La Comision Medioambiental del Parlamento europeo : ¿centro del poder o simple peón ?

Artículo publicado el 3 de Junio de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 3 de Junio de 2003

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¿Es este organismo la voz de la conciencia pública o mera comida para los lobbies, cogida en el ciclo sin fin de una legislación difícil de cumplir?

¿Nunca se ha preguntado usted qué serán esos productos químicos que le ponen en su merienda preferida? ¿Nunca le ha costado conciliar el sueño porque no sabía donde se llevan los basureros la basura o en qué condiciones llega la carne en su plato, la ruta de “la granja al plato”? Si no es usted el tipo de persona que pierde el tiempo con ese tipo de cosas, la buena noticia es que hay gente, en algun sitio, cuyo trabajo es preocuparse en su lugar. Hablo de los 60 miembros de la Comisión Medioambiental del Parlamento Europeo.

A la Comisión Medioambiental, de Sanidad y Protección de los Consumidores, para darle su título exacto, la llamn a veces la « central » del Parlamento Europeo. Este organismo dirige la puesta en práctica un largo cuerpo legislativo y posee poderes de co-decisión – lo que significa que sus miembros participan activamente en la elaboración de la legislación a lo largo de dos lecturas de los textos propuestos, y tienen por lo tanto la oportunidad de negociar con el Consejo puntos claves. Sin embargo, es posible afirmar que la influencia de esta Comisión sobre la política europea procede más bien de que trata un campo relativamente reciente. La política medioambiental, con su patrimonio de implicaciones e intereses transnacionales, es una competencia nacional que es ni prestada ni, como dicen algunos, « robada », sino que pertenece al dominio europeo.

En el corazón de la legislación « europea »

En un contexto de interdependencia creciente a medida que la cuestión de la seguridad se vuelve transnacional, lo mismo ocurre con la necesidad de administrar y determinar los «riesgos» - una de las prioridades de la legislación medioambiental. Y la Comisión Medioambiental del Parlamento europeo juega un papel en la vigilancia y el control de los «riesgos».

La vida de la Comisión nunca es monótona. Dada la extensión de la legislación, los miembros de la secretaría del Parlamiento pueden encontrarse a cargo de varios asuntos a la vez, mientras que la secretaría del grupo político (cuyo trabajo es aconsejar y coordinar los grupos particulares sobre su posición ) está habilitada para hacer o deshacer la legislación, a través de los numerosos compromisos concertados entre los grupos políticos, y con las delegaciones nacionales. Los asistentes pasan sin cesar de un asunto al otro, sobrecargados de legajos legislativos.

El « humilde » parlamentario, paladín del ciudadano ?

A un miembro electo de la Comisión Medioambiental se le ofrece la posibilidad de combatir causas muchas veces importantes en la visión popular. En lo tocante a asuntos que van del SRAS hasta los OGM, o incluso los cosméticos probados con animales, la Comisión Medioambiental tiene legítimamente voz y voto y, la mayoría de las veces, su voz está más en armonia con la de los grupos cívicos, activistas y ONG que con la de las grandes empresas. Si se invierten los papeles, el humilde parlamentario puede volverse rey en la medida en que los funcionarios y ministros cortejan a los miembros autores del último informe, reptando en los corredores y llamando a sus puertas con la esperanza de influenciar el voto.

El mayor poder de los miembros individuales de la Comisión medioambiental se revela cuando, una vez que el Parlamento ha terminado su segunda lectura, el Consejo reconsidera su posición, y no se ha llegado a un acuerdo todavía. En ese punto, el parlamentario tiene la posibilidad de sentarse en la misma mesa que los funcionarios de los gobiernos, con el fin de negociar compromisos y discutir algunos puntos durante un procedimiento llamado “conciliación”.

Ambición e idealismo : ¡se ruega leer la advertencia porque puede resultar nocivo para la salud!

