«La alternativa a Putin es una UE responsable»

Artículo publicado el 15 de Marzo de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 15 de Marzo de 2004

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La sociedad rusa y sus élites están aún muy marcadas por el sovietismo. La alternativa llegará del exterior, de una UE responsable, nos explica el fundador de “Estudios sin fronteras”

Jean Christophe Nothias es fundador de la ONG “Estudios sin Fronteras”, creada en febrero de 2003, con el fin de permitir a estudiantes en peligro realizar sus estudios en occidente. La organización empezó por los jóvenes chechenos. El Sr. Nothias es actualmente director de la revista Europ’Bazar, de próxima aparición.

¿Existe una alternativa política al retorno de la tradición autoritaria en Rusia?

Rusia es un país extremadamente violento y dinámico: mil oportunidades con mil riesgos. No es un país democrático. La propia idea de democracia es difícil de desarrollar allí. El conjunto de la administración, no solamente Putin, se formó bajo el sistema soviético y no conoce otros modelos. Nada prohíbe a los rusos tener una verdadera democracia. Pero hay alguien que no quiere una alternativa. Alguien que se opone por la fuerza a la expresión de nuevas ideas. Pero que está bastante tranquilo porque por el instante no existe frente a él una generación capaz de poner en duda su sistema. Todos tienen un poco la misma formación.

Para usted, Occidente no ha hecho su trabajo. ¿Cuál debe ser la actitud de la UE frente a esta democracia dirigida de Putin?

Paradójicamente, la primera alternativa a Putin se encuentra en el exterior: al Oeste. Por el instante, la UE hace la vista gorda. En lugar de avanzar con los rusos exigiendo de ellos mejoras concretas de sus mecanismos políticos, no dice nada, tolera mientras puede... Se ven muchas cosas pero se rechaza extraer las consecuencias. Porque hay mucho en juego diplomática y económicamente.

La alternativa a Putin es ser responsable. Si los jefes de estado de la UE no tienen la valentía de decirle a los rusos otra cosa que “estamos a favor de una solución política” hablando de Chechenia, la alternativa política no emergerá en Rusia. Nuestro silencio alimenta el miedo de los rusos, que han vivido un siglo de terror y cuya autocensura es extremamente fuerte.

¿Está la sociedad civil preparada para el cambio, para ofrecer una verdadera alternativa?

Los ciudadanos rusos hoy son mayoritariamente pobres, tienen miedo. Aunque tienen aspiraciones, han aprendido durante años a callárselas. Yo no diría que los rusos no están hechos para la democracia. Ése es el discurso del gobierno francés: Putin o el caos. No estoy de acuerdo. Puede haber centenares de alternativas a Putin. Pero nuestra posición en occidente es tal que cualquiera que tuviera la idea de batirse en el plano democrático no se sentiría apoyado. Los disidentes rusos, como Soljenitsyne, lo estaban.

En Rusia ya no se habla del Goulag, se acabó. La moda del momento es celebar el día de la Tcheka (policía política del régimen soviético). Ésa es la Rusia de hoy día. La alternativa política no existirá –porque existirá- hasta que no llegue una nueva generación, una nueva educación, y cuando los herederos del sistema Yeltsin hayan pasado el testigo. Sin embargo, sin una posición de apoyo por parte del oeste, eso no sirve para nada.

¿Cuál es el papel de la juventud rusa a la hora de buscar el cambio?

En la juventud de hoy, hay millones de rusos que quieren vivir, divertirse, disfrutar de la vida. No revolverse. También hay mucho dinero que circula a causa del petróleo.

Para mí la Rusia de hoy es un mundo de locos. La ausencia de un contrapeso exterior a esta especie de locura tiene por consecuencia que cada uno hace lo que quiere. La Rusia de hoy vive con eso. De alguna manera, el joven ruso pasa. Sobre todo si ha sobrevivido al servicio militar, o si ha pagado para no hacerlo. Vive en un sistema completamente corrupto. Cree que todo vale, que todo está permitido. Piensa que es suficiente con dinero y que en occidente es lo mismo. La prueba es que el oeste no dice nada. Es lo normal. Así que, ¿por qué cazar a Putin? Es bajito, hace deporte para mantenerse en forma. Durante su mandato de cuatro años, no ha habido inflación, la tasa de cambio siguió estable, el crecimiento se ha mantenido. Aumentará las pensiones de los pobres... ¿Para qué echarle? ¿Para meter oligarcas que se han beneficiado del sistema de corrupción de la época de Yeltsin?

¿Es demasiado tarde para encontrar una alternativa a la mano de hierro de Putin en Chechenia?

Cuando estuvimos con los estudiantes chechenos en el consulado de Francia, había una empleada rusa. Nos hizo una pregunta: “¿No tenéis miedo? ¿No son peligrosos?” Como si se tratara de bestias salvajes. Es una fijación generalizada, no sólo de Putin. Existe un viejo racismo: los chechenos son musulmanes. Desde siempre se les ha deportado. Chechenia es un punto de crispación general. Todo el mundo piensa que los problemas vienen de allí. Un checheno es necesariamente una bomba viviente, un peligro, un problema.

El sistema educativo ruso es también extremadamente sorprendente. Nunca se habla del goulag. No se dan cifras, el número de muertos. Los medios de comunicación rusos, excepto Novaïa Gazeta, que sobrevive gracias a la presión internacional, son nulos. En ellos encontramos las emisiones banales de occidente.

Pero la verdadera libertad de expresión no existe. Así que ¿cómo educar a los jóvenes para hacerlos responsables de su elección política?

Rusia no ha conseguido superar su historia totalitaria y sus viejos demonios. La población rusa está todavía aterrorizada, aunque con métodos más suaves. Ser un joven ruso no es un estado de libertad personal: sobre el plano económico, educativo, social o informativo. He tenido muchas conversaciones con gente que me preguntaba de dónde sacábamos nuestras informaciones [sobre Chechenia]. Les llevamos fotografías, la prensa de Estados Unidos... No se creen una palabra. “Es intoxicación, propaganda”. Da un poco de miedo. No ven más que temibles musulmanes terroristas chechenos que quieren hacer volar el Kremlin.

Podemos considerar que la alternativa está ahí, en potencia. Pero hoy Rusia no se mueve de su pedestal de hormigón. No por haber tirado la estatua de Stalin el espíritu del sovietismo ha desaparecido. Quizás, la gente espera incluso reencontrarlo.