La Corrala Utopía devuelve la vida a Sevilla

Artículo publicado el 10 de Marzo de 2014
Artículo publicado el 10 de Marzo de 2014

Azo­ta­do por la cri­sis eco­nó­mi­ca que dis­pa­ra el des­em­pleo, la po­bre­za y los desahu­cios, el pue­blo de Se­vi­lla con­tra­ta­ca con­ la in­ge­nui­dad y el joie de vivre. El mo­vi­mien­to de La Co­rra­la está ocu­pan­do las pro­pie­da­des va­cías, con el que no solo da un lugar donde vivir a la gente, sino tam­bién una co­mu­ni­dad a la que va­lo­rar.

"Hace tiem­po un fo­tó­gra­fo fran­cés vino a hacer un foto re­por­ta­je de la vida en nues­tra Co­rra­la. Nos cogió a todos, sentó una fa­mi­lia tras otra en un si­llón y sacó las fotos. En la foto de mi fa­mi­lia mi hija está sen­ta­da en el sofá, mi mujer está de pie a su de­re­cha y yo a su iz­quier­da". Aun­que los re­si­den­tes de la Co­rra­la Uto­pía se acos­tum­bra­ron a las fotos y a la aten­ción de los me­dios, se can­sa­ron del sen­sa­cio­nalis­mo. "Cuan­do vi el re­sul­ta­do de esta se­sión, des­cu­brí que el fo­tó­gra­fo había re­to­ca­do nues­tras caras para que pa­re­cié­ra­mos más tris­tes. Editó mi cara y pa­re­cía que es­ta­ba llo­ran­do. Tam­bién apa­ren­ta­ba diez años más viejo", sus­pi­ra Ál­va­ro. Sen­ta­do en la acera en el ex­te­rior de la Co­rra­la, en la zona obre­ra del no­roes­te de la ciu­dad, nos en­con­tra­mos con él, el men­sa­je­ro de tez mo­re­na y com­ple­xión ro­bus­ta en­via­do por los demás para res­pon­der a nues­tras pre­gun­tas. No tiene sen­ti­do ver a nadie más por­que "todos con­ta­rán la misma his­to­ria", de­cla­ra Ál­va­ro; y no po­de­mos en­trar en el edi­fi­cio, así "la po­li­cía no sabrá lo que hemos es­ta­do ha­cien­do den­tro estos días".

co­no­cer a los re­si­den­tes

Crea­da en mayo de 2012, la Co­rra­la Uto­pía fue el pri­mer edi­fi­cio vacío de apar­ta­men­tos en ser ocu­pa­do por las víc­ti­mas de la ac­tual cri­sis eco­nó­mi­ca. Está ha­bi­ta­da por di­fe­ren­tes per­so­nas, desde pe­lu­que­ras hasta lim­pia­do­ras y al­ba­ñi­les, que se en­con­tra­ron sin tra­ba­jo de la noche a la ma­ña­na, que fue­ron desahu­cia­dos de sus ho­ga­res y que, en ge­ne­ral, aún tie­nen hi­po­te­cas que pagar. Aun­que han ido apa­re­cien­do otras en Se­vi­lla desde en­ton­ces, la Co­rra­la Uto­pía es una de las pocas que ha so­bre­vi­vi­do. Sin em­bar­go, su des­tino es más que in­cier­to en estos días. El pa­sa­do 15 de fe­bre­ro, el Tri­bu­nal de Jus­ti­cia or­de­nó el desahu­cio in­me­diato de los re­si­den­tes de Uto­pía, al que si­guie­ron con­ce­sio­nes que per­mi­tie­ron a las fa­mi­lias en­con­trar una "so­lu­ción pa­si­va" al pro­ble­ma. Como con­se­cuen­cia, la co­mu­ni­dad de Uto­pía pro­ba­ble­men­te se di­sol­ve­rá en marzo. Los re­si­den­tes ten­drán que bus­car un nuevo hogar.

Pa­ra­dó­ji­ca­men­te, esta es una dura tarea. A pesar de que Se­vi­lla tiene unas 130.000 vi­vien­das va­cías, no se ha ofre­ci­do nin­gu­na de ellas a las fa­mi­lias. "Que­re­mos pagar un al­qui­ler so­cial, acor­de con nues­tros in­gre­sos in­di­vi­dua­les, pero el Go­bierno no quie­re saber nada de eso", ex­pli­ca Ál­va­ro. "Ade­más, han es­ta­do ha­cien­do todo lo po­si­ble para que nues­tra vida sea más dura", añade. Sólo unas pocas se­ma­nas des­pués de ha­ber­se mu­da­do al edi­fi­cio, la ciu­dad cortó el su­mi­nis­tro de agua y luz. "Se gas­ta­ron 40000 euros en hacer eso", re­cuer­da Ál­va­ro con cier­ta re­sig­na­ción. "Hemos vi­vi­do aquí sin agua ni luz casi desde el prin­ci­pio". Los re­si­den­tes de la Co­rra­la re­co­gen el agua de la fuen­te pú­bli­ca al otro lado de la calle y uti­li­zan ge­ne­ra­do­res de ga­so­li­na para ob­te­ner ener­gía. "Tam­bién le pe­di­mos al Go­bierno que nos asig­na­ra huer­tos para cul­ti­var nues­tra pro­pia fruta y ver­du­ra. Solo le han co­nce­di­do una par­ce­la de te­rreno a una fa­mi­lia".