Se puede afirmar que el trabajo de la Comisión Medioambiental encarna algunas de las contradicciones propias del proyecto europeo, que forma parte integrante del proceso de globalización. A veces, los objetivos de los puristas medioambientales (proteger la divesidad geográfica y medioambiental) se pierden en el proceso que lleva hasta la norma. No es exagerado decir que, en el proceso de creación de un cuerpo normativo medioambiental que no penalice a la industria de un pais respecto a los demás, la legislacion puede parecer un bulldozer que atropella todo signo de diversidad a su paso. Es probable que los niveles de sanidad y protección de los consumidores mejoren, pero eso tiene un coste. En efecto, los miembros de la Comisión Medioambiental han adoptado una legislación que aumenta los costes de autorización y valoración de la seguridad de los pesticidas. ¿Con qué fin? Eso reducirá la cantidad de pesticidas en el mercado pero el resto de los productos pasarán bajo el dominio de grandes empresas y multinacionales, mientras que serán apartados del mercado los productos menos conocidos y menos nocivos. Así pues, el mensaje es muy claro: “¡malo para la biodivesidad, bueno para el negocio!”

La Comisión Medioambiental anda en la cuerda floja, dudando entre servir los intereses de los consumidores y cumplir con las necesidades del mercado de la UE. Aun en los mejores momentos, es un trabajo difícil sobre una legislación bastante técnica, y abstracta al mismo tiempo. Algunas veces la realidad se vuelve un poquito confusa: el que observa tiene la impresión que los políticos se agarran a las cifras, a veces irrealistas, o técnicamente irrealizables, como por ejemplo el “0% OGM...0% metales pesados”. El problema no es necesariamente que la política es demasiado “verde” sino más bien que, en esa sed de lograr un propósito simbólico o ganar rápidamente una batalla política, perdemos de vista los intereses más generales y las necesidades a corto plazo de la comunidad. Muchas veces la presencia de lobbies está implicita, preparados a abalanzarse como buitres sobre los textos. En tal caso, el proyecto de legislación que se adopta ya no tiene nada que ver con la proposición original de los miembros de la Comisión, ya que se han ido adoptando enmiendas contrarias que destruyen el esquema minuciosamente establecido, mientras el Consejo les da una mirada paternalista y desaprobadora, como si se tratara de adolescentes idealistas.

Dada la extensión de su campo de competencias y el impacto importante de éste sobre la legislación nacional y la vida cotidiana, la Comisión Medioambiental convertirse en víctima de sus propios poderes. En calidad de organismo, no es completamente libre sino que tiene más bien que equilibrar los distintos intereses. Con respeto a asuntos candentes, los poderes de la Comisión la convierte en un blanco vulnerable a puñaladas en la espalda, tanto por parte de los gobiernos de Estados-miembros como de los medios, sedientos de informes. Hay que notar que algunos de los mitos más famosos sobre Europa que circulan en la prensa británica (desde las “bananas tiesas” hasta la extinción de los “fish and chips”) provienen de políticas que pasaron por la Comisión Medioambiental.

Legislación o aplicación: ¿qué tipo de futuro?

Le esperan duras batallas a la Comisión Medioambiental, desde la ampliación a la vigilancia de las importaciones de mercancías de paises terceros. Su desafío más difícil quizás será hacer frente al hecho que la legislación medioambiental es escasamente respetada por los Estados-miembros. Mientras los Estados obedientes claman contra la deslealtad de otros miembros que transgreden la legislación, ahora se intenta encontrar un medio de hacerles obedecer o sancionar a los Estados que no cumplen la legislación, en particular a los futuros Estados miembros. Es probable que la Comisión Medioambiental tenga un papel que jugar, insistiendo sobre la necesidad de un diálogo bilateral que uniformice el impacto de la legislación. Todo ello implica una mayor jurisprudencia y la necesidad de entrar de nuevo en contacto con las personas que importan de veras: los agentes de aplicación que saben mejor que nadie (mejor que los lobbies en Bruselas o los funcionarios del gobierno) lo que se puede hacer o no. El sentimiento general actual en Comisión Medioambiental transmite la necesidad de hacer balance y preocuparse más de la calidad que de la cantidad de legislación medioambiental que produce. El campo de la legislación medioambiental ya tiene bastante historia detrás suya para permitirnos mirar atras y estudiarlo – y sobre todo dejar de utilizarlo como cubo de la basura para actos legislativos ignorados y desechados.