La Constitución europea se decide en Madrid

Artículo publicado el 13 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 13 de Abril de 2004

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Porque el texto de la Convención será aprobado en junio, gracias al empuje del dúo Blair-Zapatero, y a pesar de Berlusconi.

El futuro de la Constitución europea ha sufrido un vuelco repentino, como era predecible, desde España, debido en parte al trágico estruendo de los atentados de Madrid, en parte al éxito de las elecciones políticas. Si bien es cierto que muchos pronosticaban que con la salida de escena de Aznar las aguas volverían a su cauce en el asunto de las negociaciones sobre la Constitución, es innegable que la afirmación del lider socialista Zapatero ha dado un nuevo y decisivo impulso a la reanudación del proceso constitucional.

Efecto 11 de marzo

El líder socialista, cambiando totalmente el rumbo con respecto a su predecesor, se ha convertido de repente en un fuerte revulsivo para Europa y su Constitución, desestimando la posibilidad de la ponderacion del voto en el Consejo que, conjuntamente con el gobierno polaco, había complicado las negociaciones el pasado diciembre. El gobierno polaco, además, temiendo quedarse completamente aislado del proceso, se ha adaptado a los nuevos acontecimientos rápidamente y, con ocasión del reciente encuentro entre el presidente Miller y el canciller alemán Schroeder, ha manifestado renovadas señales de apertura y dialogo.

La señal lanzada por Zapatero ha encontrado rápidamente respuesta entre todos los dirigentes europeos. Los atentados de Madrid han supuesto de hecho la renovación de la conciencia que en diciembre se había frenado ante las redes de las reivindicaciones nacionales. Europa necesitaba urgentemente un impulso político para poder dotarse de los instrumentos que le permitan actuar con más unidad y eficacia en la escena internacional. Y también para responder de manera global a las emergencias que le están sacudiendo. Y la nueva Constitución, debido a todas las mediaciones que contiene, es precisamente el instrumento principal para ello.

Blair quiere la Constitución para junio

Parece que de nuevo el plazo va a ser estrecho pues se habla de aprobar la Constitución nada menos que antes de las próximas elecciones europeas del 13 de junio, recuperando así el calendario diseñado rápidamente tras la Convención. Y parece que quien se va a encargar de hacer cumplir este plazo va a ser, atención, atención, la misma Inglaterra, que en diciembre había hecho de negociador silencioso ante España y Polonia. Inglaterra será quien se encargue de hacer cumplir este plazo por razones de agenda política interna ya que después del verano se iniciará en Gran Bretanna un debate en relación a las elecciones generales que Blair quiere convocar para la primavera de 2005. Además, tantos asuntos ya le queman en las manos al líder ingles y no quiere encontrarse también con el problema de la Constitución europea que tantos dolores de cabeza suscita entre los ciudadanos británicos.

Por otro lado, el premier ingles, cuya popularidad va en descenso debido al malogrado descubrimiento de las armas de destrucción masiva en Iraq y a las consecuencias nefastas de la guerra, desea también reconstruir sus alianzas en Europa. Si la Constitución tiene que ser, que sea, pero rápido.

Fifty-fifty o 55-55?

Desde el punto de vista técnico, los problemas que han de resolverse inmediatamente son tres: en primer lugar, la cuestión del sistema de voto en el Consejo, respecto al cual se advierte un cierto optimismo ya que la propuesta que más comúnmente se considera consiste en una ponderación de la mayoría basada en el 55% de la población y en el 55% de los Estados. Esta propuesta, lanzada por Alemania, no ha sido asumida aún oficialmente por la presidencia de turno irlandesa porque no convence totalmente a España. La propuesta de la Convención, rechazada por Aznar, era del 50% de los Estados y del 60% de la población. Sin embargo, la novedad de esta solución respecto al sistema actual es que la nueva propuesta no consiente la constitución de minorías de países con el objetivo de bloquear las decisiones.

El segundo problema tiene que ver con la composición de la futura Comisión, ya que, en lugar de mantener el sistema de un representante por Estado miembro (que tras la ampliación constituiría un organismo ingobernable formado por 25 miembros), se maneja la posibilidad de dar al Consejo una nueva dimensión de sólo 12 miembros, que entre en vigor a partir de 2014, cuando termine la fase de transición posterior a la ampliación.

El tercer problema es el de más difícil solución y es el relacionado con las materias a las que extender el voto de mayoría cualificada, ya que si se respetasen las cláusulas establecidas por cada uno de los países miembros, no se podría dar un solo paso hacia adelante. Por tanto se están buscando soluciones de compromiso que no jueguen a la baja.

En estos momentos la presidencia irlandesa esta desarrollando una apreciable y silenciosa labor, basada en encuentros bilaterales mejor que en reuniones colegiales. El último informe sobre el estado de los trabajos de la Conferencia Intergubernamental señala que hay que delinear un clima favorable sobre el que se puedan resolver los principales problemas. El texto sobre el que se basaran las nuevas negociaciones es el que se propuso durante la presidencia italiana y que se abandonó el pasado diciembre en Bruselas, que no difiere mucho, en conjunto, del aprobado por la Convención.

La única voz discordante en este cuadro de reanudación general del espíritu constituyente europeo es paradojicamente la del mismísimo capo del gobierno italiano, preocupado por lo mal que quedaría si la presidencia de turno sucesiva a la presidencia italiana consiguiera lo que su gobierno no consiguió. Sin embargo, Berlusconi se equivoca en sus calculos. Si realmente se consiguiera aprobar la nueva constitucion antes del verano, sería un éxito tanto de la Convencion, como de la presidencia italiana y la irlandesa que han guiado la CIG, asi como a toda la UE. Hoy, poco menos de un mes después de los estragos de Madrid, es lo que todos deseábamos, un nuevo impulso europeo.