La energía nuclear, "orgullo y prejuicio" de los eslovenos

Artículo publicado el 1 de Julio de 2011
Artículo publicado el 1 de Julio de 2011
En Krsko, cuando paseas por los jardines llenos de manzanos, casi tienes la impresión de estar en el Edén. Pero no es exactamente un paraíso: la pequeña ciudad eslovena, a pocos quilómetros de Croacia, no es conocida por sus jardines, sino por la central nuclear que alberga desde hace casi treinta años.

Para los eslovenos es casi un motivo de orgullo: en 2007 la Agency for Radioactive Waste entrevistó a 1650 personas, todas convencidas de que la energía nuclear es la más segura y económica entre las posibles fuentes de energía. Lo piensa también quien vive en Krsko y goza, por lo tanto, de unos servicios e infraestructuras eficientes gracias a los fondos especiales ofrecidos por el gobierno.

De Liubliana a Mendoza

Si a un esloveno cualquiera se le pregunta por el accidente de 2008 en la central nuclear de Krsko – que causó una pérdida en el sistema de refrigeración primario del reactor y que reavivó el miedo a un nueva Chernobyl – se ríe en tu cara y te dice que los medios exageraron el episodio. Ni siquiera la palabra Fukushima consigue hacerles cambiar de postura. Y, sin embargo, los riesgos existen: lo dice la geóloga que monitoriza la sismicidad del terreno sobre el que está construida la central. “Si hubiese un accidente en la central de Krsko, la ciudad eslovena más grande del mundo sería Mendoza”. Franci Malečkar, responsable de Protección del Medioambiente de la red internacional ecologista Adria Alpe Green, se refiere así a la ciudad de Argentina que alberga la mayor comunidad de eslovenos residentes en el extranjero. En otras palabras, ningún habitante de Eslovenia sobreviviría a un accidente nuclear. A esta asociación, que tiene sede en Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Serbia, se le debe también una investigación sobre el mercado de trabajo conectado con el sector energético: “ El tiempo de vida de una central nuclear no va más allá de 30 años y, con ella, los puestos de trabajo que genera. El sector de las energías renovables, con las oportunas inversiones, podría crear más de sesenta mil trabajos ecológicos a largo plazo en una Eslovenia donde el desempleo aumenta cada año” explica Malečkar. Pero aquí nadie parece hacernos caso.

Orgullo de los eslovenos

La indiferencia mediática

El 28 de mayo salió de Trieste (Italia) Protestan contra la presencia de la centraluna caravana compuesta por un centenar de personas adheridas al Comité Paremos lo nuclear. Destino: Krsko. Cada uno llevaba consigo un símbolo de la tierra y de la reproducción (una flor, una planta, un árbol) para plantar frente a la central con el eslogan “plantémonos ante lo nuclear”. Pido algún comentario sobre este episodio a los eslovenos que me encuentro y descubro que en Eslovenia ha pasado casi desapercibido. La falta de cobertura mediática es algo más bien habitual cuando se habla de la cuestión nuclear. Lo denuncia también Darko Kranjc, el joven presidente de SMS Youth Party-European Greens: “Los medios están financiados por el gobierno; por lo tanto, no hablan de las consecuencias negativas que podría tener la central de Krsko sobre la salud, ni de las esporádicas protestas que a veces se producen, ni publican jamás estadísticas oficiales que demuestran la correlación que existe a largo plazo entre la energía nuclear y los problemas de salud”.

Una semana después del anuncio de la canciller alemana Angela Merkel del desmantelamiento de todas las centrales nucleares en Alemania antes de 2022 y casi a caballo con los referéndums italianos que han dado la victoria al No a la energía nuclear, el 10 de junio el gobierno esloveno presentó el esperado National Energy Program (NEP) en el cual declara que no renunciará a la energía nuclear. La central de Krsko en 2023 debería culminar de hecho su propio ciclo de vida. Pero el gobierno esloveno no quiere saber nada sobre su jubilación, es más, la querría activa hasta 2043 y quiere construir un segundo reactor junto al que ya existe en Krsko. El recuerdo de Fukushima se ha difuminado enseguida: “La planta de Krsko continuará produciendo energía durante otros veinte años. Eslovenia no renunciará a la energía nuclear a causa de este accidente” ha afirmado el ministro de Economía, Darja Radic, en la presentación del plan. Se ha abierto mientras tanto un debate público de 45 días sobre las propuestas contenidas en el NEP. Después, el gobierno elegirá las cinco opciones mejores y enviará el programa energético al Parlamento para que sea aprobado a finales de año.

“La planta de Krsko continuará produciendo energía durante otros veinte años. Eslovenia no renunciará a la energía nuclear”

Umanotera, fundación activa en Eslovenia en temas de desarrollo sostenible, ha tomado posición inmediatamente contra el NEP: “El gobierno debería preparar un escenario detallado basado en energías limpias, excluyendo totalmente energía térmica y nuclear”. Pero el mayor enemigo de los antinucleares, encuadrado entre los lobby de la energía nuclear y térmica, es, en realidad, la indiferencia de los eslovenos hacia el tema: una abrumadora mayoría no nos hace caso o tiene otras preocupaciones. Por ejemplo, la TES6, la nueva central de carbón de 600 MW con un valor de más de 1000 millones de euros que será construida en Sostani. Paradójicamente con el “bienestar” de Europa, la European Investment Bank (EIB) y European Bank for Reconstruction and Development (ERBD) han financiado 750 millones de euros para realizarlo, a pesar de que producirá altísimas emisiones de CO2. Una elección en clara contra-tendencia con los objetivos comunitarios de acabar con el CO2 antes del 2050, al menos un 80-95% respecto a los niveles de 1990.

Una espina clavada

Luka Olmladic, profesor de Filosofía de la ecología, está a la cabeza de un movimiento contra la TES6: “Es el peor tipo de energía térmica que se pueda tener – dice a propósito del lignito –, mejor se podrían alimentar las centrales eléctricas de gas. Y, sobre todo, se debería dar un empujón a las energías renovables”, como pide también Greenpeace Eslovenia. La planta se está convirtiendo en la manzana de la discordia entre Eslovenia y Croacia, que comparten gestión, beneficios, eliminación de residuos. De hecho, la planta fue proyectada cuando ambos países eran parte de la ex Yugoslavia. Sin contar además con el respaldo de la política internacional: Christian Hoebart, del Partido liberal austriaco (FPO), miembro de la delegación austriaca en visita a Zagreb, ha afirmado recientemente que “a pesar de que Croacia ha satisfecho todos los criterios para la admisión en la UE, la central de Krsko es una espina clavada en el costado de Austria”.

También clavada en el costado de Italia, podríamos añadir. Por una parte, está el que se siente aterrorizado por la presencia de la central nuclear a pocos kilómetros de distancia y quisiera desmantelarla, por otro– es el caso del gobernador de la Región Friuli Venezia Giulia, Renzo Tondo, – está aquel al que le gustaría participar en la modernización de la planta para darle seguridad y continuar extrayendo energía. Una energía que representa el 40% anual de la energía eslovena y, unida a otras fuentes, garantiza al país una sustancial independencia energética.

Este artículo forma parte de Green Europa on the Ground 2010-2011, una serie de reportajes realizados por cafebabel.com sobre el desarrollo sostenible. Para conocer mejor el proyecto, Green Europe on the ground

Fotos:  xrichx/flickr; Krsko (cc) fluido & franz/flickr; carovana © Legambiente Trieste