La acogida de refugiados en Alemania: Hipocresía eurocentrista

Artículo publicado el 23 de Septiembre de 2015
Artículo publicado el 23 de Septiembre de 2015

Nos hemos convertido en maestros en el arte de especular tragedias. La nueva “cultura de acogida made in Germany”  no es una fiesta de consenso entre los pueblos, sino la de un eurocentrismo por el bien común.

En medio de las noticias aterradoras sobre los centros de refugiados incendiados y de una canciller que se pelea durante días, es primordial acoger a los refugiados. En el trasfondo de esta situación se encuentran una política de asilo inhumana, la negativa de Europa para abrir canales legales de inmigración frente a la crisis humanitaria y la inacción de Alemania para ayudar países como Italia o Grecia; aunque parece que es particularmente importante mostrar que los refugiados son bien recibidos en Alemania.

¿Una fiesta de consenso entre pueblos?

Para muchos, lo que está ocurriendo estos días en Alemania, se parece a una auténtica fiesta. Los periódicos, la televisión e Internet nos bombardean hasta la saciedad con fotos de niños sirios que reciben, exultantes, peluches de manos de benévolos alemanes. En la principal estación de Munich se canta la Oda a la alegría y el coro se hincha de orgullo anunciando “¡No necesitamos más donativos!”.

Se aplaude la llegada de los refugiados, en los medios se habla de una fiesta de encuentro entre los pueblos, aunque con un balance de más de 250.000 muertos en Siria y más de 11 millones de personas huyendo, todo esto resulta sarcástico. Tanto Europa como Estados Unidos cargan con la responsabilidad de la desestabilización de los países de origen de los refugiados. El colonialismo europeo y las estructuras neocoloniales como la “Guerra al Terror” de Bush han devastado regiones enteras explotando los derechos y los recursos.

¿El mundo entero nos felicita?

Alemania no sólo ha hecho muy poco para conciliar entre las partes en conflicto en Siria, que se ha extendido por toda la región con la aparición del Estado Islámico y se ha convertido entretanto en una guerra subsidiaria. Más bien todo lo contrario, ya que al haber armado a los kurdos, es decir, a un solo grupo étnico, Alemania ha reforzado los enfrentamientos en una región multiétnica.

Mientras que el gobierno alemán habla de soluciones políticas y propugna una política exterior de abstención, el país se ha convertido, gracias a la guerra en Siria, en el tercer mayor exportador de armas del mundo. Sabemos que Alemania ha participado en la construcción del arsenal de armas químicas de Siria, donde en agosto 2013 más de 1.300 personas murieron por un ataque con gas venenoso. Los misiles franco-alemanes MILAN son utilizados tanto por Assad, como por los "rebeldes".

Aquellos que juzgan como “ejemplar” la cultura de acogida alemana deberían plantearse también por qué Alemania todavía no ha entregado la suma exigida por ACNUR para apoyar a los países vecinos de Siria. Pero estos países están muy lejos para que sigamos hablando de soluciones políticas. Y de todos modos no tendrían suficiente dinero como para llegar hasta Alemania.

Los alemanes se lo pueden permitir…

Es cierto. Alemania puede permitirse el lujo de acoger refugiados. Angela Merkel ha camuflado la recepción de refugiados llegados de Hungría como un deber moral para, a raíz del ejemplo de Alemania, movilizar y pedir responsabilidad a los otros estados de la Unión Europea para una distribución justa de los refugiados. Así, un discurso político se convierte en una llamada a la empatía de los Estados miembros, lo que enmascara la responsabilidad de Alemania por la desastrosa situación en países como Grecia y Portugal.

¿Cómo los países cuyos trabajadores cualificados se ven obligados a emigrar pueden aceptar a los refugiados? La decisión de Merkel de dejar venir a los migrantes a Alemania está motivada por razones económicas. Y aunque muchos siguen aún llegando, siempre podemos apelar a la moralidad de los demás...

¡Muy bien, muy bien!

Aquel que explota recursos y derechos, cofinancia guerras, se aprovecha de la desgracia del prójimo y después acoge una proporción absolutamente ridícula de refugiados... no, no tiene una política admirable. Aquel que celebra una fiesta de encuentro entre los pueblos con globos y peluches en la estación, sin alzar la voz en contra de la política imperial, se acerca a la misma contradicción que cometió Sigmar Gabriel (Ministro de Economía y Presidente Federal SPD), que exporta armas a Qatar y Arabia Saudí y al mismo tiempo que abre centros de refugiados con Til Schweiger (cineasta alemán). Aquí el que aplauda, se estará aplaudiendo a sí mismo y a la Canciller; que ha sido lo suficientemente inteligente como para darse el papel del último salvador al rescate. Quién aplauda aquí, estará aplaudiendo la guerra.

Frente a un nuevo debate sobre las leyes de asilo y otro sobre la distribución de los refugiados en Europa, necesitamos sobre todo una cosa: Abandonar nuestra visión hegemónica  y eurocéntrica del resto del mundo.

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Autor: Amrei Deller