La directiva Bolkestein: un gran salto para la UE

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 16 de Febrero de 2006

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El 16 de febrero el Parlamento Europeo someterá a votación la famosa directiva ideada por el excomisario europeo holandés Frits Bolkestein, que pretende liberalizar el sector de los servicios.

Cuando se presentó por primera vez hace dos años, la directiva Bolkestein pasó inadvertida, pero durante la precampaña de los referendos en Francia y Holanda sobre la Constitución Europea llegó a convertirse en un símbolo de todos los males provenientes de Bruselas, rebautizada popularmente como la Directiva Frankenstein en sarcástica referencia a su padre espiritual.

Con esta directiva se verán reducidas las trabas para los flujos comerciales transnacionales, puesto que eliminará las regulaciones de los Estados miembro en materia de servicios, medida que en teoría debería resultar en una economía europea más dinámica y competitiva.

A pesar de algunas de las críticas sobre los detalles de la propuesta que pueden tener su punto de razón, el acoso al que ha sido sometida esta directiva se basa en concepciones equivocadas y en tergiversaciones deliberadas de la verdad.

Una extraña coalición formada por partidos de izquierda, sindicatos y movimientos nacionalistas de derechas -sobre todo en la UE de los 15- unieron sus fuerzas para combatir esta directiva. Tras sus argumentos en pro de defender la cobertura social, los estándares medioambientales, la cultura y los servicios públicos, se ocultaba una fuerte corriente proteccionista e incluso, a veces, un leve sentimiento xenófobo.

Colocando a Europa en el siglo XXI

Los opositores a la Directiva de Servicios alimentaron su discurso con catastróficas profecías sobre millones de europeos del Este, simbolizados por los fontaneros polacos, inundando los mercados laborales de la vieja Europa, pero los mismos que predicaron esto, se olvidaron convenientemente de transmitir a su público que durante los últimos 15 años han sido las compañías de los miembros veteranos de la UE las que han invadido los mercados de Europa del Este mientras conseguían jugosos beneficios.

También olvidaron mencionar que puede que la liberalización de los mercados y la libre competencia se cobren alguna víctima, pero que la economía, vista como un todo, se beneficiará mucho, siendo el resultado final positivo.

Por último, también dejaron deliberadamente fuera de su discurso el hecho de que esta directiva incluye varias medidas contra el abuso o el recorte de los niveles de las políticas públicas.

En esta próxima votación hay más en juego que la simple eliminación de las trabas transfronterizas para el intercambio de servicios. Europa se encuentra ante la disyuntiva de elegir entre entrar por fin en el siglo XXI o aferrarse a las nostálgicas ideas de una Europa que hace ya mucho dejó de existir (quizás jamás existió). Si queremos mantener y mejorar nuestro nivel y nuestra calidad de vida, así como el modelo social europeo basado en la solidaridad y en la sostenibilidad, debemos aceptar que el sistema que diseñamos para la economía y la sociedad de mediados del siglo XX ya no son validos para el siglo XXI. No competimos contra Polonia o Eslovaquia sino contra China, Brasil y los EE UU. Europa ha de elegir el camino a seguir: mantener el statu quo nos conducirá al estancamiento y eventualmente al declive.

Grandes esperanzas en la votación

La Directiva sobre servicios no representa una amenaza, más bien una fantástica oportunidad para relanzar la economía, para generar empleo de calidad y para darle oportunidades a aquellos que ahora están fuera del mercado laboral, así como para hacer el cambio hacia una verdadera economía innovadora, basada en el conocimiento y la sostenibilidad.

Espero que el Parlamento Europeo demuestre coraje este próximo jueves, puesto que esto representa un pequeño paso para el Parlamento Europeo pero un gran salto para Europa.