Julian Baggini: los ingleses se sienten siempre superiores

Artículo publicado el 4 de Mayo de 2007
Artículo publicado el 4 de Mayo de 2007

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Después de vivir en una típica ciudad del Norte de Inglaterra durante medio año, este filósofo inglés de 38 años llega a la conclusión de que Gran Bretaña y la UE siempre harán una extraña pareja.

Julian Baggini describe sus primeros pequeños y cautos pasos al salir del autobús a Yorkshire como una experiencia paradójica. Este periodista independiente de 38 años, residente en Londres, acababa de entrar en contacto con formas de vida inteligentes al norte de la M25 (autopista de circunvalación de Londres). Era una sensación familiar y a la vez muy extraña. “Ninguna de mis llegadas a tierras extrañas me había desconcertado tanto”, rememora este filósofo trotamundos.

Fundador y editor de la revista The Philosopher's Magazine (también conocida por sus siglas TPM, de periodicidad trimestral, y que se viene publicando desde hace diez años), Baggini también escribe para una gran cantidad de diarios británicos, como el Guardian, de tendencia centroizquierdista, a la vez que se las arregla para sacar adelante su popular publicación. Habiendo meditado en el pasado sobre el sentido oculto del programa Gran Hermano y de Los Simpson, este filósofo ha dirigido su atención ahora hacia la cultura inglesa. Alquiló un casa adosada en las afueras de Rotherham, al sur de Yorkshire, como parte de un "experimento" de seis meses de duración para su último libro, Welcome to Everytown: A Journey into the English Mind (Granta, 2007).

Bienvenidos a las zonas residenciales

Resulta fácil imaginar a Baggini relacionándose con los habituales parroquianos norteños del pub. Para alguien de su profesión es sorprendentemente extrovertido. Tiene un ligero acento cockney que oculta sus raíces italianas. Esta alegría no siempre le hizo ganarse la simpatía de su grupo de compañeros de barra. “La decadencia fue un tema recurrente en nuestras conversaciones. El más tremendista era un tipo con barba blanca de unos cincuenta y tantos años que se llamaba Pete. Si yo opinaba que quizás no todo estaba tan mal, él decía: 'No llevas aquí tanto como yo, Justin', nunca se acordaba de mi nombre, el tío."

La mirada de Baggini se distrae con los taxis negros que pasan fuera, mientras reflexiona sobre el eterno conflicto entre ciudad y zona residencial. “La verdad es que no está tan claro", opina. Un básico experimento de pensamiento al respecto resulta esclarecedor. “Siempre que me encontraba a mí mismo teniendo pensamientos negativos sobre Rotherham, mi truco consistía en darle la vuelta a estos pensamientos y pensar en el tipo de vida que llevo en la ciudad. Y de lo que a menudo te das cuenta es de que no eres tan diferente. Por ejemplo, me parecía evidente que en Rotherham no se saliera tanto de copas, uno se dedica a lo que ya conoce. Sin embargo, la clase media urbana, que tiene una imagen de sí misma mucho más innovadora, también se dedica a lo que ya conoce la mayor parte del tiempo. Incluso cuando se van de vacaciones van a lugares a los que van sus semejantes."

Baggini no le dedica mucho tiempo a las proclamas del ministro de Economía Gordon Brown sobre la britanidad. “El sentimiento de britanidad es muy diferente dependiendo de si se vive en un barrio residencial, en una ciudad, en Londres o en el campo. Tendemos a verlo bajo el filtro de lo que conocemos. Lo único que comparte la gente es un sentimiento de ser británicos. Lo que no comparten es la idea particular de qué significa ser británico. Por lo tanto el programa del gobierno que intenta inculcar a la población un sentimiento de britanidad parte de un concepto erróneo.”

Por ejemplo, la afición británica al fútbol está completamente perdida en el plano intelectual. Ver un partido con hinchas del Rotherham resultó ser una experiencia especialmente desconcertante para Baggini. Eran manifiestamente parciales. Las faltas cometidas por el rival siempre eran consideradas flagrantes. Al árbitro que no las señalaba se le gritaban cosas como "¡No tienes ni idea!" u otras, más rotundas y fuera de lugar, como "¡Gordo cabrón!"

El objetivo personal del investigador era bastante modesto. Sólo tenía la intención de señalar “especulativamente” cierta cantidad de "conceptos filosóficos implícitos” presentes en la mayoría de la población. El conjunto de valores que surgen (pro-familia, puritano, antiintelectual, intolerante y conservador) puede extrapolarse a muchos otros países occidentales, incluyendo mi país, Holanda.

Actitudes insulares

Sin embargo, van en contra de la opinión establecida. Mientras que a menudo se hace referencia a Inglaterra como cuna de la democracia liberal, en realidad es un caldo de cultivo para lo que Baginni denomina "comunitarismo conservador". “Los británicos son sistemáticamente comunitaristas. Esto quiere decir, básicamente, que creen que no se goza de ciertos derechos y privilegios sólo por ser miembro de la especie humana. Los derechos no son universales. Se goza de ellos a condición de ser un miembro activo de una sociedad concreta.”

Esta actitud política se ve además reforzada por la geografía británica: el vivir en una isla ha hecho que muchos británicos sean un poco aislacionistas, advierte Baginni. “¿Es Inglaterra parte de Europa? En algunos sentidos se ve a sí misma como un elemento aparte. La mayor parte de los lugares del mundo son provincianos, pero debido a nuestra condición de isla y a nuestro pasado imperial, creo que los ingleses se ven a sí mismos como naturalmente superiores de una forma que otros países no lo son. Ni siquiera sucede en Francia, cuyo orgullo nacional es mayor que el de Inglaterra."

La principal brecha que separa a Europa del Reino Unido, según el filósofo, se da entre el norte y el sur. “La principal diferencia en los puntos de vista en Europa occidental se dan entre la Europa septentrional y la meridional," puntualiza. El negro y frío norte protestante parece tener una actitud más puritana que el sur, cálido y católico. Este último, quizá paradójicamente, es socialmente más progresista en muchos aspectos. Así, por ejemplo, los alemanes reconocerían la actitud de los británicos hacia el alcohol, puesto que ellos también consumen grandes cantidades de cerveza. Los italianos, sin embargo, la encuentran bastante extraña.”

Además de ampliar sus horizontes culturales, la estancia de Baginni en el "norte" se reveló socialmente enriquecedora. “De una curiosa manera, de todos los lugares en los que he vivido, este es en realidad el lugar en el que más me he llegado a sentir como en casa. Hice amigos de la zona y he vuelto a verles." De hecho, apunta a la posibilidad de casarse con alguien de Rotherham. “Quizás, aunque no es probable." Incluso las investigaciones filosóficas tienen un límite.