La clasificación de Shanghái irrita a las universidades europeas

Artículo publicado el 8 de Diciembre de 2008
Artículo publicado el 8 de Diciembre de 2008
Como de costumbre, las antiguas universidades europeas van rezagadas, mientras que las anglosajonas llevan el timón… La clasificación de Shanghái empieza a caldear los ánimos de las escuelas francesas que intentan encontrar una alternativa

Las universidades de la Europa continental se quedan rezagadas, y las Grandes Escuelas francesas ponen mala cara. En Francia, algunos titulares de prensa no dudan en utilizar un vocabulario militar cuando la Escuela de Minas de París, la fábrica de ingenieros francesa, “desenvaina” (en L’Express) su clasificación “anti-Shanghái” (dixit L’Expansion) para salvar a las “universidades tricolor” (prosigue Les Echos). Contra la clasificación de universidades conocida como “de Shanghái”, la vieja guardia de la universidad francesa contraataca. Para algunos, esto es otro símbolo más de que China, como otros países emergentes, está a punto de ponerse a la cabeza de la globalización. Para otros, se trata de una apuesta tan solo a nivel nacional. Aclaremos a continuación qué es exactamente “la clasificación de Shanghái”.

¿Cuáles son los criterios para juzgar a una universidad?

(kainet/flickr)En origen, se trataba solo de una clasificación de los 500 mejores establecimientos de enseñanza iniciada por la universidad china de Jiao Tong en base a criterios académicos (número de citas en publicaciones científicas, premios Nobel, etc.) Y ahí está precisamente el meollo de la cuestión, ya que si las grandes universidades americanas (Harvard, Stanford, Berkeley) caracolean a la cabeza y sus competidoras británicas y alemanas consiguen todavía mantener la distancia, con una cuarentena de universidades clasificadas, Francia se queda atascada al poner en lista solo 23 de sus universidades. En esta tesitura, la ministra de educación superior francesa Valérie Pécresse ha anunciado la creación de una clasificación propia para las universidades europeas de aquí al fin de la Presidencia francesa de la Unión Europea (UE).

La Escuela de Minas ha ido más lejos al proponer este año, y por segunda vez consecutiva, su propia clasificación de las mejores universidades mundiales. Esta vez, no se ha valorado el prestigio del profesorado, sino más bien “los logros de la formación impartida en los centros superiores”, asegura en su página web. Así, no se tendrá más en cuenta la importancia de las investigaciones publicadas en lengua inglesa, sino el número de antiguos alumnos que ocupen un puesto de Director General en alguna de las 500 mayores empresas mundiales. Y es ahí donde se produce un cambio radical. Las Grandes Escuelas francesas salen mejor paradas e instituciones como la Escuela de Estudios Superiores de Comercio (École des Hautes Études Commerciales - HEC de París) y la Escuela Nacional de Administración (ENA) o la Escuela Politécnica van en cabeza. La Vieja Europa, y sobretodo Francia, están ahora más tranquilas.

¿Una clasificación de las clasificaciones?

(wallyg/flickr)Pero aún así, los especialistas están lejos de ser unánimes sobre la pertinencia de los criterios de selección. Para muchos, la clasificación de la Escuela de Minas es una farsa debido al gran número de empresas francesas existente entre los pesos pesados de la economía mundial. A esto hay que añadir el hecho de que, como señala el investigador Hervé Joly, el país donde se encuentra el domicilio social de una sociedad suele ser el mismo del que procede su dirigente. Así, aunque la mayor parte de los empresarios franceses provienen de las mismas business schools, es normal encontrar a estas últimas en el top ten de esta nueva clasificación.

Por el contrario, las universidades alemanas que no conocen este principio de las Grandes Escuelas, y que se basan en gran parte en el principio de la reputación, son descartadas, sobre todo porque los dirigentes alemanes son diplomados de universidades diferentes. Finalmente, se han puesto en marcha las negociaciones entre los directivos de la Escuela de Minas y de la Universidad de Jiao Tong para fusionar las dos clasificaciones y enlazar los dos criterios, el académico y el de eficiencia.

En resumen, no existe una receta milagrosa para clasificar las instituciones de enseñanza superior. Y antes de preguntarse cuándo habrá una clasificación de las clasificaciones, convendría cuestionarse la pertinencia de clasificar universidades de lenguas, países y especialidades, en suma, tan diferentes.