Jugando a ser Dios

Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2004

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¿Ficción o realidad? Las técnicas de clonación son cada vez más eficaces. Reproducción y curación aparecen como las dos caras de una misma moneda.

Los Ángeles, 2019. Los replicantes de la Tyrell Corporation, robots creados mediante ingeniería genética, medio humanos, medio máquinas, se están rebelando contra su condición de esclavos. Una brigada de policías especiales, los Blade Runner, serán los encargados de retirar los prototipos de la Tierra.

Blade Runner continúa siendo una de las películas más admiradas en la actualidad. Su director, Ridley Scott, nos ha hecho reflexionar en esta película de 1982 sobre la posibilidad de que en un futuro, para él demasiado cercano, el hombre fuera capaz de utilizar la ingeniería genética con el objetivo de crear prototipos casi humanos.

Clonación reproductiva frente a Clonación terapéutica

En efecto, los primeros pasos para hacer posible el argumento de la película a la que antes hacía referencia ya se han dado. Los últimos experimentos realizados en Corea del Sur por un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Seúl, encabezados por el doctor Woo Suk Hwang, han conseguido demostrar que es posible la clonación de embriones humanos para la obtención de células madre totipotentes. Un logro que tan sólo era cuestión de tiempo y que ha desatado el debate político, científico, ético, moral y social en todo el mundo.

Otros grupos de investigación como el de Bernat Sòria, científico español al mando del proyecto de investigación de líneas celulares de la Junta de Andalucía, o el de Juan Carlos Izpisúa, futuro director del Centro de Investigación en Medicina Regenerativa de Barcelona (CIMRB), ya están trabajando a fondo en este campo.

Pero para poder entrar en este debate hace falta tener clara la diferencia entre clonación reproductiva y clonación terapéutica. La primera es la más discutible a nivel ético, y es la que se considera como el fin inevitable de todas estas investigaciones. Plantea la posibilidad de crear un ser humano prescindiendo del proceso reproductivo, utilizando células madre obtenidas de embriones sobrantes de procesos de reproducción asistida. Células capaces de generar un organismo completo siempre y cuando sean estimuladas de la manera más adecuada. Células susceptibles de ser modificadas genéticamente, ofreciendo así la posible selección de carácteres. La reproducción a la carta.

La segunda plantea la posibilidad de utilizar esas mismas células madre para la regeneración de tejidos enfermos o dañados en el hombre. Una gran cantidad de enfermedades que azotan al hombre como la diabetes o el alzheimer están basadas en la degeneración celular. La posibilidad de incorporar células que regeneren los tejidos supondría el fin de estas enfermedades. También abre el campo a la creación de órganos in vitro, en laboratorios. Las largas listas de espera para trasplantes desaparecerían. Habría órganos para todos los que los necesitasen. Y yendo un poco más lejos, podríamos tener la solución a las amputaciones de miembros o incluso a esa enfermedad inevitable y por la que todos pasamos llamada vejez.

Son dos caras de una misma moneda. Las técnicas para conseguir la clonación terapéutica nos llevan inexorablemente a la posibilidad de conseguir la clonación reproductiva. Las terapias con células madre constituyen un gran avance en la biomedicina, un camino abierto que no se ha de cerrar nunca. Pero el hacer de la clonación una estrategia reproductora, una solución para problemas como la infertilidad, es muy discutible. Abre el camino de la reproducción a la carta y de la tan temida selección génica. Quizás un camino excesivamente peligroso cuando otras estrategias son mucho menos costosas y más generosas y solidarias, como la adopción.

Voces en contra

Muchas son las voces que se alzan en contra de todos estos avances, de la misma manera que a lo largo de la historia ha ido ocurriendo cada vez que la ciencia ha dado un gran salto. Ya lo sufrieron Copérnico o Galileo, cuando intentaron decir en voz alta que la Tierra no era plana. Y las voces en contra fueron las mismas que hoy se alzan contra el profesor Bernat Sòria y todos sus colegas que trabajan en el campo de la biotecnología y la epigenética (genética del desarrollo). La religión y los gobiernos conservadores.

En España, la Iglesia Católica se ha manifestado reiteradamente mostrando su rechazo a todas estas investigaciones, argumentando que los embriones de los cuales se obtienen las células madre son seres humanos potenciales y que por lo tanto es poco menos que pecado capital inmiscuirse en un trabajo que teóricamente se atribuye de manera exclusiva a su Dios. Por otro lado, el anterior gobierno, el del Partido Popular con José María Aznar a la cabeza, aprobó el pasado noviembre de 2003 una ley llena de limitaciones y trabas a la investigación.

Algo similar ocurre en los EEUU. El reelegido presidente George W. Bush y su ejecutivo han manifestado continuamente su oposición a este tipo de investigaciones, por supuesto también basándose en un exacerbado sentimiento religioso.

Gobiernos que ven el futuro de la humanidad en peligro con estas técnicas médicas pero que no dudan a la hora de poner en marcha una guerra sin razón alguna. Gobiernos que dedican una buena parte del presupuesto anual a la defensa, favoreciendo la investigación, la fabricación y el comercio con armas. Una causa mucho más justificable desde un punto de vista ético y moral que no la investigación en células madre.

El buen camino

El pasado 29 de octubre de 2004 el consejo de ministros del gobierno español, con Zapatero a la cabeza aprobó el último decreto que faltaba para llevar a la práctica la investigación con embriones humanos. Y para el año que viene ya está preparando una Ley de Investigación Biomédica. Dos iniciativas que han sido aplaudidas por toda la comunidad científica.

Éste parece el buen camino: el de regular al máximo todas estas prácticas sin entorpecer el avance de la ciencia, pero estando siempre alerta sobre el alcance de sus logros. Estableciendo los límites morales y éticos que la sociedad de cada época nos exige.

Que no veamos con buenos ojos la reproducción basada en la clonación no tiene que ser el impedimento a que enfermedades como el Alzheimer o la diabetes puedan desaparecer de nuestras vidas.