La Berlinale: sesenta años de cine y de política

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 16 de Febrero de 2010
La historia del Festival Internacional de Cine de Berlín está plagada de tramas políticas. Creado por los aliados en Berlín Oeste para servir de escaparate del mundo 'libre' y burlarse de los dictadores comunistas, la Berlinale se ha convertido con el paso de los años en un cita ineludible del panorama cinematográfico mundial. Pero hagamos un poco de historia...

La Berlinale pronto se convirtió en escenario de luchas ideológicas. Fue Alfred Hitchcock quien, en 1952, inauguró la primera edición de este festival, que desde entonces pasaría a formar parte de la tradición del cine de Europa Occidental y de América. En 1958 Willy Brandt, por entonces alcalde de Berlín, recalcó en su discurso de apertura la importancia del festival como emblema de una ciudad abierta al mundo, tolerante, contraria al gigante comunista. Pocos días más tarde Nikita Khrouchtchev, dirigente de la Unión Soviética, lanzaría a los aliados un ultimátum para que abandonasen Berlín-Oeste. A mediados de la década de los sesenta, con la privatización de la organización del festival (hasta entonces en manos del gobierno de Alemania Oeste) las puertas de la Berlinale se abrieron al cine de Europa del Este, aunque bien es cierto que este hecho no hizo que las tensiones diplomáticas desapareciesen.

Cine y Guerra Fría

Cartel de la primera edición de la BerlinaleLa controversia creada por la Guerra Fría no finalizaría aquí. En 1970 la película O.K., de Michael Verhoeven, en la que se narraba la historia de una joven vietnamita violada y asesinada por los soldados americanos, provocó un escándalo y motivó la cancelación de la competición ya que el jurado pensaba concederle el Oso de Oro, una decisión indefendible según el criterio de algunos organizadores. En 1979, The Deer Hunter (El cazador), de Michael Cimino, mostró una descripción muy crítica de la sociedad vietnamita muy mal recibida por parte de los estados socialistas que, de cierta manera, boicotearon el festival. La Berlinale fue también el escenario de rencillas entre los estados comunistas: Der Aufenthalt (RDA, 1982-3), de Wolfgang Kohlhaase, en la que se observaba la vida de los prisioneros alemanes en los campos de concentración polacos de la posguerra, fue retirada de la competición por Alemania del Este tras las protestas de Polonia.

Las vanguardias

A estas luchas ideológicas se sumaría el apoyo a una vanguardia artística provocadora. La nueva generación de directores de los años sesenta marcaría el festival, a través de la ruptura de las convenciones cinematográficas y de las rígidas costumbres de la época. De esta manera, Jean Luc Godard obtuvo el Oso de Oro en 1960 con A bout de souffle ('Al final de la escapada'), abriendo el camino a nuevos modelos narrativos. Después de esto, otros directores se hicieron con el preciado galardón, como por ejemplo Michelangelo Antonioni (La notte, 'La noche'), o diversos artistas alemanes como el indispensable Rainer Werner Fassbinder (Die Ehe der Maria Braun, 'El matrimonio de Maria Braun) o Werner Herzog, que a la edad de 26 y gracias a su obra Lebenszeichnen recibió la estatuilla en 1968, siendo además miembro del jurado ese mismo año.

Esta defensa de la vanguardia se hizo visible también en 1976 cuando Ai-no corrida (El imperio de los sentidos) de Nagisa Ôshima, que ya había sido censurada en varios países, fue proyectada en el festival. Después de la primera proyección, la bobina fue confiscada por la policía alemana debido a su contenido 'pornográfico'. Para celebrar sus sesenta años de historia, la Berlinale mostrará una colección de sus obras maestras entre las que se encuentran Ikiru, de Akira Kurosawa; A bout de souffle, La notte, Lebenszeichen, Central do Brasil y The Deer Hunter. Mientras tanto, O.K., por decisión de su productor, no formará parte de la lista de películas que se visionaran en el festival.

Fotos: ©Berlinale.de