La ampliación, momento de la verdad para la construcción europea

Artículo publicado el 7 de Abril de 2003
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Artículo publicado el 7 de Abril de 2003

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Aclaración sobre la profunda relación que existe entre la ampliación y la reforma de la Unión empezada por la Convención

En mayo de 2004, diez de los trece países candidatos a la entrada en la Unión Europea serán admitidos. Paralelamente, hasta junio de 2003, la Unión deberá volver a pensar su funcionamiento a “marchas forzadas” en el marco de la Convención para el futuro de Europa. Esta ampliación no es la primera de la Unión, y no será la ultima. Sin embargo, más que en las anteriores ocasiones, esta próxima ampliación será sin duda la hora de la verdad para la Unión Europea: su éxito depende de la capacidad que demuestre la Unión para reformarse, de la definición de la identidad europea y del sentido que queremos darle a Europa.

La ampliación ha sido a veces calificada de “proyecto fachada” por sus detractores. Según esta visión, ampliando Europa, los Quince hubieran querido, en realidad, acelerar la reforma de las instituciones. Volver a pensar el modo de funcionamiento de las instituciones parece, en efecto, necesario para evitar la parálisis. La Comisión no podrá funcionar de manera eficaz con 25 miembros, las propuestas de textos corren el riesgo de perder fuerza en un consenso blando. Asimismo, en lo que se refiere a la toma de decisiones en el Consejo, la extensión de los campos de aplicación del voto a la mayoría cualificada y su reforma serán esenciales para evitar los bloqueos. Estas reformas serán mas necesarias todavía después de la ampliación, porque los debates serán seguramente vivos y marcados por un consenso raro.

Los países candidatos viven una situación económica, política, y defienden intereses todavía muy distintos de los Quince. Algunos temas como la agricultura, las ayudas públicas, las contribuciones respectivas de los Estados, serán objeto de debates apasionados. Es cierto que la entrada en la Unión será un potente factor de crecimiento económico y de consolidación de la democracia: los precedentes de España, Portugal y Grecia están ahí para demostrarlo. Sin embargo, durante las ampliaciones anteriores, la Comunidad europea no conocía la recomposición institucional actual. El éxito económico y político de la ampliación está por tanto estrechamente condicionado por la capacidad de la Convención de reformar eficazmente las instituciones.

“Uno no se puede enamorar de un mercado”

La ampliación permitirá también volver a pensar el sentido y el contenido de la construcción europea. La formula adoptada por la Convención de invitar los representantes y parlamentarios de los países candidatos a participar a la reforma era una solución políticamente legitima y estratégicamente necesaria. Era justo que los países candidatos pudieran contribuir a la elaboración de las reglas que tendrán que aplicar en breve. Era también una opción estratégica aprender a trabajar a 25: las tradiciones diplomáticas y las preocupaciones de los países candidatos son en buena medida análogas a las de los Quince. La ampliación no debería por tanto disolver la Unión Europea, como se ha dicho a veces.

Sin embargo, mientras llega el momento de volver a pensar el sentido de la construcción europea, la ampliación demuestra también la importancia de los debates irresueltos acerca de la identidad europea, de la elección entre una Europa zona de libre intercambio y una Europa política, sobre su papel en el mundo y especialmente frente a Estados Unidos. Ahí también, la respuesta institucional dada por la Convención al problema de la ciudadanía europea, las instituciones y la PESC serán determinantes. Pero no bastará. Mas allá de las instituciones, habrá que suscitar la adhesión de los pueblos, lo que será seguramente difícil: crear por fin una opinión publica europea, tranquilizar las inquietudes, y definir juntos lo que cada uno espera de la Unión. “Uno no se puede enamorar de un mercado”, dijo Jacques Delors. La ampliación nos recuerda lo que le cuesta a Europa ser algo más que un mercado. Esto implica una reforma política profunda: es incluso la condición necesaria para su éxito. Pero también hace falta una toma de conciencia política de las opiniones nacionales a más largo plazo: la constitución de verdaderas opinión y clase política europeas.