La experiencia de Canadá y Australia

Artículo publicado el 6 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 6 de Marzo de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Minorías visibles, apertura a la inmigración: virtudes y defectos de dos modelos de integración de inmigrantes.

El China Town en Toronto o en Sydney, el kebab en Berlín o la suculenta cocina india de Londres son hoy en día una realidad cotidiana para quien vive en dichas ciudades. Pero la inmigración en Australia, Canadá y Europa ha dado vida a sociedades multiculturales diferentes. Más allá de los beneficios gastronómicos, ¿cuál es el punto cardinal de los modelos canadiense y australiano?

Sydney, Toronto: bienvenidos a la aldea global

Canadá y Australia son países con una fuerte tradición de acogida: según datos de la OSCE, el 23% de la población australiana y el 20% de la canadiense ha nacido en el extranjero, mientras que en Francia es el 10% y en Polonia el 2%. En 2005, llegaron a Australia 123.400 personas, siendo sus emisores tradicionales el Reino Unido y Nueva Zelanda, seguidos de China y Filipinas. En Canadá, el total de los inmigrantes en 2004 alcanzó los 235.800 y desde 1991 en adelante se registra un constante flujo desde el sureste asiático, primordialmente desde China e India. La meta preferida de los recién llegados es la gran ciudad. Sydney es un caso emblemático: el 33,5% de su población es de origen extranjero. El 10,4% proviene de Asia. Por tanto, en esta ciudad global apenas el 6% de la población habla inglés con facilidad. En Toronto, Canadá, donde se hablan más de 100 idiomas, se ha acogido desde 1991 a medio millón de inmigrantes y el 43% de su población se identifica como una "minoría visible", definida por la página Web del Ayuntamiento de la siguiente manera: "personas que no son aborígenes, ni son de raza caucásica ni son de color blanco". Da miedo la terminología políticamente correcta de un Viejo Continente daltónico, catalogado así por muchos comentaristas anglosajones, pues no existe reconocimiento oficial alguno según la diversidad de orígenes.

Centralización y regulación

El multiculturalismo canadiense se remonta a la Ley de Inmigración de 1976. Después, Canadá abandonó la idea de las "Preferencias étnicas" que concedían un trato de favor a los provenientes de Estados Unidos, Europa y Reino Unido. Capacidad jurídica, reagrupación familiar y derechos de asilo se convirtieron en las concesiones para acoger con espíritu humanitario a los inmigrantes. Más adelante, apareció la Ley Multicultural de 1988 en la cual se confía al gobierno federal el deber de preservar y respetar la diversidad cultural y étnica de Canadá.

Australia comparte un proceso similar. Con la Ley de Ciudadanía Australiana de 1973 se modificó el sistema de preferencias y ventajas de los ciudadanos británicos para poner el acento en la capacidad, los lazos familiares y el tratamiento humanitario de los refugiados. Hoy en día, en Australia, las políticas de inmigración están diseñadas en consonancia con las políticas multiculturales que promueven la igualdad y la recíproca comprensión en el ámbito del programa de gobierno: "Australia multicultural, unidos en la diversidad".

Violencia étnica en Cronulla Beach

Sin embargo, también en Canadá y Australia la creciente diversidad social mina el consenso en torno a las políticas multiculturales. En Canadá, los recién llegados altamente cualificados han de conformarse muchas veces con empleos mal pagados convirtiéndose en los grupos marginados de la gran ciudad y viendo por tanto imposible una verdadera integración social. En Australia, los enfrentamientos de carácter étnico de Cronulla Beach en diciembre de 2005 dieron la señal de alarma: episodios de violencia colectiva, vandalismo y ajustes de cuentas brotaron con fuerza entre autóctonos e inmigrantes de origen libanés. Pero eso no es todo, Australia debe afrontar a su vez los desembarcos de los llamados Boat people (los que vienen en el barco): inmigrantes ilegales provenientes de las costas asiáticas que ponen a dura prueba el respeto por los Derechos Humanos.

Con esto y con todo, merece ser destacado que ambos países constituyen un modelo interesante de integración en el cual podría inspirarse la vieja Europa.