confianza. Solo confían en su futuro cuando tienen un contrato fijo. Ese es el error, porque no debemos tener confianza en el contrato sino en nuestras propias capacidades”.

La combinación de “crisis más falta de esfuerzo” pone las cosas más complicadas, aunque para Cristiano aún hay esperanza: “Es necesario revisar nuestros parámetros. Es posible ser empresario, pero no hay que buscar hacerse rico sino mejorar nuestras condiciones de vida y nuestra condición social. No hay trabajos mejores que otros, solo hay que conocer los objetivos de calidad de vida de cada cual”. “Los jóvenes deben aprender a no confiar demasiado en las ayudas públicas. Tienen que aprender a cambiar su punto de vista, no esperar que alguien les ayude sino ayudarse a sí mismos”.

Gracias al equipo de Turín, y en especial a Eleonora Palermo, por su ayuda, sin los que la realización de este artículo no hubiera sido posible.

Fotos: Flickr / HARVEY PHOTO; Flickr / Steve Rhodes; Y / Flickr; Cristiano Ghibaudo