La crisis de refugiados sirios en Bulgaria

Artículo publicado el 23 de Enero de 2014
Artículo publicado el 23 de Enero de 2014

Bulgaria ha recibido una afluencia sin precedentes de refugiados procedentes de Siria. El país no está preparado y aún espera la ayuda necesaria de sus vecinos de la UE, mientras lucha por hacer frente a la situación. Las familias sirias que dejaron atrás el conflicto solo para encontrarse en medio de una crisis humanitaria parecen haber caído de la sartén al fuego.

De­ci­di­mos ir al Bul­ga­ria, aun­que no sa­bía­mos nada acer­ca del país. Des­co­no­cía­mos que no había tra­ba­jo para los búl­ga­ros y no éra­mos cons­cien­tes de lo que se dice de los ex­tran­je­ros aquí”, dice Ami, un sirio de 20 años de ori­gen kurdo que no quie­re usar su ver­da­de­ro nom­bre.

Ami y su fa­mi­lia se alo­jan en el cen­tro de re­cep­ción de re­fu­gia­dos de Vraz­deb­na, en Sofia, la ca­pi­tal búl­ga­ra. Aun­que el cen­tro tiene ca­pa­ci­dad para 310 per­so­nas, ac­tual­men­te acoge a más de 400 so­li­ci­tan­tes de asilo.

La madre de Ami nos pre­pa­ra algo de té y se sien­ta a nues­tro lado con una son­ri­sa aco­ge­do­ra. Hay 20 per­so­nas dur­mien­do en la ha­bi­ta­ción, dos en cada cama. En el rin­cón está la zona de la co­ci­na. Los za­pa­tos se co­lo­can de­lan­te de la puer­ta prin­ci­pal, su­je­ta con un cor­dón, ya que no tiene pomo.

Tra­di­cio­nal­men­te, Bul­ga­ria, uno de los es­ta­dos miem­bros más po­bres de la UE, no ha sido un des­tino po­pu­lar para los so­li­ci­tan­tes de asilo. Sin em­bar­go, el país ha ex­pe­ri­men­ta­do un au­men­to sin pre­ce­den­tes del nú­me­ro de re­fu­gia­dos en los úl­ti­mos meses. La ma­yo­ría en­tran por Tur­quía, hu­yen­do del san­grien­to con­flic­to sirio.

Más de 8000 so­li­ci­tan­tes de asilo en­tra­ron en Bul­ga­ria este año, en com­pa­ra­ción con los 1000 de años an­te­rio­res. El país no está pre­pa­ra­do para hacer fren­te a tal afluen­cia y se en­fren­ta a un reto para hos­pe­dar a los re­fu­gia­dos de forma ade­cua­da. Mu­chos viven en con­di­cio­nes mi­se­ra­bles en cam­pa­men­tos im­pro­vi­sa­dos sin co­mi­da re­gu­lar, ca­le­fac­ción ni asis­ten­cia mé­di­ca.

Ami y su fa­mi­lia viven en Bul­ga­ria desde sep­tiem­bre, des­pués de cru­zar la fron­te­ra tur­co-búl­ga­ra ile­gal­men­te en medio de la noche. Ami se em­bar­có en este arduo viaje con sus pa­dres, sus seis her­ma­nos y her­ma­nas y su abue­la de 70 años. Temía que ella no pu­die­ra so­bre­vi­vir al cruce de la fron­te­ra atra­ve­san­do el “bos­que os­cu­ro”.

Él vivía en la ciu­dad siria de Qa­mish­li, en el no­res­te del país, donde es­tu­dió in­ge­nie­ría geo­ló­gi­ca. Su her­ma­na, que nos ob­ser­va sen­ta­da en un rin­cón con un libro de texto en el re­ga­zo, hizo in­for­má­ti­ca. Su her­mano cursó fi­lo­lo­gía in­gle­sa. “Todos que­re­mos con­ti­nuar con nues­tros es­tu­dios”, me cuen­ta Ami. Se queja de que no está acos­tum­bra­do a du­char­se con tan poca fre­cuen­cia. Solo hay unas pocas cal­de­ras en el edi­fi­cio y más de cien per­so­nas es­pe­ran­do en cada una. Ha em­pe­za­do a es­tu­diar búl­ga­ro re­cien­te­men­te. Le pre­gun­to cómo le va y me res­pon­de en búl­ga­ro con una son­ri­sa: “no muy bien”.

La­ti­fa es un ama de casa de 24 años pro­ce­den­te de Da­mas­co. “Aquí todos me quie­ren”, me cuen­ta. Se ha con­ver­ti­do en el alma del cam­pa­men­to por su ca­rác­ter jo­vial y su ama­bi­li­dad con los niños. Vive aquí con su ma­ri­do y sus ge­me­los. Para lle­gar, tuvo que atra­ve­sar el mismo bos­que que Ami, junto con otras tres fa­mi­lias. Pa­ga­ron 450 $ por per­so­na.

Cuan­do no está cui­dan­do de sus hijos, La­ti­fa pasa cada se­gun­do ayu­dan­do a la madre de una re­cién na­ci­da de tan solo una se­ma­na. La pe­que­ña, que nació en un hos­pi­tal local, duer­me en una ha­bi­ta­ción se­pa­ra­da, acon­di­cio­na­da para niños. En con­tras­te con el resto de ha­bi­ta­cio­nes, gri­ses y aba­rro­ta­das, este es­pa­cio es aco­ge­dor: está pin­ta­do con co­lo­res bri­llan­tes y hay ju­gue­tes en los es­tan­tes. Ac­tual­men­te hay 2135 niños vi­vien­do en los cen­tros de re­fu­gia­dos búl­ga­ros, mu­chos de los cua­les se han con­ver­ti­do en huér­fa­nos como con­se­cuen­cia de la gue­rra.

