Ken Yamamoto: “Debería recitar mucha más gente”

Artículo publicado el 22 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 22 de Octubre de 2007
El declamador de poesía germanonipón Ken Yamamoto supera las fronteras del lenguaje. Conversación con un europeo convencido sobre las familias multiculturales y las preguntas serias en los poemas.

"En el crepúsculo

excitado

de los crepúsculos

el poema es

el único lugar

en el que aún reina la claridad”.

*Zwielicht

El día de su representación en el Festival de Literatura de Berlín, se sienta frente a mí en un café un joven bastante distendido. Ken Yamamoto, de padre japonés y madre alemana, pertenece a una nueva generación de poetas. Al leer sus textos, que sube a menudo a su blog, uno apenas puede creer que detrás de esas líneas esté un poeta que no sólo idea versos tranquilos y bonitos sino que también sabe atraer a un gran público. Al natural, en cambio, uno ve con bastante claridad que no es en absoluto un poeta insociable, sino un joven divertido con un mensaje que transmitir.

"Estuvo simplemente genial", dice entusiasmado sobre el recital de la noche anterior,“artistas de diferentes países declamaron en su lengua materna, y funcionó”. No es evidente que funcione siempre. En este recital, los participantes interactúan con los espectadores. Presentan su texto a un público que a continuación lo evalúa. “En directo, cuando no hay traducción, hay que trabajar la expresión corporal. La comprensión va más allá del habla, es más que eso, es construir una atmósfera”.

De esto no hay mejor representante que el propio Ken Yamamoto. Con sus poemas en alemán, hace giras por distintos países europeos cercanos a Alemania como Suiza e Italia. Y que se sepa, no hay problemas de comprensión. Le pregunto por qué, entonces, escribe sus poemas mayoritariamente en francés aun tras haber pasado los primeros años de su vida en París y habiendo respirado por lo tanto la lengua y modo de vida franceses. “El alemán es mi lengua materna, la que aprendí de mi madre”, dice Yamamoto, “pero con Francia me unen muchas cosas”. Después del divorcio de sus padres, en mitad de su adolescencia, se mudó enseguida con su madre a la ciudad alemana de Baden-Baden. “Pero la mitad de la familia se quedó en París. El francés es para mí la única lengua en que comunicarme con mi padre, pues no hablo japonés”.

”A la gente le importa una mierda la poesía”, le dice un hacker a Ken Yamamoto en su blog. “Quisiera ser más importante, pero por desgracia mi (ausente) éxito me mantiene con los piés en la tierra'. (Foto, www.kenyamamoto.com)

Mil millones de poemas sobre la vida y el amor

Es entonces cuando el joven Ken entra por primera vez en contacto con la literatura. Devora una antologia de poetas franceses que le compra su madre. Y poco después comienzan sus primeros intentos como poeta. “Era, naturalmente, poesía adolescente, que con el tiempo mejoraría en calidad”. Dejó de lado enseguida los estudios, en los que en principio ponía más sentido del deber que interés. En cualquier momento estaba dispuesto a presentar en vivo sus poemas. “Los poemas que recito son más agresivos que los escritos. Uno debe hechizar al público”. Yamamoto sabe que “poeta que declama” es un oximoron: “Naturalmente, está esa discrepancia entre el momento íntimo del escritor y el momento abierto del que recita. Es también bastante difícil ponerse delante del público siendo tus poemas esencialmente autobiográficos”. La inspiración le llega a Yamamoto de las cosas cercanas: “Hay sólo unos pocos temas… la vida, el amor. Pero con esos pocos temas, uno puede escribir mil millones de poemas”.

A alguien que tiene una vida tan interesante como él, que hace lo que siempre quiso hacer, ¿aún le quedan sueños? “¡Pues claro! Deseo que más personas que tienen cosas interesantes que decir se atrevan a recitar. No tengo nada contra la comedia y la risa, están muy bien. Pero sería bonito que la gente tuviera menos reparos en abordar temas que no sean forzosamente divertidos.”

Identidad cultural triple

Ya es hora de saber qué piensa sobre Europa una persona con tales convicciones y con tal trasfondo multicultural. Como se lo esperaba, allá va: "Sobre eso sólo tengo una cosa que decir. Querría comenzar primero por Alemania. He estado casado con una colombiana y la mayoría de mis amigos tienen apellidos que vienen de familias alemanas antiguas. Me gusta esa mezcla de culturas. El hecho de ser alemán no viene para mí de la sangre, sino que es una identidad cultural”. ¿Te sientes alemán? “Sobre todo me siento como una mezcla de culturas, pero cuando estuve en Colombia me di cuenta por primera vez de que soy alemán. Y eso me chocó bastante, por cierto.”

"I have a dream", Yamamoto dice lo que desearía que ocurriera: “Sería bonito que, pese a algunos fenómenos como el miedo al terrorismo, que no aparecen por casualidad pero que apartan a muchos, los alemanes no olvidasen esta bella realidad de la diversidad cultural y la apreciasen”. En especial es importante el caso de los inmigrantes y los hijos de los inmigrantes, que a menudo son marginados, como algunos de mis amigos. Me alegra muchísimo que mis hijos tengan una identidad cultural triple, cuádruple o quíntuple”.

Tomar cerveza en Europa

Y eso mismo puede, para él, aplicarse también a Europa: Europa debe estar mucho más cohesionada. Los ciudadanos europeos deberían verse desde lo global y no desde nacionalismos particulares. Deberían definirse también como europeos. Para él, eso ya pasó hace tiempo, y en verdad mediante una vivencia clave durante un unas vacaciones en Italia en el momento de la entrada en vigor del euro. “Estábamos allí con un montón de europeos de diferentes países y queríamos tomar cerveza. En eso surgía siempre el eterno revuelo de diferentes monedas y luego el engorroso cambio. Esa vez fue todo fácil: hey, aquí tienes cinco euros, aquí diez; venga, danos unas cervezas”. El euro como catalizador de una comunidad europea; esa es la base política como sacada de un album de fotos, o, como decíamos antes, de un conjunto de poemas.

Ken Yamamoto: “Jail House Blues” (WDR)