La democracia avanza en Europa Central

Artículo publicado el 17 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 17 de Enero de 2005

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Muchos dijeron que la democracia era incompatible con los países del Este. El éxito en centroeuropa echa por tierra dicha teoría.

La democracia gana terreno. Según un reciente estudio de la Universidad de Maryland, hoy en día casi un 60% de la humanidad vive bajo gobiernos democráticos, cuando hace sólo 20 años el porcentaje era de un 38%. Aunque los recientes sucesos en Ucrania nos recuerden que la ola democrática que engulló gran parte del antiguo bloque soviético no ha desplazado por completo a los gobiernos autoritarios, el liberalismo ha sido un éxito en países centroeuropeos como la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia.

Las organizaciones internacionales obligan al cambio

En su libro “El Futuro de la Libertad”, Fareed Zakaria distingue entre verdaderas democracias liberales y las que no lo son. En las que lo son, los derechos de propiedad están protegidos, la jurisdicción es independiente y las libertades civiles están garantizadas. Y en las otras, las elecciones libres no pueden ocultar la realidad de que la responsabilidad del gobierno es mínima y las libertades civiles están restringidas por la débil ley que se ejerce.

Contra la teoría clásica de que un nacionalismo étnico hace que los países del "este" no sean favorables a tener valores cívicos liberales y demócratas, el acceso a la UE nos muestra cómo las normas liberales no se han estancado en Europa central. Condicionar la afiliación a organizaciones internacionales a criterios económicos y políticos muy estrictos ha ayudado a destruir cualquier principio no liberal de los sistemas centroeuropeos. Por ejemplo, bajo el gobierno del nacionalista populista Vladimir Meciar, a Eslovaquia le fue negada la entrada a la OTAN y a la UE si no detenía su política de discriminación contra húngaros y rumanos.

Según una reciente encuesta de la ONG norteamericana Freedom House, todos los Estados centroeuropeos han llevado a cabo reformas para consolidar las normas democráticas liberales. Hoy se alcanza el nivel más alto de derechos políticos y civiles. En cambio, cuando la región estaba en la cúspide de la revolución de 1989 esas libertades se veían restringidas por los regímenes comunistas. Los sistemas políticos son ahora realmente como los de Occidente. Las elecciones son libres, regulares y justas; la libertad de expresión no se entorpece; el poder judicial lleva a cabo un control efectivo del ejecutivo.

La liberalización económica conduce a la democracia

Al mismo tiempo, el nivel de libertad en las democracias centroeuropeas debe ser medido según la libertad económica: ¿hasta qué punto la gente puede llevar a cabo la actividad económica sin la interferencia del estado? La investigación del Instituto Fraser muestra que Europa central ha recorrido un largo camino en la liberalización del mercado, lo que significa que, independientemente del estado de las economías en 1989, el crecimiento centroeuropeo es fuerte. En la década que va de 1993 a 2003 el PNB creció entre un 200% y un 250%, y el PIB per capita lo hizo entre un 2% y un 5% al año (cifras del Banco Mundial). La riqueza individual ha crecido y se ha reducido la pobreza. Además, la inflación, lo que mas daño hace a las economías poscomunistas, también se ha mantenido bajo control en los últimos años. Aunque la zona tardará otros 15 ó 20 años en ponerse a la altura de los países del oeste, es una de las regiones que más rápidamente crecen en el mundo llevando gran ventaja sobre otros países ex-comunistas que sí han fallado en su intento de democratizarse.

En 1989, Europa central tuvo que cargar con el caótico sello de la transición poscomunista: un excesivo número de partidos políticos débiles y desorganizados y un nacionalismo populista. Algunas cicatrices permanecen, pero ahora hay señales de que esos Estados han madurado y se han convertido en democracias liberales occidentales. La consolidación de partidos políticos como bloques estables continúa. Hungría se ha convertido casi en un sistema bipartito mientras que en Eslovaquia, Mikulas Dzurinda ganó dos elecciones consecutivas, la primera vez que un primer ministro lo hace en la región. Europa Central ha consolidado la democracia, no sólo por aquellos que han hecho un mayor progreso en cuanto a la liberalización democrática, sino también por aquellos que avanzan a pasos agigantados consolidando el cumplimiento de la ley. Comparado con la continua corrupción y el estancamiento económico de los estados ex-comunistas que no se han democratizado totalmente, Europa central ha sido testigo de una transición extraordinaria.