La edad de hielo emocional

Artículo publicado el 21 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 21 de Febrero de 2005

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Michael Haneke irrita con sus películas hechas de preguntas penetrantes que niegan las respuestas. Películas que no se olvidan.

Quien resiste hasta el final de El séptimo continente, queda paralizado en su asiento durante un rato ante una susurrante pantalla en la que un padre de familia ha ingerido veneno y espera su fin junto a su mujer ya fallecida y su hijo. El fundido en negro marcará la muerte y el suicidio colectivo como liberación de una rígida existencia. El espectador acabará irritado con su vida, en la que insignias de la burguesía como una lavadora o una puerta de garaje electrónica pasan por metáforas válidas de su deshumanización.

Tan sin sentido como la realidad

La “congelación de los sentimientos” en la sociedad de consumo, así como de los medios, es el tema principal del director austriaco Michael Haneke. Ningún diálogo, ninguna de las distracciones del cine aguarda al espectador en películas como Benny´s video, en las que un adolescente graba cómo mata a una amiga con un instrumento punzante, o Funny Games, una gélida parodia del cine de terror, en el que el espectador se ve envuelto en el entumecimiento de su propio voyeurismo y arrojado a una pesadilla de violencia tan sin sentido como la propia realidad. “Lo que quiero es que el mundo al final no vuelva a estar en orden: el amable vecino de al lado puede asesinar igual que el terrorista árabe al que todos tememos hoy en día”, afirma Haneke, y establece una reflexión sobre la realidad de los medios y el propio placer de las imágenes de alto voltaje en acción. En contraste con el thriller, el espectador no se ve recompensado con un final feliz en el que los buenos triunfan y los cadáveres desaparecen en algún significado construido. Al final de La Pianista, basada en una novela de la premio Nobel de Literatura Elfriede Jelinek, Isabelle Huppert se clava un cuchillo en el estómago y permanece herida en la pantalla; el suicidio es tan fallido como cualquier otro acto que implique sentimiento. Cuando se rasca la fina capa de vida, salen a la luz y se desatan los sentimientos reprimidos, golpeando la cabeza de quien se encuentra más cerca, o la suya propia. La muerte y el dolor no tienen sentido, son incomprensibles e inevitables.

Huida a Francia

La Austria idílica y sin rupturas al calor de los Alpes, Sunnyboy Haider y un pasado

de represión tras las montañas, son el punto de partida de una punzante crítica de la sociedad por parte de autores como Thomas Bernhard, Elfriede Jelinek o directores como Haneke, granjeándose pocos amigos en su propia patria. Sin embargo, al destapar esa frialdad emocional, Haneke no sólo trata un fenómeno austriaco. Después de la proyección de El séptimo continente en Cannes -de donde Haneke es invitado habitual desde hace años y donde finalmente ha causado sensación con La pianista–, un periodista le preguntó al realizador si la vida en Austria era verdaderamente tan atroz. Respuesta: “Intento no vincular mis películas a un lugar geográfico concreto. Deben ser independientes del lugar en el que se contemplen”.

Haneke dejó Austria como director hace ya tiempo. En Francia, tierra de cineastas, tiene mucho más éxito que en su país natal. Wolfzeit, su última película, es una producción francesa e incluye estrellas como Patrice Chereau, Beatrice Dalle y de nuevo Isabelle Huppert. Después de una catástrofe indefinida, los hombres luchan por cosas tan sencillas como el agua, alimento o tener un techo sobre su cabeza. En la necesidad aparecen los rostros verdaderos: el ser humano es un lobo para el ser humano. De nuevo niega Haneke la redondez de los dramas hollywoodienses, con la resolución de la historia, tras su punto dramático culminante, con la que los espectadores pueden guardar el placentero escalofrío de la película en el cajón de los bienes de consumo. No hay ninguna respuesta, ningún final con sentido. Lo que hay antes y después es la vida misma, y la irritación que provoca la película debe permanecer en la mente del público: “Películas que tienen como tema el horror de nuestra sociedad sólo se pueden formular como preguntas: y cuando una pregunta lo suficientemente punzante ha sido formulada, el espectador no la olvida tan fácilmente en comparación con la respuesta que le ha tranquilizado”.

Caché (Oculto), es el título la nueva película de Haneke, que se estrenará en 2005. Es otra producción francesa, con Juliette Binoche como actriz principal y la guerra de Argelia de fondo, planteando la cuestión de la culpa y la responsabilidad personal. Saldremos del cine irritados.