¿La embajadora iraní representa la realidad de las mujeres en Irán ?

Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2015

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Se ha escrito mucho sobre el nombramiento de una mujer embajadora del régimen iraní en Malasia, "la primera en un puesto de ese nivel desde la revolución islámica de 1979".

Esta elección anunciada durante el controvertido viaje a Irán de Martin Schulz, el presidente del Parlamento Europeo, no es sin embargo un criterio fiable para juzgar la actitud de los mulás hacia las mujeres. No hay que olvidar que las iraníes viven bajo un régimen teocrático y son el principal objetivo de las medidas represivas. No obstante, se niegan a someterse a la misoginia de los mulás y a sus leyes arcaicas.

En Irán, una mujer vale la mitad de un hombre en el derecho de herencia, así como en un código penal basado en la Ley del Talión que aboga por un castigo equivalente al delito cometido. Además, las represalias que contempla la ley no son igualitarias según el sexo del acusado. Así, el castigo del crimen cometido contra una musulmana será juzgado teniendo en cuenta la condición de inferioridad de la mujer, y la indemnización que obtendrá no podrá exceder la mitad de la que se concedería a un hombre en las mismas circunstancias. A las mujeres se les prohibe también ejercer la profesión de juezas ya que según los mulás requiere facultades mentales que no poseen. En justicia, el testimonio de dos mujeres equivale al de un solo hombre.

Desde la llegada de Rohani a la presidencia, varias leyes « anti-mujeres » han sido adoptadas. Una de ellas en concreto ha suscitado la indignación general : la legalización del matrimonio entre un padre y su hija adoptiva. Esta ley fue aprobada por el gobierno de Rohani el 19 de noviembre de 2013. Una ley donde el papel del padre se confunde con el del marido y con la que los hijos no pueden estar seguros, una ley que legaliza la pedofilia y normaliza el crimen, según los militantes de los derechos humanos. Recordemos que la edad legal para que las mujeres se casen se elevó a los 18 años en 1974, pero en 1979 los mulás la redujeron a la temprana edad de 13 años.

El Código de la Familia

El Código de la Familia afirma la inferioridad de la mujer. Concede derechos superiores al hombre en el divorcio y la custodia de los hijos, y le abre un amplio campo de libertad sexual mediante el reconocimiento de la poligamia, y, en el caso de los chiitas, del « matrimonio temporal ». Para las mujeres, las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas, y el adulterio se castiga con la lapidación. El control de la sexualidad femenina constituye la garantía de la castidad de la sociedad. Este control, simbolizado por el uso obligatorio del velo, se establece a través de medidas legislativas y sociales. Así, en el Irán actual, la mujer tiene el deber de someterse a los deseos y decisiones de su marido en la elección del domicilio, en sus relaciones sociales y aficiones.

No pueden trabajar ni viajar al extranjero sin la autorización de su marido. Dentro del país, las mujeres que viajan solas están controladas por los representantes de la « lucha contra la corrupción de la moral». El control de las mujeres pasa también por las medidas que les prohíben cantar y bailar en el espacio común, ya que sus cuerpos y sus voces pueden provocar deseos ilícitos. No pueden practicar deporte en espacios públicos, ni participar en competiciones deportivas mixtas nacionales e internacionales, salvo en algunas disciplinas (equitación, esquí, tiro, ajedrez) y en los deportes adaptados para discapacitados, sólo porque la indumentaria específica para esas disciplinas autorizadas está diseñada para ocultar las formas femeninas y porque los movimientos corporales en los deportes de discapacitados son limitados.

Más allá del ámbito deportivo, las medidas segregativas anunciadas y establecidas para garantizar las diferencias de género conducen a la generalización del control represivo de los individuos, y las mujeres son las primeras víctimas. Este sistema alimenta y propaga diariamente las representaciones sexistas y misóginas contra las cuales las mujeres más concienciadas luchan sin descanso.

Este combate comenzó con la llegada de los islamistas al poder y no ha dejado de expandirse, pero las reformas que se han suprimido a raíz de las protestas son insignificantes. A este respecto, un ejemplo significativo es el de la edad mínima de las mujeres para casarse. Una de las primeras iniciativas del poder islamista tras su instauración ha sido surpimir todas las leyes promulgadas bajo el régimen de Chah para reformar el estatus personal de las mujeres. La edad a la que las niñas pueden contraer matrimonio se elevó a los 15 años en 1967, después a los 18 años en 1974. Pero en 1979, los islamistas en el poder redujeron a 13 años la edad legal de las mujeres para casarse.

Los islamistas se oponen violentamente al desarrollo de los valores de la modernidad fundados en la democracia, los derechos humanos y la igualdad de género. El caracter totalitario del poder islamista supone un gran obstáculo al desarrollo de la sociedad.

La democracia es la condición sine qua non de la libertad de las mujeres y de su acceso a los derechos fundamentales. La lucha por la democracia necesita el apoyo de las fuerzas democráticas y de los defensores de los derechos humanos y de la libertad de las mujeres en todo el mundo.