La apuesta de la izquierda radical

Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2004

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España, Italia y Alemania lo confirman. Cuando a la izquierda de las socialdemocracias despuntan nuevas fuerzas, los viejos partidos tiemblan. Análisis.

Para la izquierda europea los años noventa se han caracterizado por el fracaso de una Tercera Vía que no ha sabido conciliar desarrollo y liberalismo con empleo, derechos de los trabajadores e incrementos salariales. Aún peor, la izquierda no ha estado a la altura de ofrecer alternativas a una política económica global que supiese dar respuestas a los grandes desafíos de principios del tercer milenio: la creciente diferencia entre ricos y pobres, la crisis ecológica y el asunto del dumping social.

La actual crisis deriva por tanto del hecho que la izquierda está perdiendo su propia naturaleza y ha utilizado, sobretodo en materia económica, los mismos conceptos, las mismas fórmulas y a veces el mismo lenguaje que la derecha, no habiendo sabido superar los traumas del post-comunismo (dirigismo, burocracia y estatalismo).

La respuesta que algunas fuerzas socialistas han dado a este trance se ha traducido en manifestaciones antiglobalización y en redes de asociaciones y movimientos que han dado vida a foros para la propuesta de políticas alternativas a las fórmulas de la tecnocracia liberal. Se ha creado, a saber, un “mercado” para una oferta política de “izquierda radical” ante la cual los partidos socialdemócratas han respondido generalmente con temor, mientras otros han logrado o están intentando catalizarlo a condición de cambiar radicalmente los métodos, los lenguajes y los iconos del pasado. Una auténtica mutación genética.

El modelo catalán

Se trata del caso de Iniciativa per Catalunya els Verds (Icv), quienes están obteniendo resultados sorprendentes en Cataluña y España. Es un partido regional, nacido de las cenizas del Partido Comunista catalán (Psuc), quien con el tiempo acogió a los Verdes, y se ha afiliado a la federación de la izquierda “radical” española, Izquierda Unida (IU). Una apuesta que ha llevado al partido del 3,5% en 2000 al 7,3% en los últimos escrutinios en Cataluña. No sólo eso, uno de los 2 europarlamentarios elegidos en junio de las filas de IU proviene propiamente de Icv que, además, gobierna en Cataluña y forma parte del apoyo exterior al gobierno de Zapatero. El éxito de Icv se basa en el hecho que está en estrecho contacto con ONGs y movimientos pacifistas, utiliza técnicas de publicidad del tipo trailers de película juvenil, es verde y catalanista pero perteneciente a la confederación europea de los Verdes. La fórmula que propone Icv a la izquierda para gobernar es aquella que renuncia a una ideología fácilmente encuadrable, con un único objetivo de ser (según su eslogan) “descaradamente de izquierdas”.

La izquierda radical en Italia

También en Italia la izquierda radical intenta pasar página de la ideología. Se piensa en la disponibilidad declarada del secretario de Refundación Comunista, Fausto Bertinotti, para presentarse como candidato a las primarias del centro-izquierda que tendrán que nombrar al candidato a primer ministro para las elecciones de 2006. Piénsese que fue la propia formación comunista quien hizo caer al gobierno de Prodi en el 98’. No sólo eso: para Bertinotti las primarias también tendrán que ser una consulta a sus programas, no únicamente a sus candidatos. La izquierda “radical” quiere confrontarse sobre el plano de las propuestas- como aquella de la retirada de las tropas italianas de Irak- dando por superado (explícita o implícitamente) el escollo ideológico. Por otra parte, en las últimas elecciones europeas la suma de los resultados de los comunistas y verdes ha superado ampliamente el 10% de los votos, considerando también que una corriente importante de los Demócratas de Izquierda (socialdemócratas post-comunistas) empuja hacia situaciones bien menos centristas de aquellas defendidas en su partido. Este logro, se ha confrontado sobretodo con el estancamiento de las fuerzas progresistas del centro italiano, ha suscitado el debate sobre el papel de la nueva izquierda: ¿partido único, coalición con los moderados, oposición a ultranza? Los partidos de la izquierda “radical” italiana afrontan tal vez la última oportunidad para volver a ser protagonistas.

Alemania se manifiesta como en 1989

También en Alemania se empieza a crear un espacio político para una formación de “izquierda radical”. Con el mísero 21% en las últimas elecciones europeas, el SPD del canciller Schröder está en crisis, víctima de la impopularidad de su reforma del Estado del Bienestar. El auténtico peligro para la “vieja dama” SPD parece llegar de un nuevo partido de izquierdas que pueda crearse en breve. La nueva formación, llamada “Iniciativa para el Trabajo y la Justicia social” quiere deshacer las reformas y crear un programa económico alternativo con un gasto financiado por el aumento del déficit y el mayor gravamen de las rentas más altas. Se trata de una iniciativa apoyada por Oskar Lafontaine, ex-secretario del SPD y exministro de Finanzas en el primer gobierno de Schröder. Sus promotores prevén participar en las elecciones al parlamento de 2006. De momento, se contentan con organizar manifestaciones, sobretodo en el Este, donde el desempleo está por las nubes. Cada lunes, miles de personas se manifiestan para protestar contra el “programa contra la pobreza” de Schröder; manifestaciones llamadas Montagsdemos, precisamente igual que aquellas organizadas en 1989 contra el régimen de la RDA. No queda claro que un nuevo partido pueda cosechar verdaderos éxitos. En el peor de los casos conseguirá quebrar al SPD. En todo caso ayudará a los conservadores de la CDU a vencer en las próximas elecciones. Sin embargo, parece que no frenará a Schröder en su deseo de reformar la economía alemana : “no existe otro modo de realizarla” ha declarado últimamente el canciller.

¿Estarán preparados los partidos socialdemócratas para aceptar una profunda renovación de sus programas y la renuncia a la carrera hacia el centro para recuperar un signo distintivo de sus políticas? La crisis de la izquierda parte también de ahí: de la pérdida de identidad, de la falta de un mensaje, de aquel miedo de perjudicar la imagen que frecuentemente esconde auténticas lagunas de ideas y programas.