Sin la ayuda de los vo­lun­ta­rios no ha­bría un su­mi­nis­tro es­ta­ble de co­mi­da en la ma­yo­ría de los cam­pa­men­tos. Los re­fu­gia­dos de­pen­den de do­na­cio­nes o de una sub­ven­ción men­sual de 33 €. Al­gu­nas ma­dres han de­ja­do de lac­tar de­bi­do al es­trés. Las or­ga­ni­za­cio­nes como Cruz Roja o Ayuda Hu­ma­ni­ta­ria para los Re­fu­gia­dos or­ga­ni­zan do­na­cio­nes con la ayuda de una red de cien­tos de vo­lun­ta­rios.

Es duro por­que los re­fu­gios no son ade­cua­dos y se ha so­bre­pa­sa­do su ca­pa­ci­dad”, dice Sa­bri­na Trad, una vo­lun­ta­ria que co­la­bo­ra con Ayuda Hu­ma­ni­ta­ria para los Re­fu­gia­dos. “Se han to­ma­do al­gu­nas me­di­das para me­jo­rar las con­di­cio­nes, pero es di­fí­cil por­que los cam­pa­men­tos están lle­nos”, ase­gu­ra.

Una cri­sis hu­ma­ni­ta­ria sin pre­ce­den­tes en Bul­ga­ria

Sa­bri­na, que es medio búl­ga­ra medio siria, des­ta­ca que los cam­pa­men­tos pro­vin­cia­les son el ver­da­de­ro pro­ble­ma. Uno de ellos, una an­ti­gua base mi­li­tar, está si­tua­do en la ciu­dad de Har­man­li, en el su­r­es­te del país. En no­viem­bre, 100 per­so­nas ame­na­za­ron con em­pe­zar una huel­ga de ham­bre como pro­tes­ta por las con­di­cio­nes de vida del cam­pa­men­to, que al­ber­ga a unos 1000 re­fu­gia­dos.

Re­cien­te­men­te, Ni­ko­lay Chir­pan­liev, di­rec­tor de la Agen­cia Na­cio­nal para los Re­fu­gia­dos, anun­ció que la UE había pro­me­ti­do 800 000 €, el go­bierno búl­ga­ro 817 320, la Re­pú­bli­ca Checa 1 mi­llón de euros y 3,6 mi­llo­nes de dó­la­res el Alto Co­mi­sio­na­do de las Na­cio­nes Uni­das para los Re­fu­gia­dos. Chir­pan­liev ha pro­me­ti­do una pron­ta me­jo­ra de las con­di­cio­nes.

El her­mano de Sa­bri­na, Rus­lan Trad, es un joven pe­rio­dis­ta búl­ga­ro. Este des­ta­ca el hecho de que Bul­ga­ria nunca antes se ha en­fren­ta­do a una cri­sis hu­ma­ni­ta­ria a es­ca­la tan gran­de. “Es im­por­tan­te que Bul­ga­ria res­pon­da a esta si­tua­ción y se ocupe de las fuer­zas po­lí­ti­cas im­pli­ca­das”; dice Rus­lan. “Hay más re­fu­gia­dos de ca­mino. Y no hay lu­ga­res ade­cua­dos que pue­dan pro­por­cio­nar­les unos apo­sen­tos de­cen­tes. Esto po­dría desem­bo­car en una cri­sis”, añade.

Según los ob­ser­va­do­res, los mo­vi­mien­tos na­cio­na­lis­tas se están apro­ve­chan­do de la si­tua­ción para bus­car apoyo. En no­viem­bre, Volen Si­de­rov, el líder del par­ti­do na­cio­na­lis­ta, Ataka, pidió que Bul­ga­ria ex­pul­sa­se a todos los in­mi­gran­tes ile­ga­les.

Rus­lan Trad dice que las ac­ti­tu­des hacia los re­fu­gia­dos en Bul­ga­ria son muy di­fe­ren­tes. Su­gie­re que, aun­que la ma­yo­ría de búl­ga­ros pa­re­cen tener una pre­dis­po­si­ción ne­ga­ti­va ante los re­fu­gia­dos, hay “do­ce­nas de vo­lun­ta­rios que de­di­can su tiem­po y re­cur­sos para ayu­dar­los”.

La fa­mi­lia de Ami aguar­da la de­ci­sión sobre el es­ta­do de los re­fu­gia­dos, que de­be­ría lle­gar en los pró­xi­mos meses. No saben si a al­guien del cam­pa­men­to se le ha con­ce­di­do la ca­te­go­ría de re­fu­gia­do ofi­cial. A decir ver­dad, muy pocos lo han con­se­gui­do y no es algo que vayan a re­co­no­cer en voz alta.

Los re­fu­gia­dos se en­cuen­tran atra­pa­dos en un limbo ex­tra­ño. “Un mes aquí pa­re­ce un año. El tiem­po pasa len­ta­men­te”, dice Ami. "No que­re­mos vol­ver a vivir en con­di­cio­nes de­plo­ra­bles, así que el oeste de Eu­ro­pa pa­re­ce un lugar mejor donde ir”. Cuan­do se la pre­gun­ta por el fu­tu­ro, La­ti­fa dice que todo lo que quie­re es una “buena vida”. Ami no tiene in­ten­ción de di­ri­gir­se hacia el oeste y La­ti­fa no ten­drá su “buena vida” hasta que la UE lle­gue a un acuer­do sobre lo que rá­pi­da­men­te se está con­vir­tien­do en una auténtica cri­sis de re­fu­gia­dos.

Este re­por­ta­je forma parte del dos­sier que Ca­fé­Ba­bel ha de­di­ca­do al con­flic­to de Siria