¿Kerry e Irak: el hara-kiri?

Artículo publicado el 10 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 10 de Junio de 2004

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Irak se ha convertido en el tema principal de la campaña norteamericana. Si Kerry vence, también se convertirá en su mayor preocupación, visto que su promesa de rápida solución del conflicto será difícil de concretar.

Estados Unidos, única superpotencia desde el fin de la guerra fría, acaso haya entrado en una crisis de identidad cuyo nuevo capítulo sea la guerra de Irak. Por ello, la campaña electoral de las presidenciales del próximo mes de noviembre adquiere una dimensión muy profunda. Puede llegar a cuestionar la tendencia al unilateralismo hoy dominante y apoteósico bajo el mandato de Bush junior.

John Kerry, candidato por el partido demócrata, en caso de ser elegido en otoño, heredará esta situación. Y es que es en el flanco abierto por Bush con su lodazal irakí en donde ha colocado sus mejores piezas. Veterano de la guerra del Vietnam, pronto se hizo famoso por su compromiso en contra de la misma a su regreso a la vida civil. El aura de todo veterano de Vietnam le consagra una legitmidad y una credibilidad de la que Bush carece.

No obstante la postura de Kerry frente a la guerra no será fácil de mantener. Juega a la carta anti-guerra por resultar estratégicamente más rentable frente a Bush, pero su táctica rezuma subterfugios, ambigüedades, medias tintas. Como senador, sin embargo, votó a favor de la intervención militar en Irak el 11 de octubre de 2002, cuando el Senado emitió su autorización…, justo antes de formar parte de los 12 sendaores entre 100 que votaron en contra de una partida preupuestaria suplementaria de 87 mil millones de dólares para la guerra, solicitada por la Casa Blanca. Aunque más tarde –el 13 de mayo de 2004- anunciara su apoyo a una ampliación de 25 mil millones en el presupuesto de la guerra. Todo esto sin insistir demasiado en su silencio sobre Guantánamo y sobre las armas de destrucción masiva.

En un esfuerzo de imagen, Kerry se presenta como el apóstol del multilateralismo y como eurófilo convencido, entre el recuerdo de la fulgurante carrera de su padre Richard Kerry -conciencudo diplomático y apasionado del Derecho Internacional-, y el recuerdo de la «revelación del Mekong», revelación sobre la relatividad de la fuerza todopoderosa de los Estados Unidos.

¿Experimentará la política exterior norteamericana una vuelta de hoja, o nos hallamos sencillamente ante una simple táctica electoral?

Del barrizal vietnamita al irakí

De la campaña al despacho oval va a ser duro mantener las promesas. La situación en Irak se presume aún más complicada a partir del 20 de enero de 2005. Costará asumir las responsabilidades implicadas en Irak, especialmente las de la reconstrucción, al tiempo que se reduzca la presencia militar norteamericana cuya impopularidad no hará sino crecer en Oriente Medio. Kerry quizás busque deshacerse de su manto multilateralista,

abanderando la idea de ceder a Naciones Unidas parte del control de la situación. De modo que bajo la apariencia de una acción más legítima los EE.UU. se quitarían de encima el lastre de la gestión de un Irak empotrado en dificultades políticas y fuertes tensiones comunitaristas. Dicho esto, la ONU no está para pagar platos rotos, y acrecentar su presencia y su visibilidad en Irak significaría auspiciar y legitimar una situación de facto dudosa en el plano del derecho internacional, y que la propia ONU decidió condenar abandonando Irak tras el atentado del 19 de agosto de 2003.

Para el 30 de junio está previsto el traspaso de soberanía. A la vista de los debates electorales en los Estados Unidos, la presencia de las tropas americanas de ocupación tras esta fecha pende del resultado de las elecciones.

La retirada de las tropas estadounidenses de Irak, en la débil hipótesis de que fuera efectiva, vendría a ser un punto y aparte en la política exterior de los EE.UU.. Sería asimismo un desafío para el pueblo norteamericano en cuanto a la construcción de su identida y de su memoria. ¿Cómo asumir este fracaso, y sobretodo cómo reconocer los errores denunciando el cinismo de sus gobernantes? Y es que no hay duda de que la mayoría de la población estadounidense creyó a pies juntillas en los motivos enarbolados para para la intervención en Irak. He aquí «la sutileza» de la política exterior norteamericana: legitimar la realpolitik a través de los buenos sentimientos.

Es la herencia en términos de memoria histórica lo que le supondrá más dificultades a Kerry: considerarse inocente tras el Vietnam le ha supuesto una revelación. Lograr que el pueblo estadounidense se vea –y sea visto- de nuevo como el campeón de la libertad en el mundo requerirá sin duda una nueva intervención divina.