Kirguizistán: la última revolución

Artículo publicado el 29 de Marzo de 2005
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Artículo publicado el 29 de Marzo de 2005

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Las recientes elecciones celebradas en Kirguizistán han provocado, de forma inesperada, el último capítulo de la serie de revoluciones democráticas en antiguas repúblicas soviéticas. Seguiremos atentamente su evolución.

Kirguizistán acaba de protagonizar la más reciente de las llamadas revoluciones democráticas. El pasado 13 de marzo se celebró la segunda vuelta de las elecciones legislativas, en las cuales los diputados progubernamentales obtuvieron 69 de los 75 escaños del Parlamento, en medio de numerosas críticas sobre la legalidad del proceso. La resonancia que estas elecciones causó en los medios de comunicación europeos fue casi nula, dado que los indicios hacían prever que todo seguiría igual después de la elecciones: un poder bien asentado y sobre todo una oposición aún débil y dividida, que sólo había empezado a reaccionar en vísperas de las elecciones, difícilmente hacían presagiar una evolución de los acontecimientos como la que ha tenido lugar.

No obstante, los movimientos opositores fueron tomando importancia los días posteriores a las elecciones. Las reacciones empezaron en algunas ciudades del sur y fueron desplazándose progresivamente hacia el norte hasta llegar a la capital, Bishkek. El pasado viernes los acontecimientos se precipitaron y el presidente Akáyev huyó hacia Moscú, aunque declaró que no iba a dimitir y que su salida del país era temporal. Los manifestantes tomaron el edificio gubernamental y Kurmanbek Bakiev se convirtió en el nuevo hombre fuerte del país. Bakiev, que ostenta de forma provisional los cargos tanto de presidente como de primer ministro, fue hasta 2002 un hombre del entorno de Akáyev, con quien llegó a ser incluso primer ministro. La toma de poder de antiguos hombres del régimen y el reconocimiento por parte de éstos del parlamento surgido de las elecciones consideradas fraudulentas ha provocado una cierta frustración entre algunos de los manifestantes, que no entienden para qué se ha hecho la "revolución".

El antiguo país de Akáyev

Este pequeño país montañoso había sido gobernado desde 1990 por Askar Akáyev, quien a mediados de los años noventa dio un giro radical a su política de impulso democrático y empezó a adoptar prácticas propias de un Estado autoritario, siendo las elecciones de 1995 y de 2000 claros ejemplos de estas manipulaciones gubernamentales.

La sociedad kirguís, que desde entonces se ha empobrecido considerablemente, ha visto muchos de sus derechos y libertades violados. El gobierno ejercía un poder casi absoluto sobre la población, pues dominaba los medios de comunicación y controlaba a los grupos opositores, impidiendo así la creación de una sociedad civil fuerte y organizada.

A pesar de la represión gubernamental, los grupos de la oposición kirguís, caracterizados por su falta de cohesión interna y por su debilidad, empezaron a organizarse y a fortalecerse durante los meses que precedieron las elecciones.

A medidos del pasado mes de enero, y en vistas a la primera vuelta de las elecciones legislativas, los partidarios del grupo de la oposición Ata-Jurt organizaron protestas en la capital, Bishkek, contra la decisión de denegar la candidatura a la ex ministra de asuntos exteriores Roza Otumbaeva, una de las líderes de este grupo. También se había denegado el derecho a participar en las elecciones a otros opositores en beneficio de candidatos del círculo familiar de Akáyev (como su hija).

Como consecuencia de la rápida organización de los grupos opositores, algunos analistas internacionales especularon la posibilidad de una revuelta social postelectoral, pero la mayoría diagnosticó simplemente que la oposición saldría reforzada, siempre dentro del mismo marco político.

El próximo mes de junio se celebrarán elecciones presidenciales, se presume que seguidas por otras legislativas, y Bakiev tendrá que demostrar que las urnas le legitiman. Este proceso electoral deberá aclarar el panorama político del país y, aunque parece que la situación actual es irreversible, habrá que estar atentos a su evolución. De momento, Akáyev ha declarado que va a volver para poner fin a este “golpe de Estado anticonstitucional”, mientras el nuevo ministro del Interior, Felix Koulov, ha afirmado: “La revolución todavía no ha empezado”.