La cara y cruz de la emigración española en París: antiguos emigrantes (II Parte)

Artículo publicado el 23 de Diciembre de 2014
Artículo publicado el 23 de Diciembre de 2014

En los últimos cuatro años, han llegado a Francia más de 25.000 españoles dispuestos a encontrar la oportunidad laboral que España no ha podido brindarles. Hablamos con dos españoles que llegaron a París antes de la crisis y que viven el cambio de los últimos años y las oleadas de nuevos inmigrantes.

Eduardo Paz me espera en el Café Dupleix, en el distrito XV. El barrio está cerca de la Torre Eiffel y las lujosas casas residenciales que rodean la principal atracción turística de París. Sin embargo, el barrio es mucho más humilde. Es miércoles y el Mercado de Grenelle, despliega sus encantos: pescado fresco, carne o queso se venden junto a puestos de ropa interior o ropa de abrigo.

Eduardo llegó aquí desde La Coruña, en la década de los ochenta, con su hijo de siete años y sin hablar una palabra de francés. En Galicia trabajaba como joyero pero, por cuestiones familiares, se vio obligado a emigrar. Recuerda sus primeros meses en París con tristeza pues la dificultad de encontrar empleo y de obtener el derecho a trabajar le costó mucho. En una ocasión, tras haber obtenido una promesa de contrato, se dirigió a una comisaría de Policía a pedir el carnet de residencia, sin embargo en aquellos momentos el Acuerdo de Schengen no existía por lo que la Policía le devolvió a las fronteras españolas. Eduardo no tardó ni un día en volver. Pasó tres años viviendo de hotel en hotel hasta que finalmente el Acuerdo se aprueba y él encuentra más facilidades para quedarse de forma legal.

Eduardo comenzó “haciendo de todo”: cuidando ancianos, trabajando en construcción limpieza…Desde hace unos años trabaja en distintas asociaciones en las que ayuda a españoles que acaban de llegar a Francia; pasa varias horas al día resolviendo dudas que llegan por e-mail, ahora también por Facebook, clases de francés, grupos deportivos para unir a los recién llegados, consejos, guías de España en París para saber a qué hospitales dirigirse, oficinas, etc. Una de estas asociaciones es la FACEEF (Federación de Asociaciones y Centro de Emigrantes Españoles) que las agrupa a todas tratando de hacer más peso en las empresas y organizaciones. Gracias a esto cuentan con una bolsa de empleo con más de 4.000 ofertas.

Eduardo reconoce que la ayuda que le brindaron los españoles que encontró en París fue decisiva a la hora de adaptarse, por eso se preocupa por hacer lo mismo. Cuenta que los dos primeros meses que pasó en París no salió de la habitación al no saber expresarse y aprendió el idioma leyendo el periódico, escuchando la radio y viendo la televisión. “Tengo el acento aún y mezclo mucho el español y el francés pero bueno, me defiendo, juego con el 'charme' del acento”. Aunque no ha perdido el reconocible acento gallego, termina sus frases con un natural voilà, como si no hubiera otra manera más clara de decir que las cosas son como son.

Inmigrantes de ayer y de hoy

Los más de veinte años que lleva en París no le han hecho cambiar de opinión sobre la ciudad. "Es una ciudad maravillosa, cada día descubro un jardín nuevo o una calle distinta, pero no puedo soportar como te estafan: la frialdad de la gente o que un café en la barra valga 1€, en la mesa 3€ y a partir de las diez de la noche 6€", comenta indignado. Lo que más le duele en estos momentos es el trato que reciben los voluntarios de las asociaciones por parte de los nuevos españoles que están llegando: “hoy los jóvenes llegan, aprovechan las estructuras que tenemos nosotros aquí, la formación y todo eso para salir para adelante, pero no colaboran y no participan en las cosas que organizamos para ellos”, denuncia. “Todos estamos aquí de paso al principio -continúa-, te dices 'yo mañana me vuelvo’, pero van pasando los años te estableces y no vuelves”.

Otro de los punto que reclama es la falta de interés en ayudar de la Administración española en Francia. Según Eduardo, no favorecen las actividades y no se muestran dispuestos a poner sus infraestructuras al servicio de los españoles que llegan. "En 2010 había 36.000 españoles inscritos en el consulado, según datos oficiales, hoy estamos en 100.000. Hay que tener en cuenta que  hoy en día nadie se inscribe en el Consulado: dicen que por uno que se inscribe hay tres que no lo hacen, así que multiplicando se habla de 300.000 personas que han llegado a Francia en cuatro años", explica Eduardo haciendo referencia a la información estadística que manejan desde la Faceef.

¿Qué piensan los franceses de los inmigrantes españoles?

Algunas paradas de metro hacia el este, en Vincennes, me encuentro con Daniel Puchol. Daniel es un caso casi excepcional en el mundo del periodismo: nunca le ha faltado trabajo. Su historia en París comenzó en el año 2000 cuando pasó dos años viviendo en la ciudad trabajando para participar en la puesta en marcha de Eurosport News. En 2002 la cadena de televisión deportiva lanza la edición en español y a Daniel le proponen volver, por motivos personales pensó que sería una buena opción. En el año 2009 la cadena se fue el traste por lo que decidió volver a París a su antigua oficina. A los seis meses de llegar conoció a Hélène, su actual mujer con la que tiene una niña. Daniel, de 40 años, sabe que no se puede quejar, es un auténtico afortunado que además puede presumir de haberse adaptado al país sin problema, pero recuerda ahora como era el choque cultural a su llegada.

“He hecho amigos franceses a través del trabajo que son realmente amigos y luego, a través de Hélène, sí que he conocido a amigos suyos pero es más difícil acercarse a la gente”, explica Daniel. ¿Qué es lo que más te molesta de la ciudad? “Son cosas culturales -asegura- desde los pasos de cebra que no los respeta nadie, no sabemos para qué están ahí pintados, hasta el problema de espacio que tienen que es brutal. He conocido a gente que ha vivido en estudios de diez o doce metros cuadrados, aquí eso es normal y en España sería inconcebible. Hay una densidad de población brutal, esto genera violencia y tensión en el ambiente, en el metro, en la calle, en el coche, se palpa”. 

Daniel cuenta que su mujer, propietaria de un estudio de arquitectura, recibe currículums de arquitectos españoles a diario desde hace dos o tres años. "Son conscientes del problema de paro que hay en España pero a veces se lo tengo que recordar. No saben lo mal que se está pasando, luego vas de vacaciones a España y no ves que la gente esté mal a no ser que te acerques a un sitio donde normalmente no irías de vacaciones".                                                                                                   "Hace poco se lo decía a un amigo -prosigue-, ya nos gustaría estar en España como están aquí. Yo lo que veo es que Francia es un país rico de verdad, no es como España que pensábamos que éramos ricos y cuando estalló la burbuja inmobiliaria se fue todo al traste. Menos mal que tenemos el turismo y que hace sol, si no, no sé que sería de nosotros. Es cierto que ahora en Francia están un poco más asustados por la crisis pero no creo que sean hostiles hacia los inmigrantes. Tal y como están las cosas yo no me puedo quejar, a pesar del tiempo que nos hace, lo gris que está todo siempre no tengo derecho a quejarme sabiendo cómo está mucha gente, tengo mucha suerte”. Daniel deja en el aire una reflexión sobre lo que sienten los que parten, sin saber si volverán a casa o no: “La nostalgia es mala cuando no puedes volver, pero cuando puedes hacerlo esa nostalgia es literatura”.