Kaliningrado: el rompecabezas ruso de la ampliación

Artículo publicado el 26 de Marzo de 2006
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Artículo publicado el 26 de Marzo de 2006

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“Acorralado” entre Polonia y Lituania, el enclave ruso de Kaliningrado va a ser rodeado por la Unión Europea el próximo 1 de mayo. ¿Estamos ante la caída de un “telón de cristal” o ante una oportunidad que no se puede escapar?

Tanto en Bruselas como en Moscú, cada vez más, la relaciones entre la Unión Europea y Rusia se consideran de gran importancia dentro del marco de la nueva ampliación de la Unión. Las declaraciones comunes que tienen como objetivo la puesta en marcha de una colaboración estratégica se acumulan y su propósito es el de evitar la creación de un nuevo “telón de cristal” que se desmoronaría el próximo 1 de mayo en las nuevas fronteras de la Unión y que aislaría a Rusia del resto de Europa. En este contexto, la situación del enclave ruso de Kaliningrado es un buen ejemplo de las nefastas consecuencias del proceso de integración comunitario.

Desde que Polonia y Lituania introdujeron nuevos visados para los ciudadanos rusos y mientras se preparan para aplicar la legislación de Schengen, el territorio de Kaliningrado se ha visto literalmente aislado del resto de Rusia. ¿Ha evolucionado la situación desde que se introdujera el nuevo sistema de facilitación de tránsito de personas hace casi un año?

Es la hora de la ampliación

En primer lugar, la dinámica de exclusión del territorio de Kaliningrado debida al proceso de ampliación ha sido percibida muy tarde por Moscú como potencialmente negativa. Este tardío despertar lo único que ha hecho ha sido reforzar en las autoridades rusas el sentimiento de encontrarse ante ese hecho consumado que es asimilación del acervo comunitario y la legislación de Schengen. Del mismo modo, la Unión Europea ha reconocido hace poco la necesidad de regular el tránsito de los rusos que viven en Kaliningrado y eso fue en enero de 2001. Es decir, tan sólo tres años antes de su ampliación, la Unión Europea se plantea este problema. Aún así, la Unión Europea no cree que sean necesarias soluciones particulares para la circulación de estas personas. Mientras este tema ha experimentado un alza en su politización y es objeto de fuertes tensiones entre los dos protagonistas, tan sólo en el año 2002 los principales actores se pusieron manos a la obra y acordaron la necesidad de la puesta en marcha de las medidas necesarias para facilitar la circulación de los rusos entre Kaliningrado y el resto del país. Finalmente comenzaron las negociaciones a tres bandas (Rusia, Unión Europea, Lituania) que concluyeron en la primavera de 2003 con la aplicación de una serie de medidas a partir del 1 de julio de 2003.

El DFT facilita el tránsito

El nuevo régimen introduce dos documentos principales que facilitan el tránsito a través de Lituania desde y hacia Rusia: el primero es un régimen de documentos que facilita el tránsito (DFT) por vía terrestre de los ciudadanos rusos. Su duración está limitada a un año. El segundo documento facilita el viaje en tren (DFVT) y es expedido a aquellas personas que atraviesen el territorio lituano en tren. Ambos documentos son gratuitos. Este nuevo régimen ha necesitado la aportación de medios suplementarios para hacer frente a las numerosas peticiones. Incluso se ha creado un nuevo consulado lituano en Sovietsk, la segunda ciudad del enclave. Sin embargo, la situación no es muy brillante y a pesar del esfuerzo realizado por las autoridades lituanas, cada día se forman colas interminables ante los consulados lituanos y el periodo necesario para recibir estos famosos documentos de tránsito puede llegar a los siete u ocho días.

En busca de nuevas soluciones

Un año después del lanzamiento de esta iniciativa sigue habiendo numerosas modificaciones que realizar en el sistema. La Unión Europea reflexiona actualmente sobre la posibilidad de poner en marcha una especie de tren de alta velocidad que una Kaliningrado y San Petersburgo, lo que evitaría el recurso a documentos de viaje específicos. Se están realizando estudios de viabilidad, sin embargo, la solución actual sigue siendo considerada por la Unión Europea como permanente. En lo relativo a Rusia, parece seguir negociando un régimen sin visado.

La voluntad “integracionista” de la Unión Europea ha dado como resultado el aberrante aislamiento de este fragmento de territorio ruso que vio nacer a Kant. El nuevo régimen de tránsito es una clara ingerencia de la Unión Europea en los asuntos internos rusos. Rusia ha visto como le ha sido impuesta la legislación de Schengen y ha debido aceptar esta situación de hecho contra su propia voluntad. El discurso de la Unión Europea no deja de jactarse de los méritos de la ampliación y de su lógica “integracionista” proclamando su efecto benéfico para la paz y la estabilidad en Europa. Estos efectos parecen tener su límite en las propias fronteras de la Unión Europea mientras que detrás de estas nuevas “líneas de demarcación” una parte de la población fronteriza sufre la separación de esta nueva zona de libertad y de seguridad en Europa.