Keren Ann: Hay que probarlo todo

Artículo publicado el 28 de Julio de 2007
Artículo publicado el 28 de Julio de 2007
Keren Ann, de 33 años, es una cantante francesa de origen holandés. Nació en Cesárea, Israel, vivió hasta los 11 años en Holanda y canta en inglés. Su vida gira hoy a caballo entre Islandia, Francia y Nueva York.

“El París de la libertad desde 1877”, reza la inscripción caída en desuso que adorna un lugar atípico, en el corazón de Belleville, uno de los últimos barrios modestos de la capital francesa: un inmenso cobertizo, un invernadero, una sala de proyecciones, una sala de conciertos. La primera cooperativa de París, la Bellevilloise, es hoy un lugar que acoge la cultura alternativa. Es inmenso pero cálido, y es en este lugar donde he quedado con Keren Ann.

La sala de conciertos, un sótano digno de un taller de coches, aún está vacío salvo por el personal técnico. Los pilares que decoran arabescos psicodélicos forman una perspectiva cuyo punto de escape es el rostro de la cantante. Llego durante la prueba de ecualizadores, es un extraña visión. Keren señala su boca, el techo, su guitarra, el suelo, el bajo de uno de los músicos, de nuevo el suelo. “Un poco más de guitarra, Philippe”. “¡Okay!” responde Philippe con acento americano.

Un poco más tarde, en una terraza, empezamos a hablar mientras se toma una cerveza. “Ya he pasado la edad del vodka, ahora es la del whisky. Pero hoy, me apetece una cerveza”, dice pícara en toda contradicción. Al igual que su música, Keren Ann esconde con pudor una cierta alegría de vivir bajo una descuidada apariencia. Su música ha sido calificada a menudo de nostálgica, ¿es ésta una característica que se cultiva al viajar? “La nostalgia, la melancolía no tiene nada que ver con el hecho de viajar. Puede que el momento de la partida entristezca un poco, pero la próxima llegada compensa. La melancolía está anclada en mí”.

Le pregunto cómo se presentaría a un público europeo. La pregunta queda resuelta con un gesto. “No tengo nada que decir sobre mí, no es muy interesante. Sugeriría mas bien que escucharan mi música, eso es lo que cuenta”.

Sueños en emociones

En efecto, su música cuenta. Aclamada por la crítica francesa y por la biblia de los Inrockuptibles, Keren Ann es un personaje clave de la nueva escena francesa. Surge en el año 2000: junto a su cómplice Benjamin Biolay, relanza la carrera del veterano cantante Henry Salvador en ese mismo año, co-escribiendo y componiendo las melodías de su álbum Chambre avec Vue que obtuvo dos premios Victoire de la música en 2001.

En menos de dos años, ha grabado dos álbumes de tonos intimistas y delicados, que se dirían del linaje directo de Jane Birkin o de Françoise Hardy: La Biographie de Luka Philipsen y La Disparition. Sin embargo, no quiere que la cataloguen entre las embajadoras de la nueva ola francesa. “Escribo en el idioma de la emoción. Si viene en francés, escribo en francés. La mayoría de las veces, pienso y siento en inglés, es mi primer idioma, no empecé a hablar en francés hasta los 11 años."

En Nueva York, donde vive desde hace 4 años, compone un nuevo álbum, llamado Nolita. “Nolita” por North of Little Italy (“al norte de la pequeña Italia”) pero también por “No Lolita”. Don’t say nothing, I’ll speak for two (“No digas nada; ya hablaré yo por los dos”), dice una de las canciones de su último álbum. De hecho, a mi interlocutora le gusta charlar. Abuelo ruso, padre israelita francófono y por otro lado una madre hija de una javanesa y de un oficial holandés. Keren evoca el multilingüismo y la importancia de una estimulación intelectual a cada instante.

Keren Ann me explica que le gusta leer tanto como le sea posible en versión original cuando conoce el idioma. Cita el hebreo, el inglés, el francés. Le pregunto en qué idioma sueña. “No creo que soñemos en ningún idioma, es un mito. Sueño en emociones. A veces sueño en idiomas que ni siquiera conozco, ya ves”.

Insaciable

Verdadera encarnación de la mezcla de culturas, de todos lados y por lo tanto de ninguno, ¿puede Keren Ann sentirse en casa en algún sitio? “Mi casa es ahí donde estoy. La llevo conmigo. En este sentido puede decirse que soy como un caracol. Estar desorientada forma parte de mi personalidad, y cuando se es músico es normal viajar. Por supuesto hay aspectos negativos. La el jet lag continuo, por ejemplo, no es muy agradable. Pero es la forma de vida que he elegido, así que no voy a quejarme, todo lo contrario.”

Me habla de los cuatro años que ha pasado en Nueva York, o más bien de los cuatro años en los que Nueva York ha sido su puerto de amarre a los Estados Unidos. Le pregunto si le gusta más viajar por Estados Unidos o por Europa. “Hay que probarlo todo. Cada lugar tiene su riqueza, lo importante es saber abrirse. Viajar es ante todo, una actitud, una manera de acoger la novedad. Cuando estoy en Nueva York, siento que estoy en esta ciudad y no en los Estados Unidos, si toco en Texas, tengo la impresión de estar en Texas. De igual modo, Europa no es un todo uniforme para mí. Ahora, me siento en Francia, y sé que Italia es diferente. Si mañana voy a Suecia, sentiré la identidad del país.” Una cantante trotamundos a la que le gusta sobre todo “la idea de que todas estas diferencias puedan unirse”.