Krista Sager: realismo verde para Europa

Artículo publicado el 25 de Julio de 2005
Artículo publicado el 25 de Julio de 2005

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Como muchos izquierdistas de su generación, Krista Sager, miembro del Partido Verde en el parlamento alemán, ha evolucionado en los últimos 30 años desde la oposición radical al pragmatismo en interés del Estado.

Krista Sager se está dando unas pequeñas vacaciones: ayer se subió a la Torre Eiffel y se dio un paseo por las salas del museo del Louvre; esta tarde tiene localidades para la ópera. Esta líder de los ecologistas alemanes en el Bundestag rara vez tiene la oportunidad de darse un respiro en política, pero ahora tiene dos días libres en París tras participar en un debate televisado en la cadena germano-francesa Arte. Dicho esto, no pierde de vista ni un solo segundo la política nacional: “No viajo allá de donde no pueda regresar con rapidez, o donde no pueda estar accesible por teléfono.”

Nos encontramos con Krista Sager, de 51 años, en un pequeño hotel de la margen izquierda del Sena. La rodean ejemplares de Le Figaro o de International Herald Tribune en la sala de desayunos decorada en tonos verdes cuyos arreglos florales le confieren un ambiente oportunamente acogedor. Camareros con pajarita apresurándose entre burgueses trajeados. Irrumpen jóvenes ataviados con vaqueros y camisetas en vez de los acostumbrados trajes de chaqueta y causan la confusión entre los empleados, pero cuando por fin nos sentamos con la política ecologista, enseguida nos sumergimos en conversaciones intensas que nos hacen olvidar el ambiente que nos rodea.

Mezcla europea

Mientras su marido se ensimisma en la lectura de sus periódicos, Krista Sager me va contando sus orígenes familiares. Su abuelo, un rumano de Sibiu, era Transilvano y Sajón, hijo de un alemán y de una húngara. Su propio padre, un soldado alemán, conoció a su madre danesa durante la ocupación alemana. “Les resultó casi imposible mantenerse juntos. Sólo tras el final de la guerra lograron el permiso para casarse.” Para Krista Sager, que ha crecido en un universo bilingüe alemán y danés, la segunda guerra mundial sigue siendo el punto de referencia político fundamental, no sólo respecto al proyecto europeo: “No me parece tan evidente que hayamos dejado atrás nuestras enemistades. Cuando era niña solía preguntar a mi madre si mi hermano alemán y mi primo danés tendrían algún día que luchar el uno contra el otro en una guerra. Me obsesionaba esta idea.”

Europa, de todos modos, es algo más que un proyecto de paz. “Es también un proyecto de libertad y democracia –como lo muestra la integración de Europa central y oriental– y de prosperidad.” Un milagro económico europeo, como el de Irlanda, España y Grecia debe poder repetirse con los nuevos Estados miembro. “Durante siglos, Irlanda fue el trastero de Europa, y ahora el país tiene el segundo Producto Interior Bruto (PIB) por habitante de la Unión. “¿Por qué no pasaría lo mismo en Europa oriental?” Pero a diferencia del modelo estadounidense, no sólo se basa en ‘economía e individualismo’. ¿Cuáles son los valores europeos? Aquí también, Krista Sager ve una necesidad de clarificación: “Debemos tratar de definir un modelo europeo fundado en valores, y que reconozca nuestra responsabilidad social y medioambiental.”

Turquía dentro, Rusia fuera

A pesar de la vaguedad del término, el “modelo europeo” debería convertirse en el principal activo exportado de la UE, según Krista Sager. La Unión puede proveer una serie de instrumentos ejemplares para regiones como Oriente Medio, en donde hay conflictos desde hace siglos y en donde unirse a la UE está completamente descartado.” Justo cuando nuestra conversación se pone al rojo vivo, nuestro café se acaba por enfriar. Vuelvo a llenar las tazas. Cada región del mundo puede tener su propia UE, pues. ¿Pero dónde coloca Krista Sager los límites europeos? “Yo no contemplaría la integración de Rusia, Israel y los países del Magreb”, nos contesta; “Ucrania es un asunto complejo, porque la posibilidad de entrar en la UE puede partir el país en dos. De todos modos, sí pienso que es importante trazar un puente sobre el Bósforo y traernos a Turquía para adentro.”

La clase de ciudadanía europea comprometida de la que Krista Sager habla no siempre ha sido la deseada por los Verdes alemanes: “A principios de los años ochenta, los partidos de izquierda no eran europeístas. El Partido Socialista del Pueblo en Dinamarca no se definió como europeísta hasta el año pasado. Pero los Verdes comprendieron mucho antes la necesidad de asegurar la libertad, la democracia y el respeto de los Derechos Humanos ampliando nuestra comunidad. Fue Joschka Fischer [el Ministro alemán de Asuntos Exteriores] quien por encima de todos se esforzó en empujar al partido en esta dirección. Hoy, los Verdes es una de las corrientes que lideran el proceso de integración europea y Alemania es ya un socio estable de Israel –lo que no era tan evidente hace tan solo 20 años- de resultas de los esfuerzos de Fischer.

Ascenso al poder

La transformación de los Verdes de un partido de oposición muy ideologizado a un partido de gobierno representando los intereses del Estado encuentra su eco en la propia vida de Krista Sager. En los años setenta, fue miembro activo del KBW (la Asociación Comunista de la Alemania del Oeste), algo que ha sido sutilmente solapado en cuanto a su currículum político oficial. “Eran tiempos totalmente distintos. El debate social se encontraba muy polarizado. Hoy en día, la discusión se caracteriza por la tolerancia y el compromiso.” La rebelión contra aquella Alemania casi antidemocrática se ha convertido hoy en un ascenso al poder fundado en la práctica del propio poder, un desenlace que Krista Sager sobrelleva a la cabeza del PartidoVerde, durante debates televisados en Arte y en este salón verde mentolado de este hotel de París inundado de diarios conservadores. El compromiso político es la máxima de Krista Sager: “El compromiso no tiene nada que ver con la cobardía o la debilidad; es la savia de una sociedad libre y liberal. Esto es también importante para el proceso europeo: la incapacidad para el compromiso revela una falta de voluntad para crear esa clase de Europa.”