Kosovo: el futuro se encuentra dentro de Europa

Artículo publicado el 28 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 28 de Febrero de 2007
Mientras prosiguen las negociaciones sobre el estatuto de Kosovo, ¿qué piensan los serbios y albaneses sobre la identidad kosovar?

Mitrovica es una ciudad de historia explosiva en el norte de Kosovo, cuyo río separa las dos partes de la población. Bajo su claro cielo azul, atravieso el alambre de espino y cruzo el puente, observado por dos soldados franceses de aire indolente. En la terraza del café La Dolce Vita, me encuentro con Oliver Ivanovi. Este líder del partido serbo-kosovar podría haber sido el hermano irónico de George Clooney: pelo canoso, mandíbula marcada y pequeña sonrisa siempre instalada en la comisuras de sus labios, los labios de alguien que sabe que todo el mundo estará en desacuerdo con él.

Permanecer Serbio

Para tratarse de un político serbio, su deseo de hacer frente a la realidad es extraordinario. “Mi postura sería la de autonomía máxima para Kosovo, no la de independencia. Sin embargo, si -y esto es una hipótesis que casi ningún político serbio se preocuparía en contemplar- este país fuera independiente, entonces yo permanecería como un serbio en Kosovo, al igual que ellos continúan siendo kosovares en Serbia. Todo el debate sobre la identidad nacional no es más que un proyecto.” Dice esto mientras en la primera página de la revista Java de esta semana se dice: “Si los serbios queremos vivir en Kosovo, tendremos que comunicarnos con los albaneses”.

“¿Qué es la identidad Kosovar sino una mera ilusión? La única identidad que compartimos es con Serbia. Somos más serbios que la propia gente de Serbia”, proclama Ivanovi acompañado de su pequeña sonrisa. Sobre lo de convertirse en una democracia al uso, asegura: “Podemos vivir y trabajar juntos, mientras los derechos de las minorías se garanticen. La comunidad internacional no garantizará la independencia albanesa hasta que hayan probado su capacidad para dejarnos tener nuestro lugar por derecho propio en el sistema. Veo nuestro futuro dentro de la UE, con dos ciudadanías constitucionales, como en Bélgica”.

¿Y está preparado para ser la voz de Serbia cuando Migjen Kelmendi (escritor editor de la revista Java y el hombre que impulsó el debate sobre la identidad kosovar) decida publicar la segunda edición de su libro sobre el debate acerca de lo que es ser kosovar? “Él también puede venir y entrevistarme. Diré punto por punto lo mismo que estoy diciendo ahora. Lo que pasa es que él está perdiendo terreno; quizás debiera volver a ser sólo escritor, como antes.”

El hombre más sensible de Kosovo

De vuelta a la capital, Prístina, el filósofo Shkelzen Maliqi, con la gorra de béisbol de un chaval y la barba blanca de un albanés maduro, disfruta del sol en el césped frente al café Toto. Los negocios y la política aquí parecen hacerse delante de un café y un vaso de rakija. Ramush Haradinaj, el joven ex primer ministro ahora en La Haya acusado por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia de crímenes durante los conflictos armados en Kosovo en 1998 y 1999, a menudo frecuentaba mesas de cafés como estos.

Estos cafés kosovares están regentados por pequeños empresarios testarudos acostumbrados a ocuparse sólo de sí mismos. No tendrían una tradición de autonomía como nación, y como individuos no tienen talento para la dependencia. Cuando ciertos informes sacaron a la luz el auge de la religiosidad entre los jóvenes y los desempleados, a menudo se trataba sencilamente de una práctica Sufi, más espiritual, más mística. Incluso para este imam, los kosovares no podrán transferir su independencia.

Maliqi es la personificación de esta independencia mental. Tildado como “el hombre más sensible de Kosovo”, este filósofo nunca se ha metido de manera activa en política. Cada vez que sus opiniones rebaten a las de la mayoría, tiene que escuchar que le recuerden cómo su padre era el dirigente de la policía secreta serbia.

El futuro de Europa: Balcánico

Fastidia estar de acuerdo con Ivanovi. “Las frustraciones serían menos si nos preocupáramos por mejorar la infraestructura, la agricultura y el mercado laboral. Los serbios tendrán que recibir garantías, incluidos fuertes lazos con la Madrre Patria. Todo bajo la vigilancia internacional para empezar y, después, dentro de la UE. Una identidad compartida puede tener un efecto movilizador en tiempos de amenazas, pero la necesidad de esto desaparece una vez que éstas se van.”

Hoy en día, reconoce que las cosas están moviéndose. “Los ideales sobre los que se construyeron los partidos políticos –la guerra, la independencia– quedan atrás. La estructura de poder está cambiando; prósperos hombres de negocios recién llegados están apareciendo en escena. Una nueva generación se comunicará de manera diferente con los serbios y otras minorías.” Como un verdadero optimista, clama que esto es una cuestión de sentido común. “La generación cercenada por la ocupación y la guerra, le hará sitio a una más joven y flexible. Reunirá su identidad en un contexto más internacional y de esa manera pasará a ser cada vez menos ‘albanesa”.

Todos aquellos con los que hablo ponen el acento sobre la misma aseveración: el futuro se encuentra dentro de la Unión Europea. La ajada oposición entre los serbios y los albaneses tendrá que disolverse en la Europa de las fronteras fluidas y las identidades híbridas. Los intelectuales de la región apodan a los Balcanes como “el futuro de Europa”. No por sus primitivas aguas estancadas, sino por estar a la cabeza en el camino hacia una realidad en la que el debate sobre la identidad nacional se ha convertido en un anacronismo.

Foto, nuevo puente de Mitrovica (Makilika/Flickr)