La cita perdida con la historia

Artículo publicado el 14 de Octubre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 14 de Octubre de 2004

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La Comisión lo tiene claro: hay que abrir las negociaciones con Turquía. La decisión es histórica, pero nos faltan los líderes. Y sin embargo una solución, haberla, hayla.

Un cambio histórico. Así perciben los jóvenes europeos la decisión de la Comisión sobre Turquía, opiniones personales aparte. El informe del 6 de octubre, que recomienda al Consejo Europeo la apertura de las negociaciones con Turquía con vistas a la adhesión de Ankara, abre de hecho el camino hacia una nueva época. Una transformación que condicionará de modo notable el rostro de la Unión Europea durante los próximos diez o veinte años.

Un país asiático y musulmán...¿Por qué no?

Por primera vez se afirma claro y alto que la Unión Europea no es un club cristiano ni una región geográfica, sino un proyecto político. Turquía, con su 97% de territorio de la península de Anatolia y sus 66 millones de musulmanes, no deja lugar a dudas: se trata de un país asiático y musulmán. Ligado inextricablemente a la historia europea, desde luego, y mucho más laico que Grecia o Italia, pero de todos modos, también irremediablemente distinto. ¿Es esto positivo? ¿ Es conveniente que Turquía forme parte de la UE? Dejo en manos del lector emitir el difícil veredicto. Lo que resulta evidente es que al admitir la negociación con Turquía, tal vez durante diez o más años antes de la efectiva adhesión, la historia de la Unión cambia.

Se buscan estadistas

Sin embargo, el problema de esta Europa reside en el hecho de que está entrando en la historia sin estadistas, sin políticos con miras suficientes, con capacidad de indicar el camino y de animar el imprescindible debate público.

La decisión de la Comisón, de hecho, procede de una gris oficina bruselense como si de una directiva sobre la dimensión de los tornillos o la comercialización de los plátanos se tratara. El responsable de este informe es Günter Verheugen, comisario socialdemócrata alemán encargado de la ampliación, quién ha sido más que diligente al multiplicar las relaciones diplomáticas con Ankara, pero que en la práctica ha hecho poco o nada por explicar a la opinión pública las razones en favor de la adhesión de Turquía. Es ciertamente difícil hacer llegar una idea revolucionaria, comunicar una convicción o imponerse carismáticamente ante veinticinco pueblos diferentes sin unos medios de comunicación europeos fuertes.

Ello no obstante, la Comisión nos ha decepcionado al pasar por alto, con un cierto tufo snob, la importante construcción de un debate público europeo. ¿Por qué no se han convertido en protagonistas, por ejemplo, de una tournée continental a través de la cual Verheugen y el mismo Prodi podrían haber promovido el proyecto de adhesión de Estado en Estado? ¿Por qué no apostar por los pocos medios europeos existentes, como son el canal de noticias por satélite Euronews y la revista Café Babel, al objeto de transmitir un mensaje fundamental para las próximas décadas en el proyecto de integración europea?

La culpa, sin embargo, no es sólo de Bruselas...

La verdad es que son nuestros líderes, más que los que se sientan en los sillones de Bruselas, aquéllos que fingen gobernarnos desde nuestras capitales, los que no quieren un debate público a escala europea. Es mucho más cómodo y simple gestionar en cada momento los humores de la ciudadanía, ya sea la sorpresa -en algún caso incluso el desprecio- de una opinión pública ignorante de la nueva época que se abre con la eventual adhesión de Turquía, como ignorante estuvo durante la adhesión de los diez nuevos miembros en mayo pasado. Con esto se evita afrontar una dialéctica transnacional que afecta las referencias, también culturales, de una clase dirigente que nunca ha vivido en la Europa en la que vivimos nosotros, que nunca han sido estudiantes Erasmus, que hablan mal las lenguas extranjeras y que nunca han dejado de considerar la Unión Europea como el terreno de las negociaciones diplomáticas.

Pues bien, Europea no es asunto diplomático, ni mucho menos burocrático. Mientras se trate de tornillos o plátanos, nuestra generación puede tener un ojo cerrado. Pero cuando se trata del momento histórico de la integración de Turquía, queremos algo más. A fin de evitar que la democracia europea muera antes de nacer, apostemos por el debate europeo, exijamos líderes europeos responsables y comunicativos.

Todavía no es demasiado tarde.