La ampliación, ¿el final de la integración política?

Artículo publicado el 10 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 10 de Mayo de 2004

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Tras la ampliación del 1 de mayo surgen voces que afirman que los estados de Europa Central suponen un freno a la integración política en Europa.

Durante los años de Guerra Fría, las sociedades de Europa Central deseaban unirse al resto del continente. Pero no fue posible debido a los acuerdos de Yalta y a la situación política en el mundo. Sin embargo, una vez alcanzada su libertad en 1989 y 1990, empezaron inmediatamente a acortar distancias con las sociedades occidentales en todas y cada una de las facetas de la vida: desde la construcción de una economía de mercado hasta reformas administrativas; desde reformas sociales hasta el aprendendizaje del coste-beneficio de la libertad. Este proceso de cambio socio-económico iniciado a finales de los ochenta y principios de los noventa se llevó a cabo con éxito. Hoy día, los Estados que se han unido a la UE el uno de mayo son democracias estables con economías libres de mercado que respetan los derechos humanos –algo que resultaba inimaginable hace sólo dieciséis años.

Acortando distancias

Acometiendo este enorme esfuerzo, los centro-europeos han utilizado su gran potencial para implementar el cambio. Han cambiado y siguen haciéndolo. De hecho, están evolucionando mucho más rápido que ninguna otra sociedad europea occidental. En el nivel social, a principios de los noventa Polonia era comparada con la España de los cincuenta. La Polonia de mediados de los noventa estaba en una situación similar a la Francia de los sesenta. Hacia finales de la última década, la situación social polaca era comparable a la española de finales de los setenta. A día de hoy, con tasas de paro alcanzando el 21%, se compara a menudo con la España de finales de los ochenta y principios de los noventa.

A nivel político-institucional y en términos de estabilidad democrática, los Estados de Europa Central acortaron distancias rápidamente. Con pocas excepciones, alcanzaron el nivel de Europa Occidental a mediados de los noventa. Respecto a la integración política, sólo ahora, tras la ampliación, van a empezar a reducir distancias porque, durante siglos, no se les dio la oportunidad de experimentar ninguna integración política voluntaria. Su pasado reciente sugiere que la integración política sólo puede ser introducida por un poder más fuerte.

Algunos de los nuevos ciudadanos europeos aún temen que el proyecto de integración europeo sea, como el soviético lo fue una vez, introducido por la fuerza. Esto es una señal para los líderes de Occidente, y en particular para Alemania y Francia. Deben ser muy cuidadosos en sus relaciones con esos estados, incluidos Polonia y la República Checa, para no enajenarlos de la integración europea.

En menos de dos décadas Europa Central ha experimentado la evolución que realizaron los Estados europeos durante sesenta años. Es cierto que a nivel socio-económico estos Estados aún no han llegado a la situación de las sociedades occidentales. No obstante, con la velocidad a la que han ido, en los próximos años alcanzarán su nivel. Lo que ahora necesitan es unos años en la UE para aprender por ellos mismos que la Unión no busca dominar a nadie o crear guerras.

Y volviendo a la cuestión inicial: ¿ponen objecciones los centro-europeos a un continente unido políticamente? No. ¿Por qué? Porque son, tanto como cualquiera en el continente, europeos preocupados por el futuro de Europa. Si el federalismo es la verdadera respuesta a los retos que enfrenta Europa, lo apoyarán.