Juanes y el futuro del Parlamento Europeo

Artículo publicado el 28 de Abril de 2006
Artículo publicado el 28 de Abril de 2006

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El pasado día 19, el cantante colombiano Juanes cantó y tocó la guitarra ante unos europarlamentarios bailongos y menos solemnes de lo habitual.

Frente a ellos, y detrás de la estrella latinoamericana, un plafón azul subrayaba que el concierto, celebrado durante una jornada dedicada a la lucha comunitaria contra las minas antipersonales, se producía en el parlamento de los europeos.

Con una cierta dosis de ingenuidad, podríamos pensar que, dada la importancia de la institución que albergaba el acto, la aparición televisiva del binomio Juanes-asamblea europea debió ser beneficioso, sobre todo, para la imagen del artista. Sin embargo, la realidad deja claro que, si alguien buscó el evento entre otras razones por necesidad de promoción, no fue el famoso colombiano, sino la UE.

Más que dinosaurios políticos

"Tenemos que buscar nuevos caminos políticos para acercar nuestro proyecto a los ciudadanos y la verdad es que la presencia de Juanes nos da un impulso nuevo, una visión renovada sobre nuestra relación con la gente joven", defendía uno de los organizadores del concierto, el europarlamentario español José Ignacio Salafranca, que también comentaba entusiasmado “cómo bailaba la gente en las cabinas de interpretación”.

Lo cierto es que, al menos, las imágenes del acto sirvieron para apreciar un hecho sorprendente. Contra la creencia de que a Bruselas sólo van a parar dinosaurios políticos con el futuro hipotecado en su país, el hemiciclo contaba con una buena proporción de jóvenes contoneándose, unos más desinhibidos que otros, desde sus escaños azules.

Con o sin Constitución, urgen reformas

Tanto los políticos europeos jóvenes como los más experimentados saben que el paso tal vez más crucial para acercar la UE a sus ciudadanos es fortalecer el Parlamento. En este sentido, no es malo que la institución trate de hacer su actividad más visible utilizando fórmulas originales como la invitación de artistas u otros personajes conocidos que, en cierto modo, puedan contagiarle la fama.

De todas formas, lo que es de verdad urgente es facilitar que la voz del ciudadano se escuche lo más directamente posible en Bruselas. Y esto no se puede hacer de otra manera que acelerando el traspaso de poder del Consejo de la UE al Parlamento.

Es cierto que los tropiezos de la Constitución dificultan el proceso, pero este hecho no puede convertirse en una excusa. Por el contrario, muchos de los ‘noes’ de ciudadanos europeístas a la presente Carta Magna reposan en el déficit democrático comunitario, un argumento en el que también se apoyan muchos euroescépticos para rechazar la UE.

De esta manera, si Europa se ha construido a los largo de los años a base de acuerdos políticos desde las alturas, ¿por qué no firmar nuevos pactos intergubernamentales que acerquen la Unión a sus ciudadanos? ¿No sería éste el verdadero plan D, de democracia, que necesita Europa?

Fe de erratas: por un error de edición, el presente artículo ha aparecido publicado durante una hora con la firma de Dña. Susana del Río Villar, a quien rogamos sinceras disculpas por el embrollo. Noten que el verdadero autor es D. Javier Hervás