La Erasmus crea culillos de mal asiento

Artículo publicado el 22 de Enero de 2010
Artículo publicado el 22 de Enero de 2010
El programa de intercambio universitario Erasmus tiene un doble efecto, como el de los caramelos. Después de haber vivido el choque cultural, las fiestas, los encuentros cosmopolitas y los descubrimientos geográficos, llegan los viajes para visitar a los amigos de todos los rincones del Viejo Continente

“Un año Eramus es, en el mejor de los casos, una casa de locos.” El responsable del programa Erasmus de mi universidad dio en el clavo. Efectivamente, aquel año fue increíble. En cuanto conseguí una beca de mi región francesa, me fui flechada a España. Fue un año que se pasó en un abrir y cerrar de ojos. Pero, ¿qué se esconde detrás de este programa? El sentimiento europeo. No tardé mucho en darme cuenta de lo que iba a pasar en mi círculo de amistades de Sevilla: creamos lazos y ese ambiente multicultural nos convirtió en unos culillos de mal asiento. Al probar este ambiente multicultural, uno pasa a formar parte de él y para darse cuenta de ello sólo basta con pasar las vacaciones en Mallorca con dos austriacos, un inglés, un español, dos franceses y una estadounidense, u organizar una ‘cena internacional’ con una alemana, una inglesa y una italiana, mis compañeras de piso. En esas ocasiones, las crepes bretonas conviven con la kartoffelsalat (ensalada de patatas), la pasta italiana y el salmorejo cordobés.

“Descubrí Europa cuando me fui a explorar la cultura española”

A principios de julio de 2009, cuando acaba de regresar de la Península Ibérica, sólo podía pensar en una cosa: volver a ver a mis amigos europeos. No tuvo que pasar mucho tiempo para que a mediados de agosto me fuera rumbo a Viena a casa de mis amigos austriacos. Fue una oportunidad para ver muchas cosas y aprovechar la ocasión para reunir a todo el mundo: la española se dio una vuelta por Austria, mi compañera de piso alemana se subió a un tren y así nos volvimos a reunir ocho ex Erasmus en el campo austriaco. Regresé en tren, que reservé el día anterior en el último momento y crucé el Tirol y Suiza hasta llegar a Francia. Tengo la certeza de que Europa ya no tiene fronteras y esta toma de conciencia es esencial para mi entorno ‘post-Erasmus’. Mi bandeja de entrada rebosa hoy de mensajes de parejas francoitalianas, alemano-italianas... Descubrí Europa cuando me fui a explorar la cultura española.