La directora sueca Erika Lust: porno por y para mujeres

Artículo publicado el 16 de Mayo de 2012
Artículo publicado el 16 de Mayo de 2012
Alguien llama al timbre. La chica sale de la ducha, se pone una toalla y se apresura a abrir la puerta al chico de la pizza. Podría ser el inicio de una película porno tradicional, pero no lo es. Los protagonistas de The Good Girl tienen personalidad y las imágenes explícitas de sexo son el resultado de un argumento coherente.
Po resta razón, la autora, Erika Lust, prefiere llamar a sus obras "nuevas películas de adultos" en vez de porno porque "el nuevo porno" conlleva connotaciones contra las que ella se rebela a través de su manera de trabajar.

“Porno es una palabra fuerte. Si le dices a la gente la palabra pornografía, imágenes violentas, chovinistas, machistas y casi inhumanas vienen a su mente. Por estas connotaciones, el porno se ha convertido en una expresión tan sucia que me gustaría tomarla y arrojarla dentro de la lavadora para limpiarla”. Escuchando a Erica me siento como si me hubieran lanzado con la palabra "porno" dentro de la centrifugafora. Esta madre de dos hijos habla de una manera tan pasional de la pornografía, de la sexualidad masculina y femenina y del feminismo que el aire comienza a vibrar a su alrededor. Hablando con esta tranquila mujer que viste vaqueros y Converse rojas, tengo la impresión de haber conocido a una investigadora del departamento de Estudios de Género y no a una directora porno. Es casi correcto.

Porno tradicional vs porno feminista

Antes de llegar a Barcelona desde Suecia en 2000, Erika estudiaba Ciencias Políticas y Feminismo en la Universidad de Lund. Un día, su novio la sorprendió con una película porno. “Me sentí incómoda, como todas las mujeres cuando ven porno. Físicamente me excitó, pero no me gustó. Fue la primera vez que me pregunté: ¿por qué tiene que ser así el porno?”. Al principio, no entiendo la diferencia entre porno tradicional y lo que Lust hace. Lust salta, sale de la habitación y vuelve con un DVD de su última película, Cabaret Desire, y la copia de su libro Good Porn. Los sostiene con una gran sonrisa. “Espero que te gusten”. Bebe un gran sorbo del vaso de agua que colocó en la mesa cuando preparábamos la conversación. “Siempre hablo mucho”, dice, riendo, mientras se coloca su chaqueta gris. “El porno feminista va de cambiar los roles que las mujeres siempre tienen en la pornografía tradicional, es decir, ser instrumentos para el placer de los hombres. Esas películas son realizadas por y para hombres y sus protagonistas son siempre hombres ricos y fuertes, mientras que las mujeres tienen el rol de prostitutas o dominadoras. En mis películas, las chicas no son accesorios, sino personalidades complejas, como en la realidad, y disfrutan su sexualidad”.

Pero el camino fue largo antes de la primera grabación. Originalmente, quería trabajar con Naciones Unidas, pero comenzó a estudiar español. Mientras hacía un curso en Barcelona se enamoró de la ciudad y decidió quedarse y trabajar en la industria del cine como asistente. Se apuntó a una clase de dirección de cine y el resultado de su proyecto final fue The Good Girl, que ganó el premio al mejor corto en el Festival de Cine Erótico de 2005. “Mi madre sería probablemente más feliz si trabajara con alguna organización internacional, pero me apoya. Lo más difícil debe de ser cuando intenta explicar a la gente la profesión de su hija. Vivimos en una sociedad radicalmente sociedad. Cuando una mujer se relaciona en público con la sexualidad se expone a la amenaza de fulanización”.

Las mujeres, ese 2%

Desde el éxito de su primera película, la agencia de producción de Erika y su marido, Pablo, llamada Lust Films, ha realizado cinco películas, dos libros y ha ganado varios premios internacionales. Su sede es casi como una oficina tradicional salvo por las sillas de sexo tántrico que usaron en Cabaret Desire y dos habitaciones con cientos de películas y libros porno. Una de las estanterías está repleta de juguetes sexuales que venden en su tienda online, desde el vibrador lila aerodinámico hasta las correas de cautiverio hechas a mano. Todos están bien diseñadas y los artilogios tienen estilo. La cara de Erica brilla mientras me guía por la empresa familiar. Su invencible sonrisa me dice que ama lo que hace. “Soy una persona terriblemente positiva”, dice.

No solo positiva; también valiente. El porno es un negocio duro en el que las mujeres no son bienvenidas salvo cuando son actrices o maquilladoras. Estima que solo el 2% de la gente que trabaja en la industria del porno son mujeres, si no tenemos en cuenta los roles tradicionales. A sus colegas hombres no les gusta lo que hace, no distribuyen su trabajo, la llaman “feminazi” e inclusos algunos preguntan por qué no está al otro lado de la cámara.

Pero, a pesar de esto, Lust Films es una firma exitosa. Erika toma el último sorbo de agua y se reclina en la silla de cuero de ejecutivo. El sol ilumina su habitación y por la ventana podemos ver los tejados rojos de Barcelona. Dice en un tono tímido que no se considera una directora que esté en lo más alto de su carrera, sino una chica que quiere mostrarle al mundo su propia perspectiva. Dentro de unos días presenta sus trabajos en el Museo del Sexo de Nueva York y en los premios de porno feminista de Toronto. “Es muy importante para mí y me gustaría hablar de ello. Para mí, la pornografía que no puede ser discutido. Forma parte de nuestra cultura y si las mujeres no forman parte de este discurso es como si no les importase. Pero sí nos importa y tenemos muchas cosas que decir. Por eso se necesitan más mujeres directoras de las que tenemos ahora”. Seguro que hay. Tengo la impresión de que si de ella dependiera, la pornografía feminista sería pronto una asignatura obligatoria en las universidades.

Fotos:  ©Mireya de Segarra, erikastube/YouTube, ©Lust Films