La dulce vida gay de las capitales

Artículo publicado el 29 de Agosto de 2007
Artículo publicado el 29 de Agosto de 2007
La capital alemana surge como feliz oasis para gays y lesbianas. Sin embargo, la discriminación laboral y los episodios de violencia, a pesar de la tolerancia generalizada, aún generan noticia.

Desde hace muchos años, Berlín ha sido considerada un refugio para quien quiere vivir tranquilamente su sexualidad y no ser considerado un extraño. La capital alemana está rodeada de otras ciudades apacibles para los homosexuales –París, Londres, Madrid y Ámsterdam destacan entre todas ellas-. Sin embargo, al mismo tiempo, limita con los Estados del antiguo bloque del este, cuya creciente intolerancia no ha sido condenada lo bastante desde las instituciones comunitarias. El caso polaco es el más evidente, pero no el único.

Un museo dedicado a la cultura homosexual

También era así en el fervor de los años veinte: Berlín era una capital dinámica, donde sexólogos como Magnus Hirschfeld luchaban contra la discriminación y donde los homosexuales estaban integrados en la sociedad, con revistas especializadas, asociaciones, cabarets, etc. Después, llegó Hitler y se hizo la oscuridad, al menos hasta el inicio de los años sesenta. Una historia tormentosa pero fascinante, que está reconstruida en el Schwules Museum, uno de los pocos museos del mundo dedicados a la cultura gay. Y desde aquí hasta Mehringdamm 61, donde comienza nuestro viaje en busca de la escena homosexual berlinesa. “El museo fue fundado en 1985, cuando la vida homosexual todavía no tenía la visibilidad que tiene hoy”, explica su portavoz, Gerrit Rohbacher, mientras nos acompaña a descubrir las salas. “El objetivo no es sólo dar a conocer biografías y documentos de la historia gay, sino también mostrar un mundo que tiene distintas caras." En efecto, se trata de una vuelta instructiva incluso para un heterosexual. “En Berlín –se entusiasma el tímido Gerrit- hoy hay libertad y tolerancia, pero es importante alcanzar los mismos derechos que los heterosexuales. Mientras tanto, es importante que el movimiento gay tenga conciencia y proyección pública de sí mismo”.

Buen discurso de partida, pero ahora se trata de conocer la verdadera Berlín, y no hay lugar mejor, en este caso, que Schöneberg, el histórico barrio gay de la ciudad. Linea 2 de la U-bahn (el metro berlinés) y parada en Nollendorfplatz. Nada más salir de la estación puede verse el monumento a las víctimas del nazismo, un gran triángulo rosa de mármol (el símbolo que los homosexuales llevaban cosidos al uniforme en los campos de concentración, donde murieron 7.000 de ellos) sobre el cual alguien ha dejado un ramo de flores. A finales de año se deja otro en los aledaños de la Puerta de Brandeburgo, en un cubo blanco dentro del cual se pueden ver reflejadas imágenes de dos hombres besándose, obra de los artistas escandinavos Michel Elmgreen y Ingar Dragset.

“Una ciudad tolerante, pero no falta de problemas”

Caminar por Schöneberg desilusiona un poco, hay que admitirlo. Vale, aquí se encuentra la histórica librería Bruno y el consultorio “sólo para homosexuales” de Mann-O-Meter, pero por lo demás se ve poco movimiento. Exceptuando Kreuzberg, el otro barrio gay: la mesa de sus bares, como en el SchwuZ y el SO36, están llenas de parejas del mismo sexo. En uno de ellos encontramos a Ale y Teo, dos chicos italianos que, después de licenciarse, decidieron instalarse en la capital alemana. Frecuentan la escena gay berlinesa, pero uno de los dos es hetero, y guardan parecidos con su ciudad de adopción. “El hecho de que Berlín sea una ciudad tolerante –dice Ale- puede falsear la realidad”. “Cierto, aquí cada uno puede vivir su sexualidad como quiera, hay muchas asociaciones y un sindicato gay, pero no faltan problemas, como las agresiones de grupos de extrema derecha”. “Sin embargo, aquí –añade Teo-, la vida homosexual es más variada que en cualquier otra capital europea. Creo que por motivos históricos: El muro había dividido la ciudad en dos, recogiendo en la parte oeste a los alemanes punks, comunistas y homosexuales. Se desarrolló así aquella comunidad heterogénea que ha hecho de Berlín una ciudad única y tolerante”. Y en seguida le sigue Ale: “Aquí, la escena gay y lésbica conviven más serenamente y colaboran. Los transexuales también tienen mucho espacio, y poco a poco la ciudad ha hecho que cualquier tipo de sexualidad sea aceptada, sin distinguir entre homos y heteros”.

“La integración para los homosexuales turcos es muy dura”

La última parada imprescindible es en la Columna de la Victoria, inmortalizada por el director alemán Wim Wenders en la película El cielo sobre Berlín, símbolo hoy de la comunidad homosexual berlinesa. A sus pies espera Holger Wicht, redactor jefe de Siegessäule, histórica revista de gays y lesbianas que tomó prestado su nombre del mencionado monumento hace 22 años, cuando fue fundada. Hablamos entre el bullicio del Christopher Street Day -el Día del Orgullo Gay berlinés-, que cada año anima la ciudad con un colorido desfile. Para escapar del ruido nos refugiamos dentro de la Siegessäule. “No importa –afirma el periodista- lo que seas, en Berlín encontrarás tu sitio, pero esto no es el paraíso”.

Explica, de hecho, que los jóvenes todavía encuentran dificultades para declarar su sexualidad y que la palabra Schwul (gay) es hoy todavía un insulto. Holger señala también las dificultades que tienen para integrarse jóvenes gays turcos, la minoría étnica más numeroso en Alemania. “La situación está empeorando, sobre todo porque estos chicos deben rendir cuentas a sus familias y culturas de origen. No obstante, en la ciudad, las iniciativas multiculturales están a la orden del día”. Tantas, a su parecer, son las cosas sobre las que hace falta trabajar, como la discriminación en el trabajo y la ley sobre uniones civiles –en vigor desde 2001- que todavía no garantiza a las parejas del mismo sexo los mismos derechos que a una heterosexual. Problemas importantes, cierto. Pero hay que tener en cuenta que en Italia, Grecia, Malta, Chipre y otros países europeos todavía no existe una legislación para las parejas de hecho… Berlín parece ser de verdad un pequeño paraíso.

Fotos, Silvia Cravotta: 1/ Gerrit Hohbach; 2/ Memorial contra el triángulo rosa en Berlín; 3/ Policías sonriendo al paso del desfile del Orgullo Gay en Berlín, 2007; 4/ Felices participantes del desfile del Día del Orgullo Gay en Berlín a pesar de la lluvia intensa; 5/ Holger Wicht ante la Columna de la Victoria