Juliane Kokott: Aquí no he visto ningún tipo de machismo

Artículo publicado el 14 de Abril de 2008
Artículo publicado el 14 de Abril de 2008
Esta abogada de 50 años es una mujer de superlativos. Su rápida carrera como profesora la ha llevado a lo más alto, hasta el Tribunal Europeo de Justicia, actividad que compagina con la de madre de seis niños.

Esta mujer es la tercera abogada general en los más de 50 años de historia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Kokott ha tenido tiempo de demostrar desde el 7 de octubre de 2003, cuando su predecesor en el puesto, Siegbert Alber, la llamó a petición del Gobierno Federal para que ocupara este cargo en Luxemburgo, que se toma sus funciones muy en serio. Esta enérgica abogada no tuvo miedo de opinar en público respecto a la toma de posesión del ex primer Ministro Berlusconi. El magnate italiano de los medios –ahora convertido en político- había modificado las leyes para su propio beneficio, ya que la falsificación de cuentas de empresas sería menos penada por la justicia. Sin embargo, no había contado con Kokott, que desbarató sus planes sin vacilar con una sentencia que afirma que esta medida era incompatible con las leyes europeas.

Kokott también participó en una de los casos más importantes del Tribunal de Luxemburgo, la sentencia Manninen. Se trataba de resolver cómo debía ser el pago de dividendos y de impuestos en Finlandia en las empresas de capital nacional y extranjero. Kokott les abrió los ojos e hizo lo mismo con los accionistas de todo el continente. Jugosos reembolsos de los impuestos fueron la consecuencia. En general los jueces siguen las recomendaciones de los abogados generales en un 80% de los casos. Con sus dictámenes independientes los 8 abogados generales de la Corte Europea de Justicia sirven de mucha ayuda a los 27 jueces de otros tantos Estados miembro.

Es un día cálido de primavera y la abogada nos recibe en su despacho del Tribunal Europeo de Justicia, en el altiplano de Kirchberg, barrio gubernamental y de negocios de Luxemburgo. “Yo he crecido en Saint Ingbert, territorio del Sarre, y en Bonn”, comienza a explicar su infancia con voz tranquila mientras se bebe a sorbos un té. “El deseo de que estudiara Derecho era sobre todo de mi madre”. Nunca se le pasó por la cabeza sublevarse contra ese deseo, a no ser que sus padres cambiaran de opinión. “Tenía también la posibilidad de hacer algo distinto, como por ejemplo Biología, pero me faltaban unos fundamentos sólidos. Mi escuela no destacaba en las ciencias naturales, sino que su punto fuerte eran las letras”.

La profesora y doctora Kokott está sentada en una butaca de cuero negro dentro de su gran despacho, mientras cuenta su vida de trotamundos como jurista en Bonn, Ginebra, Heidelberg, Túnez y Washington D.C. Ha escrito su tesis doctoral entre los Estados Unidos y Alemania y, más tarde, fue profesora en facultades de Derecho alemanas y suizas. Entre tanto, llegaron los niños. Sobre sí misma, opina: ”¿Una niña prodigio? No he nacido como tal. Pienso que algunas personas son más fuertes que las demás. A mí tampoco me ha quitado demasiado el sueño”.

El poder de la mujer concentrado

El desarrollo profesional de Juliane Kokott no ha sido siempre de color de rosa, apunta. “Yo quería especializarme en Derecho Internacional en el Instituto Heidelberg Max-Planck, que hasta el momento no habían admitido a ninguna mujer, y mi profesor de entonces empezó a mofarse de mí. Una cosa así en aquel tiempo todavía era normal. Sin embargo yo tuve siempre muy claro lo que quería y dónde iba a hacerlo. Nada ni nadie iba a hacerme cambiar de opinión”, explica. Trabajo duro, una voluntad de hierro y organización le allanaron el camino a esta coqueta mujer, que afirma hacer su trabajo “con gusto y mucha pasión”.

Cuando se encuentra en Luxemburgo está ocupada durante 12 horas al día de lunes a jueves –entre el estudio de dosieres y sesiones- . Sus hijos se negaron a hacer más mudanzas. Por eso se convirtió en una trabajadora que viaja cada día para llegar a su trabajo, en otra ciudad. Según ella, carrera e hijos pueden compaginarse sin problemas. “Es verdad que en el Tribunal Europeo de Justicia trabajan más hombres que mujeres, pero yo nunca he sentido machismo. Además, a lo largo de su historia el Tribunal de Luxembugo siempre ha impulsado la igualdad de derechos entre ambos sexos”, confirma Kokott que desconoce, no obstante, la razón de que en la Corte Europea trabajen más hombres que mujeres, mientras que en el Tribunal de Primera Instancia el porcentaje de ellas es mayor.

El maratón de compatibilizar hijos y carrera

Esta abogada no se ha encontrado nunca ante la difícil decisión de elegir entre sus hijos o su carrera. Siempre ha encontrado un camino intermedio para combinar ambos con facilidad. “El entorno correcto juega un papel fundamental”. Su marido, también abogado, siempre la ha ayudado. Por eso, tampoco ha necesitado largas pausas entre la llegada de uno y otro bebé. “Él nunca ha puesto una piedra en mi camino”.

“Sin ayuda profesional tampoco lo hubiéramos logrado”, explica Juliane Kokott, preocupada por la ausencia de su niñera. Ella sabe que otras mujeres, que no tienen estas ayudas, pasan por momentos difíciles. “Se deben cubrir correctamente las necesidades básicas”. “Por eso, yo admiro a la Señora Van der Leyen (ministra alemana de Familia), que mantuvo sola a sus siete hijos”, dijo esbozando una sonrisa. “Sería bueno que ella intercediera por las mujeres que tienen derecho a una plaza de guardería infantil”. La señora Leyen también tiene la posibilidad de que cuiden a sus hijos mientras ella se dedica a su jornada laboral. No obstante, se debe cambiar el pensamiento de que una madre tiene que estar ahí las 24 horas del día. “En Francia nadie encajaría en esa idea ni se atrevería a decir algo así. Las bases emocionales entre padres e hijos deben ser ciertas. Aparte, deben darles un ambiente seguro, en el que los niños puedan crecer y ser educados para hacerse independientes”.

El interés de Kokott por el Tratado para una Constitución Europea es algo parecido al lento desarrollo de un niño hasta la edad adulta. “No debemos preocuparnos si no llegamos a un acuerdo sobre algo al instante. No se puede ir siempre deprisa y sin aliento. Después de un tiempo de reflexión y consolidación, las cosas siguen de nuevo hacia delante. Además, el nuevo tratado de reforma ya está en pleno desarrollo”, comenta sobre este documento que todos los Estados miembro deben ratificar antes de 2009.

Ante la pregunta sobre qué aconsejaría a los jóvenes, responde: “No deben quedarse anclados en el pasado, sino hacer caso a su voz interior para poder interpretar cómo quieren vivir, además de reflexionar sobre si esa vida les hará felices también dentro de veinte años”.