La crianza de niños multilingües

Artículo publicado el 16 de Julio de 2015
Artículo publicado el 16 de Julio de 2015

Si algo ha caracterizado a Viena durante años es su notable faceta multicultural. Hoy en día es hogar de decenas de nacionalidades -algunas de ellas recién llegadas al país- y los orígenes de sus varias comunidades datan de la era del Imperio de Habsburgo.

Las comunidades checas y eslovacas en la capital austríaca han pasado por todo tipo de altibajos. Hoy en día, estas comunidades están formadas por "antiguos pobladores" y por inmigrantes recientes que se han mudado a Viena tras la apertura del mercado laboral del país a ciudadanos de nuevos países de la UE.

Estos grupos, aunque de orígenes distintos, tienen varios objetivos que los unen, como el de criar a sus hijos para que sean conscientes de sus raíces. Una de las opciones para ello es enviarlos a la escuela checo-eslovaca dirigida por la Asociación Komensky. Fundada en 1972, su propósito era ofrecer a los inmigrantes checos y eslovaquos -por aquel entonces alrededor de 200.000- la oportunidad de estudiar en su lengua madre.

Karl Hanzl, presidente de la asociación, afirma que, si bien en el pasado la meta principal era preservar la identidad nacional, hoy en día es formar niños multilingües. "Dentro de este ambiente financiero, resulta valioso y ventajoso poder hablar alemán, checho, eslovaco y húngaro, y no sólo en el inglés universal".

Actualmente, alrededor de 500 niños cursan varios niveles de instituciones educativas bajo la guianza de la Asociación Komensky. Según Hanzl, alrededor del 80% son ciudadanos austriacos, dos tercios son de etnia checa y un tercio eslovaca. Es posible comenzar a cursar el preescolar a la edad de dos años y finalizar la escuela a la edad de 18, tras aprobar el examen de salida de secundaria (Realgymnasium).

Hemos visitado la escuela con la finalidad de conocer el funcionamiento de este tipo de educación en la práctica dentro del sistema educativo en Austria. Las escuelas se rigen, lógicamente, por el currículum austríaco y el uso de textos en alemán. Históricamente, el progreso educacional ha sido bilingüe -en checho y alemán- hasta principios de los 90, cuando se añadió el idioma eslovaco, convirtiéndolo en trilingüe. "Cuando los niños comienzan su educación, los padres y profesores, en conjunto, determinan en qué idioma el niño será 'alfabetizado'. Esto significa que aprenderán a leer y escribir en la lengua elegida. Durante los dos primeros años de su educación, su conocomiento del otro idioma debería alcanzar el mismo estándar", afirma Hanzl.

La directora de la escuela primaria, Marcela Ofner, nos comenta que todas las materias, a excepción de las clases de alemán e inglés, se imparten en dos o tres idiomas. "Los maestros, que son 98% chechos o eslovacos, cambian de alemán a checo. Si el niño no entiende algo en checho, se le explica en alemán. Todo es mezclado. Los niños checos toman apuntes en checho y alemán, mientras que los chicos eslovacos lo hacen en eslovaco y alemán. Afirma que el sistema funciona bien y que los alumnos están acostumbrados, además de cambiar de idiomas cuando hablan entre sí, así que no les causa problema alguno".

Ofner señala que los niños eslovacos aprenden con rapidez y tras un año pueden hablar eslovaco, checho y alemán, mientras que los niños chechos tienen una comprensión pasiva del eslovaco y que, en general, el checho es el idioma predominante. La maestra sostiene que ser multilingüe es un tesoro dentro de un mundo cada vez más abierto y recalca la importancia de la crianza en ese tipo de ambiente. Además de los dos o más idiomas impartidos a los niños, también reciben clases de cultura, historia, geografía y tradiciones de los respectivos países. "No aprenderían todo esto sólo hablando con sus padres en casa", señala el director de la escuela primaria Komensky.

Lamentablemente, no tuvimos la oportunidad de asistir a una clase bilingüe, sólo a una clase de alemán. Nos sorprendió ver cuán activos eran los niños durante la clase, tanto que nos dio la impresión de que hacían alarde de su hiperactividad, pero la maestra, una de las pocas que no habla checho o eslovaco, nos reitera que se trata de un hecho común.

También pudimos hablar con algunos alumnos de tercer grado como Peter, un niño que llegó a Viena con sus padres hace cuatro años y sin hablar nada de alemán. "Estoy ahora en tercer grado y tenemos una maestra que habla alemán, lo que me ayuda a comprender mejor el idioma". Los niños parecen, en general, disfutar del ambiente de escuela, aunque varios admiten que les gusta más los días en que no les asignan tareas.

Las escuelas Komensky son un buen ejemplo de que las instituciones para minorias étnicas no necesariamente crean guetos culturales y de que, por el contrario, son enriquecedoras para los niños, quienes se nutren de las distintas culturas que los rodean.