Kerala: magia negra y otras rarezas

Artículo publicado el 5 de Noviembre de 2013
Artículo publicado el 5 de Noviembre de 2013

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Bebés llorando, abuelas llenas de arrugas, una cabra tozuda, tres gallinas, diez jóvenes con tambores, un anciano que canta con una voz horrible y una compañía teatral de jóvenes actores: después de conducir por caminos llenos de baches durante varias horas, nuestro destino, un pueblecito en el norte de Kerala, no parece gran cosa: más bien se trata de tres casas con patios espaciosos.

Aquí todos parecen estar emparentados y no están acostumbrados a encontrarse con extranjeros. Perplejos ante el hecho de que una chica blanca haya llegado hasta la fiesta de su pueblo, la familia anfitriona me invita a cenar de inmediato. Al igual que en toda la zona sur, se sirve arroz con coco, okra y salsa de tamarindo sobre una hoja de banano y se come con los dedos. “Este tipo de ceremonia es muy especial, no sucede todos los días”, dice Gautham, el director de la escuela Sarang Hills, a donde voy a clases de hindi. Y efectivamente, la ceremonia que yo esperaba fuera una mera fiesta de pueblo resultó ser mucho más descabellada de lo que imaginaba. Aunque aquí todos son hinduistas, los rituales que se llevarán a cabo esta noche están más estrechamente relacionados con la magia negra que con los rituales de incienso de los bhramin. Cuando inspecciono el lugar más a fondo, me doy cuenta de que los dos altares caseros decorados con trozos de piedra negra son bastante inusuales. “Son las divinidades serpiente que veneran los habitantes del pueblo”, me explica Gautham. “Según una leyenda local, los ancestros de la familia trajeron las deidades al regresar de un viaje a las montañas. Allí las serpientes son el centro de la fe animista de las tribus nómadas.”

Ghost_Kerala.JPG Mientras tanto, la oscuridad más absoluta ha descendido sobre la selva y ha engullido el poblado, ahora lleno de voces y sonidos extraños. Al fondo, un grupo de jóvenes lleva horas tocando el tambor mientras un anciano flacucho entona canciones en malabar, la lengua de Kerala. Lo que para mí suena como un canto ronco es en realidad una detallada reinterpretación de la leyenda de la llegada de las deidades serpiente al pueblo, me traduce Gautham. “Sus rituales son una mezcla ecléctica de tradiciones tribales animistas y ceremonias hinduistas. Pero la mayoría de los locales ya no saben cómo llevar a cabo esos rituales como es debido. Por eso hemos contratado a una compañía de actores y magos.” Mientras yo todavía sigo intentado ver el sentido de esta forma de ganarse la vida con la religión en la patria de la espiritualidad, una pareja de jóvenes keralitas se reúnen ante un pequeño altar y empiezan a ponerse los disfraces. La mayoría de los actores-sacerdotes solo llevan un dhotis naranja descolorido (una prenda de ropa grande que se ata alrededor de la cintura), que es el atuendo corriente de los hombres en el sur de la India. Después de dar unas vueltas corriendo sin rumbo, finalmente  arrastran a un joven ligeramente más grande delante del altar y le engalanan con una falda de colores, un intrincado tocado y brazaletes y tobilleras con campanillas. “Ese es Rajeet. Durante la ceremonia será poseído por la divinidad”, explica Gautham. La falda roja de rafia que lleva Ranjeet se asemeja mucho a las africanas y me recuerda a los disfraces que ya he visto en otros poblados en el norte de Kerala. Durante una ceremonia theyyam a la que asistí unas semanas antes, los bailarines disfrazados habían bailado, saltado y tamborileado durante horas hasta entrar en trance y bendecir a la audiencia en nombre de la divinidad local.

Sin embargo, Ranjeet no parece muy contento con su papel: en cuanto su disfraz está listo, desaparece a toda prisa entre la muchedumbre. Mientras los actores inmediatamente inician la persecución gritando a todo pulmón, dos hombres mayores encienden un fuego y preparan un lecho de brasas de carbón al rojo vivo. Tan pronto como encuentran al fugitivo, le arrastran hasta el altar en medio de furiosos alaridos y abucheos. Aunque el miedo de Ranjeet es muy convincente, me sigo preguntando si quizás sea uno más de los actores. De cualquier modo, su próxima hazaña es totalmente real. Después de bailar sobre las ascuas durante unos segundos, se hinche de orgullo ante la ovación del público.

Theyyam_1.jpg“Ahora le toca a la cabra”, susurra Gautham, que está sentado a mi lado. Acompañado por el claro sonido de las campanas metálicas y el grave retumbar de los tambores, el nervioso animal es conducido al altar, donde se le despacha sin muchos miramientos. Tumbado boca arriba con las patas atadas, basta un pequeño corte en la garganta de la cabra para anegar el altar con sangre tibia. Para asegurarse de que todos y cada uno de los rincones quedan cubiertos de rojo, el sacerdote mata uno de los pollos también. Uno tras otro, los ancianos de la familia y Ranjeet, que ahora parece estar sumido en un trance, lentamente se congregan ante la matanza y comienzan su sesión de ocultismo para obtener respuestas de sus dioses serpiente. Incluso trascurridos unos minutos desde el sacrificio, la cabra sigue poniendo los ojos en blanco hasta que, finalmente, una sacudida la recorre todo el cuerpo y muere. Los jóvenes keralitas de la audiencia no cabían en sí de gozo e inmediatamente empezaron a pedir a gritos curry de cabra.  Mientras se cocía un nuevo banquete, la compañía de actores ha empezado a cantar canciones cada vez más desenfrenadas  y han preparado máscaras y disfraces más coloridos.  Tan pronto como Ranjeet ha contestado la última pregunta, las mujeres del pueblo empiezan una serie de ágiles bailes hipnóticos, con su larga melena suelta girando casi a ras de suelo. “Deberías bailar con ellas, así te crecerá el pelo más rápido”, bromea Gautham.

A eso de las 3 de la mañana, la compañía empieza a representar una obra tradicional en malabar cuyo argumento parece ser casi todo improvisado. Dado que la gente que me rodea se echa a reír a carcajadas, deduzco que la obra debe de ser muy divertida. Cuando uno de los actores se me acerca y recita unas frases con voz chillona para jolgorio  general, me pregunto si quizás debería haber aprendido malabar en vez de hindi. Por desgracia, es difícil traducir la gracia de los diálogos, incluso para Gautham. “Solo hizo una broma acerca de tu color de piel. La mayoría de la gente nunca ha visto a una mujer blanca en persona, solo en la televisión.” Horas después, cuando ha concluido la última danza y los tambores  se han dejado a un lado, un sol pálido se alza sobre los bananos. Cuando la luz matutina revela el sangriento alcance de la ceremonia, Gautham se pone a charlar con el padre de la familia anfitriona. “La mayoría de las personas no están satisfechas con el ritual, piensan que Ranjeet no estaba poseído de verdad, que solo estaba fingiendo, así que ahora quieren que les devuelvan el dinero.” Al parecer, en Kerala las ceremonias mágicas no son un asunto que se tome a la ligera, pues las dos partes establecen un contrato legal. Si la brujería no funciona, los magos son responsables. “Aunque la verdad es que otra ceremonia tampoco ayudaría”, se ríe Gautham. “Según la mitología hindú, vivimos en la era de la diosa Kali, que se caracteriza por la decadencia espiritual. Los dioses ya no visitan a los humanos para responder a sus preguntas.” Incluso es probable que esté puesto por escrito en el contrato, al fin y al cabo, incluso en la magia hay reglas.