La California del Este

Artículo publicado el 3 de Abril de 2007
Artículo publicado el 3 de Abril de 2007

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Bautizada como la “Silicon Valley” de la ex Unión Soviética, Lituania concentra dinamismo y tecnología punta para convertirse en El Dorado de los investigadores.

De lejos, el pequeño edificio de dos pisos se confunde con el paisaje gris del suburbio del noroeste de Vilnius. Tras pasar la modesta entrada, con su pegatina de la bandera europea, basta con subir unos cuantos escalones para descubrir la decena de laboratorios a la última moda de Ekspla, una de las fábricas lituanas de láser más avanzadas de Europa. Y no por casualidad.

“Durante los años ochenta y noventa, Lituania era la Silicon Valley de la Unión Soviética”, recuerda Raimonda Sadauskiene, directora de la Agencia Lituana de Desarrollo.

En los últimos treinta años se han titulado como mínimo 3.500 doctores en física, en un país con una extensión menor que, por ejemplo, Castilla-La Mancha. La organización reconoce, además, que existe una gran "tradición científica y tecnológica que ha contribuido al éxito de la transición de Lituania hacia una economía moderna".

Aunque la electrónica de consumo haya decaído mucho en los últimos años, el país sigue a la cabeza en otras disciplinas de alto nivel: las biotecnologías, los láseres, la mecatrónica (acrónimo de mecánica y electrónica), así como también en las telecomunicaciones y las tecnologías de la información.

En los laboratorios de Ekspla, cada sala está equipada con una mesa de montaje, cargada de aparatos que permiten fijar decenas de elementos ópticos, y de un extractor de polvo, el enemigo número uno del láser. En ellas trabajan los técnicos y los ingenieros encargados de montar los diferentes elementos que constituyen el láser: el generador de potencia, amplificadores diversos y elementos ópticos que permitirán estabilizar el rayo láser deseado. El producto final no es ni más ni menos que una gran caja rectangular gris que, sin embargo, “puede llegar a valer medio millón de euros” precisa Laurynas Ukanis, jefe de comunicación de Ekspla.

Desde 2004, fecha de entrada de Lituania en la Unión Europea, el volumen de negocio de Ekspla ha crecido un 15% por año. En 2007, sus directivos contaban con unas ventas que rozaban la barrera de los diez millones de euros. Entre sus clientes más conocidos, la empresa cuenta nada menos que con los centros de investigación de la NASA, de IBM, de Mitsubishi y de algunas de las universidades más prestigiosas del mundo.

Materia gris y tecnología de alta precisión

Además de Ekspla, una decena de empresas producen en la actualidad láseres y componentes ópticos con una producción, todavía modesta, de unos quince millones de euros. Su tasa de crecimiento anual es muy prometedora: entre un 15% y un 20%. Esta dinámica relacionada con el láser se debe a Algis Piskarskas, el decano de la Facultad de Física Cuántica de la Universidad de Vilnius. Gracias a su formación científica de la época soviética, este brillante investigador ha revolucionado el sector del láser.

Con sus elegantes gafas y una sonrisa jovial, Piskarskas nos recibe en su despacho, situado en la octava planta de una de las torres del campus de Saulétekio. “Al lado de la academia de las ciencias, la Universidad de Vilnius ha sabido encontrar el equilibrio a lo largo de las últimas décadas entre la investigación fundamental y la investigación aplicada. Ésta última era la más necesaria, después de que, con la caída de la URSS y la independencia de Lituania en 1990, los fondos fueran muy escasos. Ha sido necesario buscar un desarrollo industrial para sobrevivir.”

Por lo tanto, además de Ekspla y de Standa, las dos grandes empresas motores del láser lituano, han surgido nuevas empresas dedicadas a la investigación. El mejor ejemplo es Light Conversion, empresa nacida en 1993, siguiendo la corriente de los años ochenta de desarrollo de un láser multicolor, único en su género.

Hoy en día, la sociedad controla el 80% del mercado mundial de este láser, con un volumen de negocio anual de casi dos millones de euros. En el campus de la Universidad, esta joven empresa tiene una treintena de empleados, entre ellos muchos estudiantes de máster, y sus inversiones en investigación y desarrollo se realizan mano a mano con la Universidad de Vilnius.

Los motores del Gobierno y la UE

De hecho, explica, Algis Piskarskas, “nuestras investigaciones nos han permitido situar a Lituania en el mapa”. En los últimos años, el gobierno lituano ha fomentado mucho el desarrollo de este tipo de industrias, y ha trabajado sobre todo por la promoción de la innovación. Se acordó un pacto nacional con el objetivo de hacer subir el nivel de crecimiento del PIB del 7% (2003) hasta llegar a un 25% en 2015.

El Presidente lituano Valdas Adamkus, lleva su discurso también más allá de las fronteras. “En Lituania hay concentrado un gran potencial intelectual, que nos permite contar con un gran desarrollo de la alta tecnología”, afirmó hace poco con motivo de su primera visita oficial a la costa oeste de los Estados Unidos en febrero de 2007.

Ahora bien, ha sido sobre todo la entrada en la UE lo que ha permitido ampliar las expectativas. El Centro de Investigación del Láser de la Universidad de Vilnius fue calificado por la Comisión Europea con el rango de Centro de Excelencia Europea y ha facilitado importantes inversiones para la renovación. “Nos han financiado con 3,5 millones de euros para llevar a cabo tres proyectos importantes de cooperación con diferentes empresas como Ekspla o Light Conversion en el marco de los proyectos europeos de Investigación y Desarrollo”, subraya, satisfecho, el director del Centro de Investigación del Láser.

Una California europea

Otro proyecto que promueven Algis Piskarskas y sus acólitos es Saulétekio Slénis también conocido como el Sunrise Valley local, previsto para 2008. A unas decenas de metros de los laboratorios de la facultad, se deben construir de aquí a 2009 los dos primeros edificios de este polo de competitividad made in Lituania. “El obejtivo”, explica Andrius Bagdaunas, el director del proyecto, es “reunir en un mismo sitio las dos universidades generalistas y técnicas de la ciudad, las empresas de altas tecnologías y los servicios de soporte, así como un centro de transferencia tecnológica y una red internacional de negocio”.

De aquí a 2015, y con la construcción de otros dos “valleys” para las biotecnologías en Vilnius y para la mecatrónica en Kaunas, la segunda ciudad más grande del país, Lituania espera poder mantener su título de Silicon Valley del báltico, dónde concentrará unas 500 jóvenes empresas del mundo de la tecnología punta. Un objetivo ambicioso para el que Lituania cuenta ya con 600 millones de euros de fondos estructurales acordados por la UE, para inversión en investigación y desarrollo hasta 2013.