La 'compota' serbia: hooligans, orgullo gay y miedo a Occidente

Artículo publicado el 22 de Octubre de 2010
Artículo publicado el 22 de Octubre de 2010
Contenedores quemados, escaparates saqueados y cientos de personas lanzando piedras a la policía: así es la estampa que domina las portadas serbias de los últimos días. El Gobierno de Belgrado declara que la seguridad nacional no peligra, pero no todos lo ven así. Los expertos conciben la oleada de violencia ultranacionalista como una amenaza para el proceso democrático.

El equilibrio del terror de los últimos días proyecta una oscura sombra sobre Serbia: los disturbios masivos que acompañaron el desfile del orgullo gay dejaron en la capital 150 heridos, 250 detenidos y millones de euros perdidos en daños materiales. Y sólo dos días después, en Génova (Italia), los durísimos disturbios obligaron a pitar el final antes de tiempo en el partido Italia-Serbia de clasificación a la Eurocopa. Por eso ocupan los hinchas serbios las portadas internacionales.

Belgrado se esfuerza en acabar con las alarmas, reiterando que la seguridad nacional y la estabilidad política no se vieron en peligro ya que la fuerza de los hooligans no es amenaza suficiente. No obstante, el Consejo de Seguridad serbio, bajo el mandato del presidente Boris Tadic, promete actuar con más dureza contra estos grupos y acercar la lupa para saber quién los financia y dirige".

Entretanto, uno de los supuestos cabecillas de los disturbios de Génova le ha restado importancia a las especulaciones de los medios , asegurando que los sucesos “no tenían motivación política”. Tampoco se aclara el ministro de Interior serbio, que reconoció en la radio tener escasa información al respecto: "No sabemos nada sobre los que están detrás de los disturbios”.

También hay comentarios críticos. “En Serbia nadie se cree que sean protestas espontáneas”, dijo el psicólogo Prvoslav Plavsic. Ya hay antecedentes históricos de grandes conspiraciones: la revolución de Slobodan Milosevic de hace 10 años también se planeó y financió en el extranjero. Los hooligans habrían sido, como hasta ahora, marionetas en un oscuro entramado estratégico.

“Quién lo ha dirigido esta vez, si han sido círculos políticos, un fuerte lobby, los clubs deportivos o cualquier otra persona, se desconoce todavía”, admite Plavsic. Presumiblemente sería alguien interesado en debilitar las instituciones nacionales del país y, así, frenar el desarrollo democrático.

La jóvenes serbios: agresivos no, insatisfechos

La fuerte presencia de los hinchas en las portadas de los medios puede llevar a falsas conclusiones. Según Plavsic, “la mayoría de los serbios están amargados por los sucesos. Aquí vemos sólo un pequeño grupo, jóvenes en su mayoría, bajo un cristal de aumento. La juventud de hoy en día no es agresiva, pero sí está insatisfecha”. Esto contribuiría a la difícil situación social y económica del país. Desde la revolución política de hace una década se ha hecho mucho, pero la generación más joven todavía no se ha beneficiado de ello. “Hay casi tantos pensionistas como empleados y apenas hay puestos de trabajo ni perspectivas para los jóvenes”, asegura Plavsic.

Las generaciones más jóvenes son las más vulnerables a la propaganda ultranacionalista. Eso es lo que afirma el periodista de Belgrado Slobodan Georgijev, que analiza desde hace años la violencia nacionalista. “Muchos están frustrados por no haber estado nunca en el extranjero, y no saben qué es la Unión Europea. También se les puede manipular con ideología radical”.

Una generación condenada a no viajar, ajena a cualquier referencia a la Unión EuropeaNationalni Stroj (Alineación Nacional), Obraz o Dveri pertenecen a las agrupaciones ultranacionalistas más conocidas de Serbia. Les une sobre todo su negativa hacia la Unión Europea, la OTAN y otras influencias occidentales que pueden hacer peligrar el panserbismo. Unas agrupaciones ultranacionalistas son resultado de los hinchas radicales y otras se rodean de estudiantes ultraconservadores de Teología, según Georgijev, que trabaja para el semanal liberal serbio Vreme.

Un político moderado al frente de la Unión Europea o de Kosovo repugnaría a los ultranacionalistas, continúa Georgijev: “Reciben también apoyo del sector radical del clero, que tacha a los homosexuales de enfermos”. En los disturbios callejeros de 10 de octubre, día del desfile del orgullo gay, se encontraban todos allí: fanáticos del fútbol, miembros del crimen organizado y agrupaciones ultranacionalistas. Para el ministro del Interior, "es una compota de distintas influencias (...) Los serbios son expertos en dispararse en su propio pie".

La autora de este artículo, Veronika Wengert, es miembro de la red de noticias alemana n-ost

Imágenes: (cc)lassi.kurkijarvi; Kosovo (cc) peregrinaro/ambas cortesía de Flickr; vídeo: ©Associated Press/ Youtube