La Fuerza de Reacción Rápida de la Unión Europea, entre la OTAN y la Política Exterior y de Seguridad Común

Artículo publicado el 2 de Abril de 2003
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Artículo publicado el 2 de Abril de 2003

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¿Puede Europa contar con capacidad militar fuera del marco de la OTAN?

La Política Exterior es una de las áreas en que es más difícil que las distintas naciones lleguen a un acuerdo, y sobre todo, la cooperación en lo que se refiere a la seguridad y la defensa, porque conlleva problemas relativos a la soberanía nacional. Tal cooperación supone adaptar diferentes tradiciones históricas, y considerar sensibilidades específicas, así como los perjuicios de la opinión pública. Las dos características más destacadas de la nación estado desde su invención hace dos siglos han sido una política exterior y de defensa común única, perseguida por cada entidad autónoma en el sistema internacional.

Una mirada a la historia

Tras la Segunda Guerra Mundial, la seguridad y defensa de los países de Europa Occidental se organizó en el marco de la OTAN. La Unión Europea Occidental (UEO), que se fundó en 1954 como un componente de defensa de la integración de Europa, tenía como objetivo el garantizar el control del rearme de Alemania y hacer posible que se convirtiera en miembro de la Alianza Atlántica. Durante la Guerra Fría, el deseo de los países miembros de la Comunidad Europea de ampliar la integración europea más allá del campo económico y diplomático se vió frenado por el papel que jugaban la OTAN y los Estados Unidos como garantes de la seguridad de los países de Europa occidental. Pero con la caída de la Unión Soviética en 1991, la permanente amenaza directa a la seguridad de Europa Occidental desapareció.

Los objetivos establecidos por los estados miembros de la UE respecto de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) en el Tratado de la Unión Europea (conocido como Tratado de Maastricht) en 1992 apuntaban alto. El Tratado perseguía el avance de la política exterior en la línea del “acervo comunitario” europeo. Y lo que es más importante, la política común debía considerar una política común de defensa, que llevaría a la defensa común.

En el Tratado de Maastricht, los países miembros de la UEO acordaron desarrollar la UEO como el pilar de la Alianza Atlántica (OTAN), y hacerlo de tal forma que complementara la actividad de la OTAN. No tardó, sin embargo, en quedar patente la insuficiencia del Tratado como fundamento político y militar de la Unión Europea ante los crecientes desafíos que presentaban las relaciones internacionales. En el Consejo Europeo de Colonia, celebrado en 1999, los líderes de la UE acordaron que “la Unión tiene que tener capacidad para llevar a cabo una acción autónoma, respaldada por una fuerza militar creíble, los medios para decidir el uso que se hará de ella, y estar preparada para utilizarla, para tener capacidad de respuesta ante una crisis internacional sin perjuicio de las acciones de la OTAN”. Además, en el Consejo Europeo de Helsinki, en diciembre de 1999, se llegó al llamado Objetivo Principal ( “Helsinki Headline Goal” ) que establecía los dos objetivos que detallamos a continuación. Primero, la cooperación voluntaria de los países miembros en las operaciones dirigidas por la UE. Los estados miembros debían tener capacidad en 2003 de desplegar en un plazo de 60 días y por un periodo mínimo de un año entre 50.000 y 60.000 hombres capaces de cubrir las tareas establecidas en el artículo 17 del Tratado de la Unión Europea. Segundo, se establecerían nuevos cuerpos y estructuras militares dentro del Consejo para permitir a la Unión asegurar la orientación política necesaria, así como la dirección estratégica de tales operaciones, en lo que concierne al marco institucional.

Un paso hacia la independencia militar

En el Consejo Europeo de Niza en diciembre 2000 se aprobó la creación de tres nuevos cuerpos políticos y militares permanentes, el Comité Político y de Seguridad permanente (CPS), el Comité Militar de la Unión Europea (CMUE) y Comité de Estado Mayor de la Unión Europea (EMUE) Según la Conferencia de mejora de competencias en noviembre de 2001, el Consejo Europeo de Laeken declaró en diciembre de 2001 que “ gracias a la continuación del desarrollo de la PESD, al fortalecimiento de sus capacidades y a la creación en su seno de las estructuras adecuadas, la Unión es ya capaz de conducir operaciones de gestión de crisis. El desarrollo de los medios y capacidades de los que dispondrá la Unión le permitirá asumir progresivamente operaciones cada vez más complejas.

