Kaapeli : la fábrica de la cultura

Artículo publicado el 16 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 16 de Octubre de 2013

En la parte oeste de Helsinki, sobre la península urbana que albergó la zona industrial de la ciudad durante la primera mitad del siglo XX, se levanta Kaapeli, una antigua fábrica de cables. El único elemento que delata su anterior actividad son las altas chimeneas que se erigen sobre su tejado. Ahora, este enorme edificio se ha convertido en un centro alternativo de cultura y arte. 

En 1954, acabada la construcción del edificio, Kaapeli se convirtió en la nave más grande de Finlandia. Su construcción, interrumpida por la guerra, duró un total 15 años. Fue gracias a la producción de cables, precisamente, que el 6% de la deuda contraída durante la guerra pudo ser devuelta a Rusia. Sin duda, el espíritu creativo de la Cable Factory, fue promovido por su primer director, Werner Weckman, quien antes de ocuparse del cargo fue un gran amante del deporte. Él mismo fue doble campeón olímpico con sus medallas de oro en lucha. De hecho, Weckman habilitó una sala para que los obreros de la fábrica pudieran practicar este deporte. Además contruyó un ring de boxeo en el tejado del inmueble.

De las botas de caucho al arte

En la segunda mitad de los años 60, otra empresa invirtió en la Cable Factory. La archiconocida Nokia. La fábrica de cables y la empresa electrónica finlandesa (más conocida por aquel entonces por las botas de caucho que por sus teléfonos) se fusionaron. A finales de los 80, no obstante, decidieron interrumpir la producción de Kaapeli. Casualmente, en aquel momento escaseaban en Helsinki lugares dedicados al arte. Nokia empezó a alquilar espacios vacíos de la nave a los artistas locales. Cuando los últimos empleados de Nokia abandonaron la fábrica, estaba previsto destruir la mitad del edificio y transformar el resto en escuelas y hoteles. El proyecto de demolición de este lugar irremplazable no fue aceptado por la comunidad artística de Kaapeli, que además recibía el apoyo de personalidades del mundo de la cultura y focalizaba la atención de los medios. Hoy en día, la Cable Factory es el centro cultural más grande de Finlandia y cuenta con alrededor de 250 inquilinos. A causa de los bajos precios de los alquileres y del atractivo emplazamiento de Kaapeli (situada a dos estaciones de metro del centro de la ciudad), los locales gozan de una gran popularidad.

un hervidero de artistas

Podríamos comparar Kaapeli a un gran olla a presión donde se mezcla multitud de iniciativas culturales y artísticas. La fábrica es sede de numerosas instituciones: en ella se albergan 3 museos, 12 galerías, estudios de danza y de teatro, así como talleres artísticos diversos. Cada año, uno de los inquilinos organiza una fiesta, la Recycling Factory. « Esta iniciativa concuerda totalmente a Kaapeli, que de alguna manera se ha ido reciclando », afirma Anni Syrjänen, responsable de comunicación de Kaapeli, mientras me guía por la fábrica. Dentro de este gigante de ladrillo reina el caos artístico. No es difícil perderse deambulando entre  los pasillos que giran en todos los sentidos. Detrás de cada puerta se esconda algo distinto. Si abrimos una de ellas, por ejemplo, podemos encontrar una sala destinada al reciclaje, donde cada inquilino puede dejar ropa, juguetes o material electrónico que ya no vaya a utilizar. « O tratar de encontrar un sueter caliente », añade Anni. Tropezamos también con un lugar dedicado a la restauración, donde puedo degustar la tradicional sopa de judías. En cuanto al acceso al techo de la fábrica, es necesario, como medida de seguridad, ser inquilino para poder acceder. Allí, cualquiera se ocupa de las plantas aromáticas del jardín. Entre los proyectos de futuro, figura construir su propia sauna : en Finlandia, todo edificio que se precie posee este elemento sagrado.

Arquitectos de cuatro años de edad

Más allá de las saunas, Finlandia es también famosa por sus diseños y la creación de buenas soluciones arquitectónicas. Después de visitar Arkki, una escuela de arquitectura destinada a los niños y a los jóvenes, entiendo por qué es así : los finlandeses aprenden las bases de la arquitectura desde que son bien pequeños. El aprendizaje de la arquitectura se lleva a cabo fuera del colegio y, del mismo modo que que en el caso de la música y la danza, el Estado se encarga de su financianción. Arkki es un negocio familiar : Phila Meskanen levantó este lugar junto a su madre y a una amiga hace 20 años. Jenny se ocupa de los primeros cursos durante el presente año escolar. El pequeño grupo se compone principalmente de niños. Concentrados, se esfuerzan por pegar cerillas de distintos colores intentando crear un triángulo que sirva de techo a su casa de tres dimensiones. Los alumnos más jóvenes tienen cuatro años. Estos pequeñajos hablan de formas, colores y luz. Al cabo del tiempo aprenderán a relacionar todos estos conceptos. Como precisa el programa educativo de Finlandia, no se trata de formar futuros arquitectos, sino ciudadanos conscientes.

el hogar de la danza

Kaapeli no ha sido nombrado el hogar de la danza porque sí. La compañía de improvisación de danza Contact es una de las cosas más alucinantes que he descubierto en esta antigua fábrica. La improvisación se basa en una interacción constante con los otros bailarines. Todo esto ocurre en un país donde el contacto físico es un tema tabú y donde el espacio personal es más amplio que en cualquier otra parte. «Hace seis años, cuando vine por primera vez al curso, era como si por fín hubiera vuelto a casa. Aquí viene gente que no tiene miedo de acercarse físicamente», explica Jouni, un joven alto y delgado, que también es profesor de bailes étnicos. Jouni ha traído con él a Rikka, pastora de oficio. Es sólo la tercera vez que va y aún tiene miedo. «No es fácil tocar a una persona a la que no conoces. Requiere valentía», nos confía. Jouni añade que el contacto físico no es el único desafío para los finlandeses. La improvisación también lo es. Ellos están acostumbrados a que se les diga qué tienen que hacer. Aquí, el tiempo es el único límite. Durante 3 horas, los bailarines ruedan por el suelo, se tocan, canturrean. Al final, aún queda tiempo para comentar lo acontecido. Una chica de aspecto joven, en contraste con las primeras canas que asoman en su pelo, parece querer decir algo. Sin embargo, en vez de hablar, deja caer unas lágrimas por sus mejillas.

Pero no es solamente Contact lo que atrae a los visitantes, sino Kaapeli. A pesar de que Jouni nunca había ido a la Cable Factory antes de empezar a bailar, ahora frecuenta a menudo sus museos y espectáculos. En un pasado, esta fábrica produjo cables que servían para unir a las personas. Hoy en día, en ese mismo lugar, los finlandeses se unen a través de la cultura y el arte. Y la idea de que nuestro pasado se transforma en nuestro futuro deja entonces de ser una utopía. 

Este artículo forma parte del conjunto de reportajes EUtopia on the ground, que cada cada mes plantean la pregunta acerca del futuro de Europa. Este proyecto de CaféBabel está respaldado por la Comisión Europea en el marco de una colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, la fundación Hippocrène y la fundación Charles Léopold Mayer.