Kurdistán: ¿Ilusión o Revolución?

Artículo publicado el 24 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 24 de Mayo de 2004

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Unas nuevas leyes deberían garantizar los derechos de la minoría kurda. ¿Qué ocurre realmente detrás de las declaraciones públicas?

Hace 5 años que Abdullah Ocalan fue secuestrado en Turquía con la ayuda de los servicios secretos extranjeros, una larga odisea a través de Europa en dramáticas circunstancias. El arresto del líder político del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) supuso un cambio histórico en este sangriento conflicto, que lleva desestabilizando Turquia desde 1984. Soprendentemente, Ocalan hizo una llamada a su partido para que renunciase al uso de la violencia, de esta manera el PKK acordó un armisticio parcial y retiró las tropas del norte de Irak. Salvo incidentes puntuales, el ambiente se ha distendido desde entonces en el sur de Turquía, y la cuestión kurda ha desaparecido del punto de mira del público europeo. Aún así, tanto la tranquilidad como la estabilidad de esta situación son cuestionables.

Atatürk y el ejército

Las causas de la guerra civil provienen de dos pilares básicos de la República Turca: el espíritu kemalista del estado, y el papel de las fuerzas armadas en en el terreno político. El fundador del estado, Mustafa Kemal, declaró que el pueblo turco es una unidad inseparable, que no reconoce la existencia de la lengua kurda, ni de su cultura, ni de su identidad étnica y condenó todas aquellas afirmaciones contrarias a sus declaraciones calificándolas de separatistas. El problema kurdo era obvio, pero se aclararía con el subdesarrollo de las regiones montañosas más apartadas, convirtiéndose por lo tanto en un problema económico y no cultural.

El ejército se autoconsideró el guardián de la Constitución, exigió el derecho a controlar la política y, en caso necesario, a intervenir regularmente. Durante el conflicto bélico el ejército dominó de manera absoluta el Consejo Nacional de Seguridad en el territorio kurdo, uno de los gobiernos en la sombra del ejército que carecía de las autorizaciones democráticas pertinentes. Sin lugar a dudas, la violenta adaptación que experimentaron los kurdos resulta de la ficticia idea de un pueblo único e inseparable, que permitió que el conflicto justificase la posición dominante del ejército. Una posible solución vendría dada por el rechazo a la concepción kemalista del estado y por la abstención del ejército en lo que a política se refiere.

Se ha avanzado considerablemente bajo la presión de la UE, en concreto bajo la mirada del partido pro-europeo de justicia y desarrollo (AKP), que ha destinado varias horas a la semana para emisiones kurdas en la radio pública y en la televisión y ha autorizado la enseñanza de la lengua kurda. Así, se ha reconocido por primera vez la existencia de dicha lengua. Otro proyecto central del gobierno es limitar el poder del Consejo Nacional de Seguridad. Pero aún opone resistencia, y el ejército parece un poco reacio a aceptar que no tiene que mezclarse en la política del país.

Presos políticos

De cualquier manera, la cuestión kurda no se da por perdida en absoluto. Todavía hay miles de refugiados que no pueden volver a sus pueblos porque están ocupados ilegalmente por milicias fieles al estado. Todavía hay intrusiones por parte de las fuerzas de seguridad en el territorio kurdo, donde el cambio político de Ankara todavía no ha llegado a las comisarías. Todavía están entre rejas Leyla Zana y los otros tres diputados kurdos que fueron encarcelados en 1994. Todavía no se enseña kurdo en las escuelas, solamente se puede aprender durante el tiempo libre y costeándose uno mismo las clases. Además, a pesar de la admisión de los kurdos en los medios de comunicación, no se puede esconder la discriminación de periodistas, intelectuales y políticos pertenecientes a esta etnia.

El gobierno de Tayyip Erdogans ha proporcionado unas bases jurídicas que permiten que ambos grupos populares coexistan en paz, de forma que los policías, oficiales y jueces perseveran a menudo en las tradicionales maneras de pensar. Hoy en día existen leyes que por primera vez reconocen la existencia de esta minoría y que admiten algunos de sus derechos fundamentales, aunque carecen de significado alguno si el representante del estado no obra teniéndolas en cuenta. El gobierno de Ankara debería de empezar a preocuparse ahora por implementar dichas leyes a nivel estatal y velar por su cumplimiento.

Ninguna confianza en Europa

La UE ha desarrollado un papel esencial. Durante mucho tiempo ha hecho la vista gorda y ha pasado por alto las violaciones masivas de los Derechos Humanos por respeto a la OTAN. La intervención de la organización a favor de Kosovo causó un descontento generalizado entre los kurdos porque veían en ello, no sin razón alguna, un doble interés, a pesar de que la OTAN reiterase que intervenía por motivos humanitarios. Los kurdos apenas confían en la OTAN y en la UE. Por ese motivo debe insistir ahora la UE en que estas leyes se lleven a la práctica. La pobreza y el subdesarrollo pueden explicar en parte la resistencia kurda. Sólo cuando Ankara respete totalmente los derechos políticos y culturales del pueblo kurdo reinará la paz permanente.