Kaliningrado: ¿Primeros pasos hacia la Unión Europea?

Artículo publicado el 14 de Julio de 2006
Artículo publicado el 14 de Julio de 2006

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Hay una región comprendida entre Polonia y Lituania que no forma parte de la UE: Kaliningrado. Un territorio ruso con una historia centenaria a la espalda, un presente difícil y un futuro probablemente europeo.

Kaliningrado fue capital de Prusia oriental con el nombre alemán de Königsberg. En 1946 pasó a formar parete de la URSS, y ahora lo es de Rusia. Moscú la hizo la sede del Cuartel General de la flota rusa del Báltico. Ciudad natal de personajes como Emmanuel Kant, desde 2004 se encuentra aislada en medio de la UE.

Kaliningrado, la crisis

Kaliningrado ha vivido una situación de abandono tras la desintegración de la Unión Soviética, entrando en fase de crisis política, económica y social, debida, en esencia, a la separación con respecto de la “Gran Rusia”.

En el área de la que hablamos se encuentra el 90% de las reservas mundiales de ámbar; hasta hace pocos años, la agricultura era la actividad principal y la renta media por habitante en 2003 no alcanzaba los 100 dólares al mes. El declive de los últimos 15 años se hace patente: una desocupación altísima y una tasa de infección por VIH de las más altas de Europa testimonian la ausencia de una presencia eficaz y constante del Estado ruso en el enclave. A finales de 2005, el alcalde de Kaliningrado, Yuri Savenko, declaraba que “uno de los símbolos de la victoria del pueblo soviético durante la gran guerra patriótica aparecerá en la renovada Plaza Pobeda”, refiriéndose a una estatua de Lenin.

Más aún, en una conferencia publicada en 2004, Putin tuvo que señalar Kaliningrado sobre un mapa para mostrar a los periodistas rusos dónde se encuentra geográficamente.

¿Una mirada europea?

Las discusiones sobre el enclave de Kaliningrado no son sólo cuestiones anecdóticas. La Unión Europea le ha ofrecido continuo apoyo al enclave. “Contribuimos al desarrollo de esta región particular y continuaremos nuestra cooperación activa”, señala un funcionario comunitario.

Después de una visita a Kaliningrado, el 28 de febrero de 2006, la Comisaria de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, ha confirmado así la voluntad de la Unión Europea de no volver a aislar el enclave tras la ampliación de 2004 y de promover la convergencia económica y social entre Kaliningrado y los Estados limítrofes.

La cumbre UE-Rusia del 11 de noviembre de 2002 fijó las reglas para el tránsito de los ciudadanos rusos entre Kaliningrado y el resto del territorio ruso. Se implementaron luego el 1 de julio de 2003 con buenos resultados. El volumen de las mercancías transitadas aumentó considerablemente tanto en 2004 (un 10%) como en 2005 (un 20%). La UE ha destinado a Kaliningrado más de 100 millones de euros en el periodo 2001-2006, sobre todo en asistencia técnica y financiación en el ámbito del programa especial para Kaliningrado, dentro del programa para el tránsito transfronterizo. Desde 2001, Kaliningrado ha crecido por encima de la media rusa.

¿Hacia qué dirección va Kaliningrado?

Con un crecimiento económico en buena parte fruto de una acción europea constante y limitando sólo con Estados miembro de la UE: ¿hacia dónde mira hoy Kaliningrado? Más allá de las dificultades económicas y políticas, Kaliningrado está también viviendo una profunda crisis de identidad. “Nosotros no somos como los otros Estados bálticos. Ellos tienen una lengua y una cultura propia, pero nosotros seremos siempre parte de Rusia”, le decía Olga Danilova, profesora y guía de Kaliningrado a un reportero de la BBC en 2003. Más aún, las voces que ven a Kaliningrado acercarse a Europa son cada vez más numerosas, en especial entre los jóvenes. Svetlana Kolvanyoba, una joven reportera de televisión, ha dicho que “cree que Kaliningrado sueña con ser Europa. Es un tipo de mezcla. Nosotros somos rusos porque hablamos ruso y tenemos una cultura rusa, pero vistos los vínculos con Europa, nos sentimos un poco europeos”. Basta pensar que el 15% de los jóvenes de Kaliningrado ha estado en Rusia al menos una vez, mientras que al menos el 1,80% ha estado en Europa. Mientras la posición oficial de la UE se mantiene en ayudar a Kaliningrado sin interferir en la soberanía rusa, la influencia económica y cultural se hará cada vez mayor. Gerhardt Schröder, ex canciller alemán, ha afirmado hace poco -obviamente negando cualquier tipo de reivindicación territorial- que “en su corazón, esta ciudad será siempre llamada Königsberg”.

La UE ha entrado con prepotencia en la escena política de varios Estados de Europa Oriental, ex repúblicas rusas, como Ucrania y Bielorrusia. ¿Podría suceder algo parecido con Kaliningrado, dando lugar a escenarios imprevisibles? Lo que tenemos hoy encima de la mesa es un notable esfuerzo económico europeo, una buena dosis de cooperación entre Rusia y la UE y una creciente influencia económica y cultural europea sobre la región. Y por último pero no por ello menos importante, una población cansada de sentirse abandonada por Moscú, deseosa de mejorar el nivel de vida y siempre más convencida de que el futuro pueda ser Europa, justo al otro lado de sus fronteras.