La Eurocopa es multiétnica...y al final siempre gana Alemania

Artículo publicado el 18 de Junio de 2012
Artículo publicado el 18 de Junio de 2012
Están los que intentan convencer a los inmigrantes de segunda generación, los que tienen la doble nacionalidad y eligen al equipo más fuerte o los que simplemente valoran un vivero de jóvenes de diferentes etnias. La Eurocopa 2012 se gana gracias al multiculturalismo y a un fútbol más globalizado, variado e impredecible. Los tiempos cambian, pero los alemanes continúan siendo los más fuertes.

En el Mundial de 2010, el equipo de Joachim Löw parecía cualquier cosa menos un equipo. Hubo un tiempo en que Alemania era la líder con goleadores imparables y jugadores de pies cínicos a los que rara vez ayudaban las chispas imaginativas de gente como Tommasino Hassler. Ahora Alemania habla brasileño, turco y ghanés; además, juega un fútbol rápido y enérgico que en Sudáfrica volvió loco a todo el mundo, excepto a los campeones españoles. A pesar de que los partidos del grupo están programados en Ucrania, Alemania lleva a casa a sus delanteros y se aloja en Polonia durante la Eurocopa; porque tal y como recriminaron al este de Berlín, Miroslav Klose y Lukas Podolski son polacos. Emigraron a Alemania de niños junto a sus padres, allí aprendieron a jugar al fútbol y, atraídos por los trofeos, con razón han elegido la nacionalidad alemana.

Los polacos no se han quedado atrás. En 2009 recuperaron al centrocampista francés Ludovic Obraniak, originario de Burdeos, que nunca había pisado la tierra de su abuelo polaco. Más tarde intentaron reclutar al delantero italiano del Bologna, de madre polaca, Robert Acquafresca; sin embargo, la respuesta que obtuvieron fue un no rotundo.

A la superpotencia alemana no se le puede decir que no aunque se trate de dividir una familia, como ejemplo podemos tomar el caso de los hermanos Jérôme y Kevin Prince Boateng. El primero, defensa en el Bayern de Múnich, eligió los colores del país donde nació y se crió. El segundo, mediocentro ofensivo del AC Milan, optó por jugar para Ghana, el país de origen de su padre. En el centro del campo, el equipo alemán cuenta con dos estrellas del Real Madrid: Mesut Özil y Sami Khedira. Los dos son hijos de inmigrantes turcos y tunecinos, se integraron a la perfección en las escuelas alemanas de fútbol y terminaron convirtiéndose en los motores del Mannschaft.

En otros países no funciona de la misma manera. Francia, Holanda e Inglaterra, antiguos países coloniales con un sistema de integración más experimentado, son un caso a parte. Por su parte, España no cuenta con nombres exóticos y Grecia tampoco. Pero Italia ha despertado. Tras años de ostracismo y repugnantes cantos racistas, al final Mario Barwuah Balotelli se convirtió en el líder de los Azzurri. “Soy un genio y me gustaría ser el mejor jugador del mundo”, declaró al semanario francés France Football. Ya nadie lo discute, incluso después de las innumerables locuras que cometió el año pasado en Manchester —se ganó repetidas tarjetas rojas y casi incendia su casa— sigue siendo el mejor. Los fans racistas que en el pasado lo tenían en el punto de mira tendrán que superarlo.

Nació hace 22 años en Palermo. Sus padres lo abandonaron y fue acogido por una familia del norte de Italia. Por culpa de las absurdas leyes sobre el derecho de sangre, hasta los 18 años no obtuvo la nacionalidad italiana; entonces el equipo de Ghana llamó a su puerta y Mario, orgulloso de ser italiano, dijo que no. También hay otro jugador, tan bueno en el campo pero menos discutido por su carácter tranquilo, Angelo Ogbonna, de padres nigerianos. Es el vicecapitán del Torino y se merece un puesto de titular en la defensa de Cesare Prandelli. “Si estos dos jugadores consiguieran el triunfo de Italia en la Eurocopa, los italianos aprenderían una buena lección”, comenta un intelectual italiano exiliado en París, aludiendo al racismo imperante en la Serie A.

Muchos más equipos deberán confiar en los goles de los delanteros de origen extranjero. Zlatan Ibrahimovic, punta del Suecia, es un cóctel de talento serbo-croata que nació y creció en Rosengård, un suburbio multiétnico de Malmoe (Suecia). Un delantero tan poderoso e impredecible, en los países escandinavos, rara vez nace con el pelo rubio. En cambio, Croacia, huérfana de campeones del pasado de la talla de Davor Suker, apuesta por los goles de Eduardo, un brasileño del Shakhtar Donetsk que llegó a Zagreb con 15 años. También Jores Okore, defensa del Dinamarca con un futuro prometedor, nació en Costa de Marfil y Theodor Gebre Selassie, defensa checo, en Etiopía. El fútbol europeo toma color, el juego de los equipos nacionales se transforma y los talentos multiétnicos, desgraciadamente, han complicado el juego de los alemanes. Ahora, ¿quién puede pararlos?

Fotos: portada (cc) Morgan Ossola/Flickr; texto: (cc) zeropuntosedici/flickr. Video: 92lenin/youtube e topfootballclips/youtube.