La antipolítica italiana amenaza las elecciones

Artículo publicado el 11 de Abril de 2008
Artículo publicado el 11 de Abril de 2008
Podéis llamarlo Veltrozy. El líder del PD intenta, con dificultades, desmarcarse de Prodi. Como Sarkozy de Chirac. Berlusconi quiere borrar el recuerdo del crecimiento cero. A un tercio de los electores italianos les tienta no votar. Como Totó.

“¿Italia? Y, sin embargo, se mueve”. En estas páginas, Fernando Navarro intentaba hace unos días desmontar la teoría de la crisis en Italia, elevando, además, a Lapo Elkann como símbolo del renacimiento del Bel Paese (tras rehabilitarse con la droga del diseño). Sin embargo, el descontento tiene raíces mucho más largas que la melena dorada del retoño de la casa Agnelli.

Los síntomas de la crisis, la antipolítica y las llamadas a la abstención

La situación es tal que, en un país en el que, según un sondeo de IPSOS para Il Sole 24 Ore, el 55% de los ciudadanos se declara interesado en la política, crece el sentimiento de rechazo hacia ella, en la estela del best-seller La Casta: una encuesta de dos periodistas del Corriere Della Sera demostró, entre otras cosas, que el Quirinale (sede de la Presidencia de la República, Ndt) cuesta cuatro veces más que Buckingham Palace. El fenómeno ha sido aprovechado por el cómico y bloguero Beppe Grillo, líder de un nutridísimo movimiento de opinión llamado “de antipolítica”, que acabó anunciando: “No voy a votar y estoy orgulloso de ello; los programas de los principales candidatos son todos iguales”. También el popularísimo showman Fiorello ha llamado a la abstención: “Cuando recibáis el certificado electoral, rompedlo. Los políticos no pueden prometer y luego quedarse de brazos cruzados”. Incluso los obispos italianos, según el analista Massimo Franco, “estarían casi tentados de afiliarse al partido de la abstención”. Y entre los blogs destaca un fantasmagórico Movimiento por el no voto que vuelve a proponer al mítico cómico Totó como ejemplo para el boicot de las elecciones. En síntesis, explica Franco en el Corriere Della Sera, un tercio del electorado estaría indeciso y tentado por la abstención.

En el filme Los honorables (1963), el candidato Antonio La Trippa pregunta a la multitud que le aclama: “Si yo os dijese que una vez elegido haría construir escuelas, calles, acueductos, casas… ¿me creeríais? Si os dijese que estos señores (otros candidatos junto a él, Ndr) son personas honorables y usarán vuestros votos para el bien del país… ¿me creeríais? ¿Pues sabéis qué os digo? ¡Que sois unos ingenuos, unos tontos, unos inconscientes!”.

¿“Qualunquismo” (movimiento de la posguerra que propugna el apoliticismo, Ndt)? ¿Simple desafección? Esta vez se trata de otra cosa. Si al final, la abstención se reduce, será más por el sentido de responsabilidad de los ciudadanos que por una adhesión entusiasta a plataformas políticas en las que ya no cree nadie.

Veltroni pero también “Veltrozy”

El actual primer ministro italiano, Romano Prodi, deja un país con los salarios más bajos de Europa y un PIB por habitante a la par, por primera vez, al de la España de Zapatero. El balance de su gobierno de centro izquierda es embarazoso, hasta el punto de que el mismo Prodi ha renunciado a la rueda de prensa de fin de mandato. Según las malas lenguas, la sugerencia habría partido de Walter Veltroni, líder del Partido Democrático, que preside el mismo Prodi. El secretario del partido único de centro izquierda, de hecho, está enfrascado en una amplia operación al estilo Sarkozy. Al igual que el presidente francés, que hizo de todo para desembarazarse de la herencia de su predecesor y compañero de partido, Chirac, Veltroni intenta ocultar a los ojos de los electores la sombra de un impopularísimo Gobierno Prodi. No obstante, a pesar de las loables iniciativas de rejuvenecimiento de los candidatos y de simplificación del marco electoral que ha supuesto la creación del PD, las contradicciones del nuevo sujeto político son evidentes. En particular, las que tienen que ver con los temas éticos (aborto, eutanasia) y, por tanto, con las relaciones con el Vaticano. De ahí el gag del cómico Crozza, que retrata a un Veltroni siempre dispuesto a conciliar las posiciones de la izquierda y las del centro católico: “Estamos a favor de un estado laico pero también de una serena, tranquila ingerencia de la Iglesia en la vida de los ciudadanos”.

Olvidad el pasado, el estribillo de Berlusconi

En el otro lado tampoco faltan razones para el descontento. Es verdad que la creación del partido Pueblo de la Libertad (en el que confluyen Forza Italia y la derechista Alianza Nacional) forma parte de la simplificación del marco político. Ahora bien, si los sondeos dan como ganadora a la nueva criatura de Berlusconi, no es sólo porque el balance de Prodi es escaso; es, sobre todo, porque los italianos tienen poca memoria. Su Gobierno (el más longevo de la historia de la República) dejó, en 2005, un país con un crecimiento del PIB de -0,03%. En cuanto a la cuestión del conflicto de intereses de Berlusconi (propietario de un imperio económico en los medios de comunicación, aseguradoras y finanzas), esta campaña electoral será la primera, desde la llegada del empresario lombardo a la política, que no la mencione, porque el Gobierno de centro izquierda, no habiendo legislado en la materia, no tiene ya legitimidad para explotar este tema. Un motivo más para alimentar el descontento.

Un Gobierno de centro izquierda que deja el país con los salarios más bajos de Europa. Otro, de centro derecha, que recuerda al crecimiento cero. No hay que sorprenderse de la antipolítica.