La COP21, explicada paso a paso

Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2015
Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2015

La Conferencia Mundial del Clima, la llamada COP21, reúne en París a cerca de 25 mil diplomáticos del mundo entero que, desde el pasado lunes 30 noviembre hasta el próximo 11 de diciembre del 2015, discuten acerca de la estrategia internacional que deberán seguir los Estados para contrarrestar el cambio climático. Pero, ¿qué es exactamente la COP21? ¿Cómo surgió?

Los primeros pasos

Todo empezó en 1992, en la Cumbre de Rio de Janeiro, durante la cual se firmó un documento con el título de Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (United Nations Framework Convention on Climate Change – UNFCCC o FCCC). Este documento delimitó el marco de la colaboración internacional, cuyo objetivo sería limitar la emisión de los gases responsables de la aparición del agujero en la capa de ozono y, por tanto, de la intensificación del efecto invernadero. Dicha Convención consituyó el primer paso en el largo camino hacia la elaboración de una política climática global. Desgraciadamente, como suele ocurrir a la hora de dar los primeros pasos, éste acabó en un torpe traspié.

Aunque innovadoras, las resoluciones de Rio de Janeiro se limitaron, principalmente, a recomendar que los firmantes reflexionaran sobre la manera de llevar a cabo estas ideas durante las futuras Cumbres. Por decirlo de otra manera, la Convención no llegó a introducir limitaciones en la emisión de gases de efecto invernadero de ningún tipo, sino que simplemente señaló la necesidad de hacerlo.

Pero tampoco se trataba sólo de que fueran los primeros pasos: tampoco el suelo sobre el que se daban se mostraba seguro. Es verdad que, pasado un tiempo, se aprobaron una serie de protocolos que marcaban los límites de la emisión, de entre los cuales, el más importante es el de Kioto de 1997. Sin embargo, estos protocolos no obligaron a los países en vías de desarrollo, China e India incluidos, a introducir limitación alguna y EE.UU. –el envenenador más significantivo– ni siquiera se dignó a ratifificarlos. ¿Cuál fue entonces el resultado? La emergente CMNUCC se fatigó tanto, que tuvo que tomarse un descanso que duró 8 años.

El primer encuentro de las partes del Protocolo de Kioto (en inglés: Meeting of the Parties, MOP), tuvo lugar en el 2005 durante la COP11 de Montreal, pero no se decidió nada importante allí. La COP12 de Nairobi de 2006 y la COP13 en Balí de 2007 llevaron a unos resultados parecidos. Si bien hay que señalar que durante la Cumbre de Indonesia los países reconocieron la derrota y, al mismo tiempo, decidieron que sería indispensable la participación de las economías más significantes del mundo a lo largo de las siguientes negociaciones. Con esta decisión, se comprendía tanto la necesidad de emplear unas tecnologías adecuadas como, sobre todo, la de apoyar económicamente a los países que no se veían capaces de emprender una lucha eficaz contra el cambio climático.

Desgraciadamente, la COP15 de Copenhague de 2009 –el que debía ser el encuentro clave en materia del cambio climático– coincidió con un período de fuerte recesión económica, lo que llevó a un nuevo fracaso. Fue un paso en la dirección correcta, pero dado en un momento inoportuno.

What Is COP21? The 2 Minute Guide.

Aprender a ser independiente

Los siguientes cuatro años transcurrieron a la espera de que la recesión se debilitara y de que países como EE.UU, China e India comprendieran, por fin, que por la culpa de su rémora, el mundo podría verse afectado por una crisis mucho más grave que la de aquel entonces. Era el momento de asumir que, según el Cuarto Informe de Evaluación del IPCC, es el hombre el principal respondable del calentamiento global.

De hecho, si la tendencia actual se mantiene y la temperatura media de la atmósfera aumenta 2ºCentonces los cambios de tiempo se volverán cada vez más bruscos;  considerables porciones de tierra sufrirán desertificación, mientras que en los mares comenzará a faltar el oxígeno necesario para la vida. Dichos cambios conllevan una perspectiva de hambre e intensificación de la desigualdad en el acceso a materias primas tales como la tierra, madera o agua, lo cual puede convertirse en la causa de migraciones masivas e incluso de guerras.

Durante la COP19 de Varsovia se pusieron en marcha las Contribuciones Previstas y Determinadas a nivel nacional (en inglés: Intended Nationally Determined Contributions, INDCs), que fueron el requisito previo para la COP21 y para que las discusiones de París pudieran centrarse en la coordinación de los INDC a escala global y en la distribución de los fondos financieros en ellas declarados. Esto supuso un giro de 180 grados en relación con las Cumbres anteriores. Esperemos que no sólo en la dirección correcta, sino también en el momento adecuado.

La COP20 de Lima de 2014 trajo un cambio que consistió en que EE.UU. y China tomaron parte en las negociaciones, además de declarar su voluntad de limitar la emisión de gases de efecto ivernadero. Fue precisamente en aquel momento cuando se decidió cambiar la manera de llevar la política climática mundial: Se propuso que, hasta la COP21, todos los países tendrían que establecer su modo de actuación y su compromiso a la hora de contrarrestar los cambios climáticos. 

Sin confianza, ¡ni hablar!

Pero la Importancia de la COP21 reside también en otro aspecto: Los países en vías de desarrollo podrán pasar a utilizar la energía renovable de manera más efectiva y desistir del uso de carbón, siempre y cuando, los países más acomodados del mundo cubran los costes de esta transición. Esto requiere buena voluntad por ambas partes: Los adinerados tendrán que compartir su riqueza y los peor situados no podrán malgastar estos medios.

Por tanto, la Conferencia de París no supondrá tanto un reto de organización sino, más bien, una prueba de confianza mutua. El intento de estabilizar el crecimiento de la temperatura media a nivel de los 2ºC sólo podrá tener éxito bajo la condición de que todos pongan sus cartas boca arriba. En la situación actual, jugar al gato y al ratón podría acabar no sólo en un tropezón, sino en una caida dolorosa para toda la humanidad.

Pero, aún si la COP21 terminase el próximo 11 de diciembre con una nueva derrota, algo sí que se ha podido lograr: Los políticos, por fin, se han percatado de que no podrán hacer frente al cambio climático solos. El éxito sólo será posible mediante acciones emprendidas a gran escala y desarrolladas, paso a paso, desde una escala local.