La Constitución nace muerta

Artículo publicado el 26 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 26 de Abril de 2004

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La Carta Magna es uno de los ejes fundamentales de la campaña electoral europea. Los representantes políticos analizan las carencias de un texto constitucional que no convence a nadie. Si Tucídides levantara la cabeza...

La Constitución europea será la clave de las próximas elecciones al Parlamento europeo del 10 de junio. Un documento polémico alrededor del cual se concentran las principales divergencias de los diferentes partidos políticos.

Un proyecto de Constitución con tanta miga que si fuera bien utilizado en la campaña, la participación ciudadana en las elecciones subiría hasta alcanzar los porcentajes de las elecciones nacionales. Sin embargo, para tener una verdadera campaña europea, harían falta verdaderos partidos políticos europeos.

Los puntos críticos de la Constitución

Si la Constitución fuera un país de Europa, sería Finlandia, por su cantidad de lagunas. Se observan en ella defectos para todos los gustos. En la Constitución encontramos la exclusión de las identidades nacionales que se encuentran dentro de los arcaicos Estados actuales. Y un militarismo modelo estadounidense: “los estados miembros se comprometen a mejorar progresivamente sus capacidades militares” (artículo I.40.3). Es una Constitución centralizadora, ni federal ni confederal, y que otorga tanto poder a los Estados que es digna de la Europa del siglo XVI.

Una Constitución desprovista de una verdadera Carta de Derechos Sociales a pesar de la batalla de todos los sindicatos europeos. Recordemos que la Carta de Derechos Fundamentales se aprobó y se utilizó en Niza como el palo y la zanahoria que atraería al ciudadano despistado. Sin embargo, la sustitución del “derecho al trabajo” de muchas constituciones nacionales por el “derecho a trabajar” europeo y la ausencia del derecho al aborto no han pasado desapercibidas y son difícilmente asumibles por un importante sector atónito de la ciudadanía.

Una Constitución que insulta a la inteligencia al proclamar “una economía social de mercado altamente competitiva”, entremezclando los antónimos con fallida naturalidad fruto del gallinero en que consistió la asamblea en la que 105 miembros debían aprobar todo por unanimidad.

Una Constitución con un déficit democrático que haría llorar al propio Tucídides, citado en el preámbulo de Giscard y compañía: nuestra Constitución... se llama democracia porque el poder no está en manos de unos pocos sino de la mayoría.

La Constitución como arma electoral

La Constitución nace fría, sin un pueblo. La actitud de los partidos políticos es fiel reflejo de esta realidad, la carta magna no convence a nadie. ECOSY, por boca de su vicepresidente Ief Janssens, es contundente: “queremos una constitución, no otro tratado internacional”. El joven socialista asegura que si el texto discutido en la CIG debe ser la futura Constitución de la Unión Europea y no solamente otro tratado internacional, entonces no deberían llamarlo "Tratado por el que se instituye una Constitución ", sino "Constitución".

ECOSY exige la introducción de mejoras en el proyecto de Constitución. Para los socialistas, crecimiento y empleo tendrían que ser incluidos en los objetivos del Banco Central Europeo. Así mismo, Ief Janssens pide la introducción de los principios por los que deberían regirse los servicios públicos en la Unión Europea: “universalidad, igualdad de acceso, calidad, precio justo, control público”.

El Movimiento de Jóvenes Liberales y Radicales de la Unión Europea (LYMEC), la organización de jóvenes del ELDR (Partido Europeo de Demócratas Liberales), alaba el trabajo de la Convención y lo considera “una base sana para un tratado constitucional”. Aloys Rigaut, tesorero de LYMEC, invita a los países a adoptar el proyecto de Constitución. Sin embargo advierte: “los ciudadanos no deben ser engañados, el proyecto que hay sobre la mesa es solamente un tratado constitucional, no es todavía una constitución auténtica”. Los jóvenes liberales apoyan la construcción de una federación europea y una clara separación de poderes en el ámbito europeo.

Para los Verdes europeos (FYEG), “la parte del proyecto que define las políticas de la Unión, es inaceptable”. En su opinión, estos textos contradicen los objetivos de la Unión descritos por la Convención y limitan las posibilidades de efectuar políticas de desarrollo sostenible y solidario. Jacoppo Moccia, de los Jóvenes ecologistas de Bélgica, cita tres elementos del proyecto constitucional que los Verdes han apoyado: la extensión de la codecisión (por ejemplo en el sector de la agricultura); la introducción del concepto de Cuerpo Civil Europeo de la Paz para trabajar en misiones de prevención de conflictos; y el derecho de retirada de los Estados miembros del Tratado Euratom (Comunidad Europea de la Energía Atómica), sin que este abandono tenga consecuencias sobre su adhesión a la UE.

Por su parte, las juventudes del Partido Popular europeo(YEPP) creen que la Conferencia Intergubernamental debe adoptar la Constitución europea cuanto antes. Arnt Kennis, vicepresidente de YEPP, confirma que su grupo desea una Constitución para “una Europa federal, basada en el principio de subsidiaridad”. Los logros más importantes de esta constitución son, en su opinión, el mayor poder del Parlamento gracias al procedimiento de codecisión, la extensión del sistema de voto por mayoría cualificada, la inclusión de la Carta de los Derechos Fundamentales, la creación de un presidente del Consejo y de un ministro de asuntos exteriores y la posibilidad de cooperación reenforzada.

Las hojas de la Constitución están afiladas. La Carta Magna está preparada para ser utilizada como arma electoral. El ciudadano europeo no quiere una constitución que suponga un retroceso respecto a su constitución nacional. Europa tendrá muy en cuenta las propuestas de sus políticos a la hora de ir a votar. Si es que va.