La comida instantánea: la magia del agua hirviente

Artículo publicado el 25 de Mayo de 2016
Artículo publicado el 25 de Mayo de 2016

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Según los principios de la alimentación sana, ecológica, estética y para la generación Y, parece evidente que el mercado de la comida instantánea acabará desapareciendo. Por este temor, me dediqué un rato a pensar sobre algunos de los productos instantáneos más consumidos en Europa. 

Mi Polonia natal es el reino de las sopas de sobre baratas, comúnmente también llamadas sopas chinas –erróneamente, ya que no tienen nada que ver con China. Los noodles deshidratados, acompañados de saquitos de especias, se inventaron en los años 50 por el japonés Momofuku Andō, creyendo poder luchar contra las carencias alimentarias. Andō se inspiró de los Rāmen que son efectivamente sopas tradicionalmente chinas. En los años 70, puso a punto las revolucionarias sopas instantáneas que puedes comer de pie y con tenedor. ¿Su último resultado? Haber logrado enviar una de sus sopas fuera de nuestro planeta. En el 2005, Soichi Noguchi fue el primer hombre de la historia que comió una sopa instantánea en el espacio.

Sopa para todos

Volvamos pese a todo a la Tierra y, más concretamente, a la Polonia de comienzos de los años 90, donde Tao Ngoc Tu –una empresa vietnamita (todavía no era china)- importó las primeras sopas instantáneas al mercado polaco. Hoy en día, 100 millones de sobres de sopa de la marca VIFON se venden cada año. Su distribuidor apareció en la lista de los 100 polacos más ricos. Los sabores más corrientes son, notablemente, el pollo asado, el pato o incluso la gamba tailandesa. A VIFON, sin embargo, le sigue de cerca Knorr. Esta marca es sobre todo conocida por su plato culto de noodles picantes con queso (cuyo aroma, particularmente fuerte y característico, goza también de buena fama por su capacidad para atravesar las paredes de las residencias estudiantiles), así como por su gama de sopas tradicionales polacas como el barszcz o el żurek.

Según la clasificación de la Asociación Internacional de las Sopas Instantáneas WINA (World Instant Noodles Association, por sus siglas en inglés) de 2015, Polonia sólo es superada en términos de consumo por Ucrania y Gran Bretaña dentro de los países europeos amantes de las sopas rápidas (Francia tiene un buen papel con su 6º puesto, detrás de Alemania y República Checa, ndt). Joe, redactor de la versión inglesa de cafébabel, confirma tanto su popularidad en las islas británicas como su sagradísima relación con el estereotipo del estudiante eterno pobre y hambriento. Contrariamente a Polonia, las sopas instantáneas en recipientes de plástico allí son mucho más populares, siendo la marca Pot Noodle la más expandida. Su reputación se debe evidentemente a los productos pero también a sus controvertidas campañas publicitarias. Lo que es también muy interesante (y además un poco inquietante) es que incluso los vegetarianos pueden comer todos los productos de Pot Noodle –incluso aquellos cuyo nombre da a pensar que contienen carne. 

El polvo que salta a la vista

De la misma manera, Gran Bretaña invadió una parte del mercado francés –este ataque capitalista sorpresa sin embargo afectó a otra gama de productos. Si para vosotros la gastronomía francesa es sinónimo de ostras, quesos caros y buen vino, es que no habéis tenido la oportunidad de degustar el omnipresente puré-salchicha. Desde hace tiempo, este puré ya no tiene nada que ver con las verdaderas patatas y se elabora frecuentemente con copos de maíz. Según Matthieu, el redactor francés, la marca más extendida es Smash del grupo británico Cadbury. Joe parece resultar el más sorprendido por la evolución de la situación: “Creía que habían dejado de producirlo en los años 70”. 

En España también se come cada vez más puré en copos pero sin hacerse en las mismas proporciones. Allí, la comida instantánea para el consumo no goza del mismo entusiasmo –pero los españoles también cometen otros pequeños pecados igual de monos. Los niños y los adultos beben cacao en polvo para desayunar. Me enteré de que esto creó un profundo abismo entre los consumidores de la marca local Cola Cao y los que vendieron su alma al diablo a Nesquik.

Mientras evoqué el tema de la comida instantánea en el Bel Paese, a Stefano –el redactor italiano- le chocó. “¿Las sopas instantáneas? Qué asco. Nunca he podido tragar eso. Incluso los estudiantes no las comen porque cada uno de nosotros sabe preparar al menos algunos platos básicos como pasta con atún y cebolla o con pesto”. “Nosotros, los italianos, dice con pasión, no tenemos confianza en la comida industrial”.

Un momento… ¿quiere esto decir que los estereotipos serían verdaderos y que en cada italiano se esconde un gran chef? “Cuando me fui la primera vez de mi país estaba convencido de que la cocina italiana era la mejor del mundo y que la cocina extranjera no tenía ningún valor. Esto no es verdad, absolutamente no, incluso si fuera se cocina mucho menos. En Italia, todo el mundo sabe al menos cocinar pasta carbonara. Es algo básico. Si no eres capaz de cocinar al menos pasta carbonara puedes despedirte de tu nacionalidad –y sí, puedes citarme”.

El amor dura 3 minutos

No tengo corazón (ni el valor) de contarle a Stefano lo que me dijo el redactor de la versión alemana. Me parece que cuando lea este artículo y bajo la vista de Mirácoli le va a dar un ataque. En un embalaje de cartón hay espaguetis y tres bolsitas, una es de salsa en polvo, otra de especias y la última de un queso que soñaría con ser parmesano cuando sea mayor. “Sus anuncios de publicidad utilizan códigos muy estereotipados del género de “mamma mia!” y del acordeón. Incluso si ningún italiano nunca haya oído hablar de estos productos”, nos explica Katha. En efecto este anuncio de publicidad es tan popular que tiene su propio dubstep remix. 

Parece entonces que la comida instantánea se puede dividir en dos partes: la mayoría que se pierde en el olvido (y que nunca habría sido famosa según Stefano) y la preciosa minoría que está tan profundamente anclada en nuestra vida cotidiana que acabaríamos casi olvidándola. Tengo que confesar que, personalmente, esta comida me inspira una cierta ternura. Hay momentos en la vida en los que no hay nada más reconfortante que la certeza de tener una comida caliente con 250 ml. de agua caliente y tres minutos de burbujeo.