Por lo tanto, es evidente que ha habido una clara tendencia al fortalecimiento de la integración en lo que respecta a la estrategia de defensa común y hacia la independencia de la UE durante los últimos diez años. Pero la Unión Europea se apresura a recordarnos que “la OTAN continúa siendo la base de la defensa colectiva de sus miembros y que continuará jugando un importante papel en la gestión de la crisis”. El desarrollo de una Fuerza de Reacción Rápida de la Unión Europea “llevará a una genuina estrategia de asociación entre la UE y la OTAN en la gestión de crisis con la debida consideración de la autonomía de las dos organizaciones en la toma de decisiones. Las estructuras militares de la UE serán independientes, pero no se separarán de las de la OTAN. La razón es el que no se produzca una duplicación innecesaria.”

La cuestión más importante, sin embargo, para la autonomía de la UE es en qué medida depende su soberanía política de la relación existente entre las estructuras militares de la UE y la OTAN. Históricamente una nación estado o una federación ha utilizado siempre su capacidad militar para proyectar su política e intereses económicos y geopolíticos por todo el mundo. El ejemplo perfecto lo encontramos en EE.UU., que ha utilizado su fuerza militar en numerosas ocasiones para defender sus intereses por todo el mundo. El primer objetivo político para EE.UU. es asegurarse de que no haya ninguna otra potencia en el sistema internacional que pueda desafiar su superioridad política o militar en el futuro. Un posible desafío de este tipo en el futuro podría ser la Unión Europea, si ésta consiguiese jugar un papel político y militar en la esfera internacional de modo autónomo. Esta es la razón por la que EE.UU. trató de restringir la capacidad operativa de la Fuerza de Reacción Rápida de la UE en diciembre de 2001 poniendo como excusa el “vital interés nacional” de Turquía. El argumento utilizado en ese momento fue, primero, que la UE no podría hacer uso de las estructuras de la OTAN y, segundo, que Turquía no podía participar en el diseño de ninguna operación militar llevada a cabo por la Fuerza de Reacción Rápida de la UE mientras haya intereses geopolíticos nacionales vitales para Turquía.

¿Está la OTAN obligada a desaparecer?

A pesar de hablar de una “estrecha cooperación” y del delicado lenguaje diplomático existente entre la UE y la OTAN, los oficiales de ambas organizaciones son conscientes de que llegará el momento en que la UE tenga una potencia política y militar lo suficientemente fuerte como para tener la oportunidad histórica de sustituir la seguridad colectiva de la UE y la OTAN por una fuerza militar Europea independiente. Si esto sucede, la OTAN dejaría de ser necesaria y se disolvería. Debemos entonces plantearnos si es positivo el crear una nueva potencia de seguridad como la UE, y si una nueva rivalidad entre dos poderes imperialistas, los EE.UU. y los 25 países miembros de la UE, es deseable.

Puede que no esté tan lejano como pensamos el momento en que la UE se convierta en una potencia política y militar independiente de EE.UU. y la OTAN. La postura del presidente Chirac en la segunda resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el asunto del desarme de Irak podría ser el primer indicio de una postura de soberanía política de la UE en cuanto a las relaciones internacionales respecto de la seguridad. La nueva constitución de la Unión Europea mejorará el proceso de integración y la incorporación de diez nuevos miembros y posiblemente dos más en 2007, aumentarán también la seguridad de la unión por medio de un mayor control geopolítico del continente europeo. Estos dos factores aumentarán definitivamente el estatus de la UE y su libertad de acción como organización internacional. Lo que esto signifique para los estados miembros de la UE y para el resto del mundo lo veremos en el desarrollo que tenga lugar a corto y largo plazo en la esfera internacional.