La cara altruista de Berlín: voluntarios y refugiados bajo el mismo techo

Artículo publicado el 12 de Mayo de 2016
Artículo publicado el 12 de Mayo de 2016

Durante el verano de 2015, Alemania abrió sus puertas a refugiados provenientes de Siria y otros países vecinos. Esto ocasionó una sobrecarga de trabajo para las instituciones estatales destinadas a asistir a refugiados. La iniciativa ciudadana "Moabit hilft" (Moabit ayuda), es una de las razones por las cuales el sistema de registro de refugiados no ha colapsado. Fotoreportaje. 

El proyecto

En el punto álgido de la crisis, se podía observar a cientos de personas fuera de la Oficina Estatal de Salud y Bienestar Social (LAGeSo) esperando a que sus solicitudes pasaran el proceso de revisión. Tras recorrer un largo camino hasta Alemania, la gente estaba desesperada, y en ocasiones hubo incluso momentos de tensión. La intervención de "Moabit hilft" (Moabit hilft) contribuyó a atenuar esta tensión y ayudó a cubrir las necesidades básicas de los refugiados fuera de la LAGeSo.

En la actualidad, esta ONG se encuentra de forma permanente en la LAGeSo y funciona como centro de ayuda en donde se puede donar ropa, alimentos, artículos de aseo personal y dinero. Los voluntarios organizan las donaciones y las redistribuyen entre quienes más lo necesitan.

Los voluntarios

Hannah (20): Estudio matemáticas, y eso es todo un desafío para el intelecto. Cuando estoy aquí, nada ocupa mi mente. Simplemente preparo bolsas con artículos de higiene y organizo el champú. Es una tarea sencilla. Hay mucha gente agradable en este lugar. Los refugiados vienen porque les encanta tener otro lugar adonde ir además de sus hogares. La verdad es que no tengo idea de cómo consiguen estar siempre tan positivos, con todo lo que han tenido que pasar.

Jasmin (34): Aquí trabajo tanto como me sea posible. A veces, si puedo, me quedo unas doce horas. Les prometí a mis abuelos que si alguna vez había una crisis de refugiados, yo ayudaría. Cuando tuvieron que huir de Alemania, se refugiaron en Jerusalén, lugar donde nací. En cierto modo, yo también soy una refugiada porque no puedo volver a Jerusalén. La policía me arrestaría por expresarme políticamente contra el genocidio.

Jasmin (24): Nací en Alemania; mi madre era refugiada del Líbano. Huyó debido a la guerra. El reto más grande de trabajar aquí es saber que a veces no puedes ayudar. Estoy trabajando con un refugiado; lo acompañaré a hablar con un abogado. Es un joven de diecisiete años. En 'Moabit hilft', estamos intentando traer a sus padres de Siria. Son personas muy mayores. Este chico cumplirá dieciocho años en septiembre y sabemos que nos será imposible traer a sus padres para esa época porque contamos con muy poco tiempo.

Riyad (47): En este lugar, soy un refugiado más (se ríe). Mi país de origen es Libia, pero estudié Ciencias de los Materiales en Alemania hace diez años. Mi familia también están aquí, lo cual es bueno. Mis hijos asisten a una escuela alemana y hablan el idioma con fluidez. Todavía no me dan el permiso para trabajar y eso que lo que más quiero es conseguir un trabajo. Recibimos ayuda financiera de la LAGeSo, pero no quiero obtener dinero de esa forma. Por eso me ofrecí como coordinador.

Ho Jong (47): A mi esposa no le hacía feliz el hecho de que lleváramos una vida más bien egocéntrica. Fue por esa razón que decidimos hacer algo para ayudar a la sociedad y pensamos en dos cosas. Primero, depositar parte de nuestros sueldos en una cuenta destinada a ayudar a quien lo necesite. Segundo, invertir nuestro tiempo trabajando "en serio". Así que, cada año, nos tomamos dos semanas de vacaciones para hacer voluntariado.

Unai (30): Antes me dedicaba a arreglar automóviles, pero no era algo que me diera una gran satisfacción. Quería cambiar mi vida; por eso me mudé a Berlín. Siempre sentí el deseo de trabajar en el ámbito social. En la actualidad, estoy estudiando Pedagogía y tengo un trabajo a media jornada. Aquí sirvo té, café y chocolate caliente tres veces al día a la gente que espera en la cola fuera de la LAGeSo. Lo que hago les lleva un poco de alegría. Es un muy buen ambiente y realmente me gusta lo que hacemos aquí.

Mustafa (29): Soy de Palestina. Trabajé como profesor de lengua y literatura árabe en Siria. Ya hace ocho meses que vivo aquí. Una vez que termine mi curso de alemán, quiero estudiar en la universidad, así puedo ser profesor nuevamente.

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Este artículo forma parte de nuestra serie de reportajes EUtoo, un proyecto que busca contar la desilusión de los jóvenes europeos, financiado por la Comisión Europea.