La energía de Putin

Artículo publicado el 17 de Marzo de 2004
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Artículo publicado el 17 de Marzo de 2004

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Rusia ha sido hasta hoy el socio energético imprescindible de la UE. ¿Posibilitará el gasoducto georgiano un cambio de postura frente a Putin?

Como balcón de Georgia sobre Europa, Poti ha experimentado un desarrollo sin precedentes. Desde que la provincia de Adjaria se halla en situación de cuasi-secesión, todos los capitales de Asia central convergen en este punto, en esta ciudad en la que los depósitos de petróleo crecen como setas. Mediante vagones-cisterna o a través del oleoducto que una Bakú a Supsa, el oro negro riega la ciudad antes de salir hacia Europa. Desde el 29 de Enero, nuevos tubos han desembarcado en su puerto: son los del gasoducto que unirá Baku a Erzurum ya en Turquía. En Georgia, estos trabajos son al menos tan importantes como el oleoducto BTC (Bakú-Tibilisi-Ceyhan), ya en construcción. Por este motivo, si este último asegura el acercamiento diplomático con los Estados Unidos, el gasoducto llamado SCP garantizará la independencia energética del país y el acercamiento económico entre el Cáucaso, Georgia y Europa.

El ferrocarril: obra de Europa

Desde que la ampliación europea se ha mostrado tangible, las repúblicas transcaucásicas, candidatas a la adhesión, representan un interés estratégico para Bruselas, especialmente en relación con Rusia.

La actividad en Poti no es, pues, anodina. El ferrocarril encargado del transporte del petróleo: obra del programa europeo Traceca, que busca la creación de transporte transeuropeo. El oleoducto Bakú-Supsa: el fruto de una colaboración entre norteamericanos y europeos, los cuales operan sobre la red energética del Cáucaso a través del programa INOGATE. El BTC, promovido por los norteamericanos, desemboca por Ceyhan en pleno Mediterráneo y beneficiándose del apoyo político de los europeos. A la inversa se encuentra el gasoducto que le acompaña, el SCP, de cuya vocación europea nadie duda: la web de INOGATE promueve un nuevo corredor entre el mar caspio y Turquía, incluyendo una interconexión con la red griega (y por lo tanto europea) como objetivo primordial. El año pasado, Turquía y Grecia se han puesto de acuerdo para conectar sus redes en 2005. El SCP será finalizado en 2006.

¿A qué responde tal activismo europeo sobre la cuestión energética? El libro Verde, adoptado en 2000 por la Comisión Europea, evalúa las necesidades energéticas de la Europa ampliada y arroja ciertas respuestas.

Titulado «hacia una estrategia europea de seguridad en el abastecimiento energético», no hace sino confirmar el carácter prioritario de los proyectos en el Cáucaso: «será necesario estar atentos a la evolución de los recursos de gas y petróleo en la región del mar Caspio, y en particular a las vías de tránsito destinadas a desenclavar la producción de hidrocarburos».

Un 40 % de electricidad generada por gas para 2030

La constatación es alarmante: «La acción de diversificación geopolítica de los abastecimientos europeos no ha liberado a la Unión de una dependencia centrada en el Medio-Oriente respecto al petróleo y en Rusia respecto al gas natural. Determinados Estados miembros, y en particular los países candidatos, dependen por completo de un solo suministrador por gasoducto». (Léase Rusia). Las economías de los países candidatos, por motivos históricos, funcionan esencialmente gracias al gas de la vecina Rusia. Menos contaminante que el petróleo o el carbón, el gas está llamado a desarrollarse como energía de substitución en las centrales térmicas y los transportes europeos. Según el informe, la dependencia energética global de la UE volverá a acentuarse hasta alcanzar el 70 % en 20 ó 30 años, reforzada esta tendencia por la ampliación europea. Las importaciones de gas natural podrían pasar de 60% a 90 %. Y es que en 2020-2030, el 40% de la electricidad europea estaría producida por gas.

Paradoja: tratando de diversificar las energías, se va creando otra dependencia, la política. Con las mayores reservas mundiales, de lejos, Rusia será, salvo sorpresas, el único país capaz de responder al crecimiento de la demanda europea en gas. La diversificación de abastecimientos de gas que preconiza el libro verde no pasa por ignorar a Moscú: en 2002, Romano Prodi firmó un acuerdo de colaboración energética con Vladimir Putin. ¿Qué margen de acción puede tener la UE en tal contexto?

Colaboración con las repúblicas transcaucásicas

Empujada por los países que se incorporan, la UE manifiesta la voluntad de emanciparse respecto de una colaboración con Rusia demasiado complaciente con los atentados a las libertades fundamentales, la democracia, Chechenia, etc. Chris Patten, Comisario de asuntos exteriores, afirmaba el 26 de Febrero ante el Parlamento Europeo su voluntad de colaborar con Rusia sobre la base de valores compartidos y una mayor implicación política por parte de la UE.

Desde este punto de vista, la cuestión energética sería, pues, de extrema importancia para desarrollar una política exterior ambiciosa, alternativa a la Rusia de Putin. Coincidencia o no, justo después de este debate, se trató el informe del europarlamentario Gahrton acerca de la necesidad de establecer una colaboración estrecha con los países transcaucásicos. Apto para defender los intereses energéticos de la UE y tomado en cuenta por Chris Patten, lograría promover la modernización política, el desarrollo económico y el diálogo entre los tres Estados: estando Armenia entre los más marginados.

La ampliación hacia el sur durante los años 80, con Grecia, España y Portugal, abrió una era de cooperación euromediterránea. La ampliación hacia el este debería hacer girar previsiblemente a la UE hacia el Cáucaso, tanto más cuanto que la región se abre a occidente y Europa, como lo demuestra la reciente llegada al poder de Mikhail Saakashvili en Georgia. Poti lo demuestra: el futuro de Georgia se encuentra al otro lado del mar Negro y la UE representa un polo de estabilidad y de prosperidad económica para la región, frente al binomio explosivo de la Rusia de Putin y de los Estados Unidos.