Juntos contra sí mismo

Artículo publicado el 6 de Enero de 2004
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Artículo publicado el 6 de Enero de 2004

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Por razones de interés económico Francia y Alemania han impedido hasta el momento que exista una política europea exterior común hacia China. El riesgo que esto trae consigo es grande- también para ellos mismos.

El 30 de octubre fue un día completamente exitoso en la historia de la política exterior europea. Conjuntamente voló la Troika Prodi, Berlusconi y Solana a Pekín por la celebración de la sexta cumbre chino-europea y ya poco después se amontonaban exitosas noticias: China participa en el Programa Galileo y los futuros turistas chinos contarán con menos limitaciones en Europa. Por último debería congratularse sobre todo la industria turística, pues tal y como calcula la organización mundial de turismo, los viajes turísticos de los ciudadanos chinos se multiplicarán cada año por diez a partir del año 2020.

China llega y las élites de la UE se apresuran alegremente a su encuentro. Las relaciones entre ambos bloques son cada vez más fuertes, ambas partes trabajan con empeño para dotar a su cooperación de una base política sólida. El 13 de octubre, dos semanas antes de la cumbre, se publicaron en ambas partes documentos estratégicos. El gobierno chino señala, que quiere hacer de la UE su más importante colaborador comercial y la UE por su parte quiere fortalecer su vínculo con las organizaciones internacionales.

La política como mercancía

Sin embargo la fachada esbozada por estos documentos sobre una política exterior común en la UE es frágil. Pues no sólo a los grandes de la UE les gusta viajar a China, también a los jefes nacionales de gobierno. Y los más allegados desde los cabilderos (lobbies) económicos, que los rodean, caricaturiza de manera significativa los esfuerzos por una posición común de la UE. Ciertamente es la UE, en lo que se refiere al establecimiento de los acuerdos político-comerciales básicos, un instrumento apropiado, para facilitar el acceso al mercado a las empresas europeas y crear unas reglas del juego previsibles. El ingreso de China en el WTO(1) el 11 de diciembre del 2001 es el mejor ejemplo de esto. Pero la UE sólo puede delimitar el terreno de juego, en el que las empresas europeas, ante todo las francesas y alemanas, se posicionan y se confrontan. Más concretamente se trata de la construcción de líneas de metro, centrales combinadas de electricidad y calefacción, reactores nucleares o centrales telefónicas. Gracias a esta competencia el gobierno chino disfruta de ventajas fiscales y avales crediticios. Así se respaldó la construcción del recorrido del Transrapid a Shangai, con los fondos recaudados alemanes, de otro modo en este tramo iría el tren de alta velocidad francés.

Esta competencia, por legítima y económicamente estimulante que pueda ser, esconde también riesgos políticos. Pues ésta pone al gobierno chino en la posición de unir los acuerdos económicos a las condiciones políticas. La primera víctima son los derechos humanos. Aunque los EEUU tomaron una clara posición crítica respecto a China en la comisión de derechos humanos de las NU, el gobierno francés boicoteó en 1997 esta posición, ya que estaba en juego el lucrativo negocio del Airbus.

España, Italia, Grecia y también Alemania la siguieron, la UE debía dejar su fuerte posición. Como agradecimiento el gobierno chino se declaró dispuesto a retomar el diálogo sobre el asunto de los derechos humanos, del cual tienen menos que temer que ante una denuncia de derecho internacional pública.

Así sobre todo Francia representó una política puramente racional de cara a China. Fue el único país europeo que negoció un acuerdo estratégico bilateral. Y cuando los otros estados europeos no sabotean tan abiertamente la política de la UE, siguen una estrategia similar. EL canciller alemán Schröder visitó del 1 al 4 de diciembre por quinta vez China y se declaró a favor de la relajación en el embargo armamentístico y de la exportación de la planta nuclear de Hanau.

Multilateralidad en lugar de multipolaridad

Se prefiere adornar esta política en París y Berlín con la etiqueta de multipolaridad. Ciertamente existe económicamente una tripolaridad entre los EEUU, la UE y Asia, pero en el aspecto geoestratégico las cosas son diferentes.

¿Qué interés tiene la UE en el Pacífico? China está implicada en esta región en una guerra hegemónica de poder con los EEUU, que gira en torno a la amenazante independencia de Taiwán. Ciertamente se puede estar seguro de que China estará agradecida por el levantamiento del embargo armamentístico, la entrada en el programa Galileo, y el suministro de material tecnológico nuclear. Pero es cuestionable si China será realmente el floreciente poder mundial del siglo XXI y con ello un aliado estratégico de los EEUU. Al día de hoy los parados se cuentan en 200 millones en China y su número aumentará. Los expertos advierten de un sobrecalentamiento del crecimiento chino, el sector financiero está moralmente pervertido. Militarmente China no alcanzará a corto plazo a los EEUU y por ello también deberán estar en acuerdo con ellos en el consejo de seguridad. ¿Entonces por qué debería equilibrar la UE con ayuda de Francia, de Alemania y conjuntamente con China el gran peso de los EEUU?

Se podría ofrecer una alternativa mejor: una política exterior europea, que sea merecedora de este nombre. Si se esbozara una posición europea unitaria, se podría insistir en una separación entre la economía y la política de cara a China ,los estados miembros no tendrían así que sacar provecho de estas rivalidades en el aspecto económico. Al mismo tiempo se podría poner a China bajo presión con una dura actitud ante la comisión de los derechos humanos de las NU y así moverla a un reconocimiento real de los derechos humanos. En resumen: En lugar de perseguir un dudoso e inseguro concepto multipolar, se empujaría a China hacia una colaboración multilateral.

Por eso Francia y Alemania deberían reflexionar a conciencia sobre su política respecto a China, dejar a un lado los intereses económicos nacionales y trabajar en una estrategia europea común. Por el bien de la propia economía, de la política exterior y no por último por los derechos humanos en China.

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(1) World Tourism Organization : Organización Mundial de Turismo.