se trata de la gente

"Antes de venir aquí tra­ba­ja­ba en un club náu­ti­co. Ga­na­ba 2.500 euros al mes, com­pré una casa; es­ta­ba fo­rra­do. Hoy no tengo casa, ni tele ni radio, pero soy más feliz. El di­ne­ro no puede com­prar la fe­li­ci­dad", nos ex­pli­ca Ál­va­ro. "Ahora paso más tiem­po con mi fa­mi­lia, pa­sa­mos las tar­des ha­blan­do con los demás y ju­gan­do con nues­tros hijos. Somos como una gran fa­mi­lia". En su tiem­po libre, los re­si­den­tes de la Co­rra­la, apo­ya­dos por vo­lun­ta­rios, or­ga­ni­zan ac­ti­vi­da­des para los niños, apren­den a bai­lar fla­men­co y or­ga­ni­zan actos para apo­yar su mo­vi­mien­to. "Or­ga­ni­za­mos la Co­rra­la Rock el año pa­sa­do, una serie de con­cier­tos para apo­yar nues­tra Co­rra­la; dimos cla­ses de fla­men­co y lo usa­mos para un es­cra­che den­tro del banco Iber­ca­ja, ac­tual pro­pie­ta­rio de la Co­rra­la. In­clu­so le pe­di­mos al Go­bierno ayuda fi­nan­cie­ra para la or­ga­ni­za­ción de un cen­tro so­li­da­rio donde acon­se­jar a los ve­ci­nos de nues­tro ba­rrio, y luego abrir un co­me­dor so­cial. Nunca re­ci­bi­mos res­pues­ta".

¡ha­ga­mos ruido!

"El poder es el pue­blo unido", de­cla­ra Ál­va­ro. Hoy en día ciu­da­da­nos de todo el país com­par­ten esa creen­cia. Co­no­ce­mos a los miem­bros de la Pla­ta­for­ma de Afec­ta­dos por la Hi­po­te­ca de Se­vi­lla (PAH) du­ran­te una ma­ni­fes­ta­ción en el edi­fi­cio de otro banco, Cai­xa­bank. Es rui­do­sa, se puede es­cu­char a los ma­ni­fes­tan­tes a un par de ca­lles de dis­tan­cia. Las trom­pe­tas y los sil­ba­tos son las armas ne­ce­sa­rias para de­mos­trar el apoyo al de­re­cho a una "vi­vien­da justa" y di­ri­gir la aten­ción a la ne­ce­si­dad de "una so­lu­ción real al pro­ble­ma de las hi­po­te­cas" - hay cua­tro casos de hi­po­te­cas que la di­rec­ción del banco está dis­cu­tien­do en la ac­tua­li­dad. Esta gente ha es­ta­do acam­pan­do por tur­nos du­ran­te once días para de­mos­trar su firme de­ter­mi­na­ción.

"La PAH está di­rec­ta­men­te re­la­cio­na­da con el mo­vi­mien­to In­dig­na­dos, o el 15M (el mo­vi­mien­to de ocu­pa­ción sur­gi­do el 15 de mayo de 2011). En aquel mo­men­to, per­so­nas con los mis­mos pro­ble­mas unie­ron sus fuer­zas, em­pe­za­ron a or­ga­ni­zar asam­bleas se­ma­na­les donde aque­llos con pro­ble­mas de hi­po­te­ca y desahu­cio ve­nían a de­ba­tir, re­ci­bían orien­ta­ción y apoyo. En la sede se­vi­lla­na de la PAH, nos reuni­mos dos veces a la se­ma­na y nos jun­ta­mos unas 280 per­so­nas con pro­ble­mas hi­po­te­ca­rios aún sin re­sol­ver". Isa­bel es una tra­ba­ja­do­ra so­cial que de­di­ca su tiem­po libre a coor­di­nar las ac­cio­nes de la PAH. "Nues­tro mayor logro es que hemos con­se­gui­do evi­tar desahu­cios", dice Isa­bel con una son­ri­sa. "Ade­más, no lu­cha­mos por casos in­di­vi­dua­les. Tra­ba­ja­mos jun­tos para so­lu­cio­nar una causa común. Aquí la gente pier­de su sen­ti­do de cul­pa­bi­li­dad, sabe que ya no está sola. Gra­cias a la PAH, las per­so­nas se da cuen­ta de que son con­ciu­da­da­nos, no solo con­su­mi­do­res", se­ña­la con or­gu­llo. Es más, esta pa­re­ce ser la razón de ser de todos los mo­vi­mien­tos de apoyo ciu­da­dano en Se­vi­lla, y pro­ba­ble­men­te en el con­jun­to de Es­pa­ña. Tal y como Ál­va­ro lo ex­pre­sa: "bus­ca­mos una vic­to­ria so­cial, no una vic­to­ria po­lí­ti­ca"

ESTE RE­POR­TA­JE FORMA PARTE DEL PRO­YEC­TO 'EU­TO­PIA:TIME TO VOTE' EN SE­VI­LLA. MU­CHAS GRA­CIAS A CA­FE­BA­BEL SE­VI­LLA - ELENA UR­BI­NA SO­RIANO Y CLARA FA­JAR­DO- ASÍ COMO A PABLO GON­ZA­LEZ JI­ME­NEZ.

Este ar­tícu­lo forma parte de una edi­ción es­pe­cial de­di­ca­da a Se­vi­lla y rea­li­za­da en el marco del pro­yec­to 'eu-to­pia time to vote' ini­cia­da por ca­fé­ba­bel en co­la­bo­ra­ción con la fun­da­ción hip­po­cre­ne, la co­mi­sión eu­ro­pea y el mi­nis­te­rio de asun­tos ex­te­rio­res fran­cés.